Ariel Ruiz fue entrenador y asistente personal de Guillermo Vilas durante los últimos años de su carrera. En esta entrevista, relata cómo convivió con la disciplina, obsesión y pasión del mejor tenista argentino de la historia.
El mejor tenista del siglo XX argentino trascendió las canchas y llegó a la pantalla grande, a la TV y a las plataformas, donde participó de películas, documentales y publicidades.
Además de gran lector, Willy escribió, publicó, prologó y se pensó a sí mismo. A su manera, fue un filósofo con vincha.
El 5 de junio de 1989, mientras llegaba a un set de televisión, hubo un intento de secuestro sobre Guillermo Vilas. Gracias a una de las sutiles formas que toma el azar, logró zafar de la situación.
Después de Vilas, el paladar del hincha se fue sofisticando. Hoy tenemos buenos tenistas, pero difícilmente se repita la época de la Legión Argentina.
Con un relato que entrelaza memoria y análisis, la gran extenista Norma Baylon repasa la carrera de Vilas y el vínculo entrañable que los unió.
Mujeres empuñando raquetas hubo desde que comenzó este deporte, llegando a la gloria de la mano de Gabriela Sabatini. Pero con un presente auspicioso, también pareciera tener mucho futuro.
El deporte en nuestro país se popularizó de la mano de Vilas, pero a partir de allí fue capaz de consolidar a un grupo de jóvenes que terminaron conquistando la Copa Davis en 2016.
Guillermo Vilas tuvo dos grandes amores: una princesa monegasca y una jovencita de Tailandia con la que no compartían ni el idioma. El tenista siempre se distinguió por enfrentar todos los obstáculos que se le cruzaron.
Fue cuna, refugio y ámbito de formación del joven Guillermo. Allí pegó sus primeros reveses, se ilustró con la sabiduría de Felipe Locicero y dejó huellas que hoy forman parte del Espacio Vilas.










