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Caras y Caretas

           

Amor sin barreras

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Guillermo Vilas tuvo dos grandes amores: una princesa monegasca y una jovencita de Tailandia con la que no compartían ni el idioma. El tenista siempre se distinguió por enfrentar todos los obstáculos que se le cruzaron.

Guillermo Vilas tuvo una vida amorosa con algunos romances conocidos, como el de Carolina de Mónaco, y otros que pasaron más desapercibidos, como las relaciones que mantuvo con Mirta Massa y Susana Romero. A sus 47 años conoció a Phiang, el amor de su vida, y con ella formó una familia.

EL TENISTA Y SU PRINCESA

Guillermo Vilas tenía 29 años y estaba disputando el torneo que hasta ese momento se conocía como el Abierto de Montecarlo, una prestigiosa competencia en un deporte en el que el joven argentino empezaba a dejar su marca.

Corría el año 1982 y Willy estaba en tierras monegascas –ese principado pequeño sobre la costa mediterránea de Francia– mientras nuestro país atravesaba la Guerra de Malvinas. Como se trataba de un evento deportivo de alto nivel, la familia real asistía a los partidos desde el palco especial del Montecarlo Country Club.

Vilas desplegó un rendimiento formidable, luchando cada partido y venciendo a rivales de peso, como en la semifinal frente a su compatriota José Luis Clerc. Al finalizar ese encuentro, dijo: “Este es un momento de unión de los argentinos y nosotros, más que ninguno ante el mundo, debíamos dar esa imagen. Todos esperaban el menor desliz para caernos encima, José Luis fue un caballero y no esperaba otra cosa de él”.

Finalmente, llegó el momento de la final y aquel 11 de abril Vilas venció al número 2 del mundo, el checoslovaco Ivan Lendl. Esa noche, naturalmente, hubo festejo. La celebración tuvo lugar en la discoteca Jimmy Z, un local que solía frecuentar la familia real. Allí, con la victoria consumada, comenzó una de las relaciones más comentadas del momento: la del tenista con la princesa Carolina de Mónaco, hija de Grace Kelly y Rainiero III.

La relación duró aproximadamente cinco meses. No contaba con la aprobación de la familia real y Carolina, de 25 años, venía de un escándalo mediático: su divorcio conflictivo con el empresario Philippe Junot.

Todo comenzó en Jimmy Z: Carolina estaba sentada en una mesa junto a su hermana, invitó a Vilas a sentarse y conversaron varias horas. A los pocos días se encontraron en París y fueron a cenar a un restaurante chino llamado Le Mois; cada paso que daba la incipiente pareja era carnada para los paparazzi. Al poquito tiempo, intentaron escapar de los medios y creyeron que en Hawai encontrarían aquella privacidad que anhelaban. Así fue que en junio de ese año se fueron poco más de una semana de vacaciones a la isla de Maui. Sin embargo, incluso en medio de una isla paradisíaca perdida en el Pacífico, no pudieron escapar del ojo público y se filtraron fotos de la pareja disfrutando de la playa.

Finalmente, la relación llegó a su fin en septiembre de ese año cuando un fatal accidente de auto se llevó la vida de Grace Kelly. La familia real, sumida en la tristeza, tenía tareas que atender y Carolina era una figura importante en la línea sucesoria, así que tuvo que hacerse cargo del nuevo rol que tenía en la nobleza. La pareja continuó por caminos separados.

EL QUE BUSCA ENCUENTRA

Guillermo Vilas caminaba por el Mahboonkrong Center, el shopping más importante de Bangkok, Tailandia. Corría el año 2000 y el tenista había viajado a ese paraíso asiático buscando un poco de paz. Y algo de eso encontró.

En ese centro comercial divisó a una jovencita en un vestido blanco. Se trataba de Phiangphathu Khumueang, que resaltaba entre una multitud que usaba pantalones de jean. Eventualmente, Vilas se acercó a charlar con la muchacha, que en ese momento tenía 17 años. Se enamoraron instantáneamente. Ella no sabía quién era Guillermo Vilas, y el tenista contaría la siguiente apreciación de su pareja: “Cuando nos conocimos, ella no sabía quién era. Creía que era leñador y que tenía muchas vacas. Hasta que me vio los zapatos y ahí se dio cuenta de que no era leñador”.

Los inicios de la relación fueron intensos y algo complicados. Entre ellos hablaban en inglés hasta que Phiang fue adquiriendo el español para comunicarse con su pareja. Otra de las dificultades tenía que ver con que Phiang vivía en Tailandia y Guillermo era un nómade a causa de su trabajo. Así lo contó el tenista: “Cuando la conocí justo estaba por viajar a otro país, pero ella no podía acompañarme. Tenía que sacar el pasaporte y allá el tema de los papeles es un lío. Al final logramos resolverlo, pero con una historia de película por un papel que le tenía que firmar la madre. Así es que pensé: hagámosla corta. Entonces le dije: ‘Quiero seguir viéndote. Tenés que venirte conmigo sí o sí. Vamos a Miami, de ahí a la Argentina. Vas a estar dos semanas, otras dos en Mónaco y después pasamos Año Nuevo con el presidente de Head –la marca de raquetas– en Phuket, Tailandia. La vas a pasar bien, de paso nos conocemos’. ¡Qué sé yo cuántas cosas le dije! Es que si no, yo sabía que la perdía. Al final lo hicimos: ella feliz, muy contenta; yo también, y acá estamos…”.

La pareja tuvo dos casamientos: el primero fue en un consulado de Tailandia, sin validez legal en nuestro país, y sin fiesta. El segundo casamiento tuvo ambas cosas: fue en una parroquia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en el barrio de Belgrano, en 2016, donde ya tenían a sus tres hijos: Andanin, Lalindao e Intila. Un año después de la ceremonia, en el 2017, nació el cuarto y último hijo de la pareja: Guillermo Jr. “Tuve muchísima suerte de conocerla”, dijo el tenista visiblemente emocionado en la ceremonia. Vilas contó en una entrevista que su idea era casarse en una ceremonia en Tailandia pero nunca lo lograron: primero porque el país asiático sufrió una pandemia y tuvieron que quedarse en Montecarlo, luego se mudaron a República Dominicana por un trabajo de él, luego ocurrió el tsunami y tampoco pudieron viajar. Sin embargo, su hermosa historia de amor necesitaba ser celebrada.

“La ceremonia fue hermosa; ya llevamos muchos años juntos. Ella quería casarse y yo también. Tuvimos un casamiento soñado. Estoy muy contento de poder vivirlo con nuestras hijas acompañándonos en un momento fundamental y con el que tanto amamos. Son cosas importantes para la historia de una persona. Desde el primer día que la vi supe que era el amor de mi vida”, contó Vilas sobre su casamiento.

Tristemente, en 2020 Vilas fue diagnosticado con Alzheimer. Su esposa, Phiang, lo acompaña y cuida desde entonces. Si bien el tenista se retiró de la vida pública hace unos años, cada tanto, su esposa sube alguna foto suya con una amorosa dedicatoria.

Escrito por
Marina Amabile
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