Con ingresos que corren por detrás a la inflación, la morosidad de las familias está en niveles récord, la recaudación cae por baja actividad económica y el consumo no levanta.
El modelo extractivista y antiindustrialista del Gobierno solo garantiza mayor desigualdad y destrucción de empleo. La pesada herencia que dejará Milei a la próxima administración.
Una investigación del economista Marco Kofman analiza los cambios en el sector energético y desentraña la exposición del país al endeudamiento externo.
El Gobierno pone todo el foco en bajar la inflación, pero la actividad económica no levanta, el salario real cae y solo crece el empleo en negro o vía monotributo.
Mientras al gobierno le cierran los números macro, millones de argentinos hacen malabares para llegar a fin de mes, en un país donde tres de cada cuatro jubilados son pobres.
Con el atraso cambiario el Gobierno busca que los salarios suban medidos en dólares, pero la política económica va en desmedro de la industria, que es la que paga mejores salarios, registrados y de calidad.
Los planes económicos de Martínez de Hoz, el menemismo y el tándem Milei-Caputo tienen un hilo conductor en la apertura comercial y la liberalización financiera, al tiempo que desatienden sus efectos sobre la producción y el empleo.
Con la economía “planchada” y sin demanda consistente, no hay reforma laboral que valga. Más bien se trata de pérdida de derechos conquistados históricamente y desprotección del trabajo frente al capital.
Tras dos años de encorsetar las cuentas públicas con motosierra, el Gobierno necesita plata para atender los servicios de la deuda. Para eso, avanzará con un programa de privatizaciones que recuerda a los 90.
Con el dólar y el riesgo país en la montaña rusa, la incertidumbre no mermó. Fue necesario pedir nueva asistencia financiera al FMI y un swap de monedas a EE.UU. Y hay dudas sobre cómo sigue la película.










