Desde el comienzo de su carrera, Guillermo Vilas tuvo en claro que el tenis era apenas una faceta de su vida. Un medio, no un fin. No hay un solo Vilas. Por eso no sorprendía que alguien dedicado al movimiento constante eligiera múltiples caminos por fuera de a pelotita y la raqueta. De la actuación a la música, de la música a la escritura.
Cuando estaba por llegar a lo más alto del tenis mundial, con 23 años, publicó su primer libro de poesía, Ciento veinticinco, editado por J. R. Corvalán y asoc. Vendió aceptablemente, aunque la crítica lo ignoró. “125” era el número de su locker en el Club Náutico.
Seis años más tarde publicó su segundo libro de poemas, Cosecha de cuatro, dedicado a su pareja de entonces: Gabriela Blondeau. El arte de tapa fue de Pérez Celis y el prólogo, de Luis Alberto Spinetta. “Estas poesías tienen la enorme verdad de un guerrero de la derrota y del triunfo en serio”, escribió el Flaco, con quien Vilas había entablado una relación cercana, al punto de colaborar en el único disco en inglés de Spinetta, Only Love Can Sustain (1978). Willy fue además padrino de Dante y definió al líder de Almendra como uno de sus ídolos.
En Cosecha de cuatro, Vilas escribió: “Nací. Me dieron un cuerpo anclado a la tierra y un espíritu anclado a algo que ignoro. Yo nací con los dos y trato de ser el balance de esta puja”. Más adelante, agregaba: “El pasado debe ser una experiencia diferida y segura de su moraleja, ya que mi futuro depende de su consistencia”.
RIMBAUD Y BAUDELAIRE
Hugo Levin, entonces editor de Galerna, recordó: “Vilas venía a nuestras oficinas de la calle Charcas y luego de hablar sobre la edición del libro, pedía pasar al depósito. Subido a una escalera de madera, buscaba libros de poesía para comprar. Un día se llevó más de 30 y se tuvo que bañar en la editorial. Ese era Vilas: un lector voraz, que hablaba de Rimbaud y Baudelaire con fundamento y no dudaba en embarrarse por un texto”.
En 1976 –con 23 años y a meses de lograr su temporada consagratoria en 1977 con Roland Garros, el US Open, 130 triunfos, 16 títulos y el número uno virtual– publicó su autobiografía Quién soy y cómo juego, editada por El Gráfico con el apoyo del periodista Luis Hernández. A lo largo de 242 páginas y seis capítulos, Vilas habla de su infancia, sus golpes, rivales y reflexiones. “No me creo perfecto. Estoy lleno de defectos. Cometo errores. Muchas veces no soy yo el que actúa sino el producto de una educación, de un ambiente. Copio y no razono. Es un lastre del que hay que ir librándose. No juego al tenis por dinero. Aun si no lo hubiera seguiría jugando igual”, decía. El libro vendió 20 mil ejemplares el día del lanzamiento y superó los 400 mil. “No me impresionan países sino lugares, gente y costumbres. Por eso ganar en mi país fue una revancha que me tomé contra mucha gente. Cada día creo más en Dios y eso es muy importante para mí. Sin Él sería un individuo perdido en las tinieblas”, confesaba.
También opinaba sobre sus rivales. Así describe a Ilie Năstase: “Es un irresponsable que juega al tenis. Cuanto más irresponsable es, juega mejor. Pero cuando tiene la obligación de ganar, como en la final de Wimbledon, siente miedo”.
TÉCNICA
Además explica su técnica: “Tomé una gran decisión cuando cambié mis golpes semiplanos por otros con terribles efectos. No me importó que me criticaran. Le puse al tenis ortodoxo mi cuota informal, y por eso llegué a ser uno de los mejores del mundo”.
Otra incursión como escritor fue el prólogo de Tenis, el camino a la excelencia (2006), de Gerry Wortelboer, basado en el sistema piramidal de desarrollo para alcanzar el alto rendimiento. “El propósito es ayudar a que el jugador, profesor o entrenador obtenga más información y placer del juego”, escribía.
También fue protagonista de muchos libros que no escribió. Entre ellos, Historia del tenis argentino, de Roberto Andersen y Eduardo Puppo, y El Gran Willy, de Alfredo Di Salvo, entre otros.
