Lejos de ese concepto que nació en la Guerra Fría, hoy la energía nuclear es vista en el mundo como una fuente libre de emisiones. Y el país está en una posición expectante en la región en la lucha contra el cambio climático.
Ante realidad acuciante en materia de vivienda, el Gobierno construye a buen ritmo en todo el país, otorga créditos a tasa cero y avanza en la urbanización de lotes improductivos.
El crecimiento de muchos sectores industriales es señal de una economía que empieza a tomar ritmo pero que también necesita impulsar inversiones para consolidar el despegue.
Mientras Brasil y Uruguay impulsan una flexibilización para negociar sin ataduras con terceros países o bloques, la Argentina es partidaria de reforzar la integración. Una pulseada que impide consensuar una agenda común.
Para el Gobierno la inversión en obras públicas es vital para mover la economía. Con ese objetivo, este año duplicó el porcentaje del Presupuesto Nacional destinado al rubro.
El campo vive el mejor momento en los últimos ocho años por el salto de los precios de los granos. El país tiene la oportunidad y, a la vez, el desafío de aprovechar esta coyuntura para estabilizar la macroeconomía.
Tras un año entero de caída de exportaciones, la suba de precios internacionales y la recuperación del comercio mundial traccionan las ventas al exterior. Pero la clave hoy es entender el perfil de la nueva demanda.
Cada vez más sectores productivos crecen a altas tasas interanuales y se acercan a los niveles prepandemia. La clave es sostener la competitividad y generar empleo.
En medio de la pandemia se registró un freno en las exportaciones y caída del precio internacional de la carne. En el mercado interno, su precio subió 73 por ciento por el alza del maíz y menor oferta de hacienda.
El éxito económico de este año se juega en domar a la inflación y en una negociación beneficiosa de un nuevo programa con el FMI. Una clave es aumentar la oferta de dólares, el talón de Aquiles de la economía argentina.










