El propio Maradona reconocía que en los inicios de su carrera jugó sus mejores partidos. De Cebollita a campeón con Boca, ya había ganado un Mundial juvenil.
Víctor Hugo Morales acompañó e interpretó como nadie la esencia maradoniana. Con los años construyeron una amistad basada en el respeto y la admiración mutua.
Diego escribió sus páginas más gloriosas en el Estadio Azteca. Allí se consagró campeón del mundo y el mejor futbolista del planeta. Luego llegarían la inolvidable épica de Italia 90 y el sueño que terminó en el naufragio del “me cortaron las...
Campeón en el 86, compartió ese y dos mundiales más con Maradona. También jugó en Racing, River y Boca. Desde Saladillo, el Vasco Olarticoechea recuerda al Diez desde adentro, con cariño y con orgullo.
Diego fue mucho más que un gran jugador de fútbol. Aun en las mieles del éxito, representó los valores de los naides. Por eso su historia no termina con su muerte.
Una alarma en la ostentosa costa uruguaya finalizó en un profundo tratamiento en la isla de Fidel. Años difíciles en la salud del Diez, recordados por Alfredo Cahe.
Fernando Signorini fue preparador físico del Diez y también su amigo, en una relación que se extendió durante casi treinta años. Aquí lo recuerda como deportista y como la persona que trataba de robarle un espacio al astro atormentado por la fama.
Siempre rebelde, Maradona se enfrentó a los poderosos. Desde su visita a Cuba, y con el tatuaje del Che en su brazo, comenzó un apoyo activo hacia los partidos de izquierda.
En su brillante carrera, no podía no caberle el honor a Diego Maradona de ser DT de la Selección. Aquí, un repaso por esa etapa, que dio alegrías y sinsabores, pero dejó magia esparcida para el futuro.
A Diego lo llevo conmigo. Primero la gratitud, después lo que quieran. Nunca juzgué a Maradona en los medios de comunicación porque, como soy un hombre tan lleno de defectos y debilidades, me siento incapaz de juzgar a nadie. Soy un hombre que si...










