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La hora de los fierros

El crecimiento de muchos sectores industriales es señal de una economía que empieza a tomar ritmo pero que también necesita impulsar inversiones para consolidar el despegue.

Según datos oficiales, la industria manufacturera acumulaba, en junio, ocho meses consecutivos de crecimiento en la comparación con el mismo mes del año anterior y los primeros datos provisorios de julio confirman la tendencia.

Es un raid que comenzó en noviembre de 2020 y que llevó a expansiones de dos dígitos en los últimos cuatro meses relevados, de marzo a junio de este año, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), con incrementos que oscilan entre 55,9 por ciento en abril y 19,1 en junio.

Para ser justos, hay que aclarar que gran parte de ese crecimiento es más bien estadístico, por la comparación con meses de muy baja actividad al comienzo de la pandemia, en momentos en que regía una cuarentena estricta.

Sin embargo, observando la película se advierte una clara mejora en la producción industrial desde mediados de 2020, que empezó a tomar velocidad crucero en algunos sectores clave en lo que va de este año.

El correlato de esta mejora en los indicadores de la producción fabril es la necesidad de activar proyectos de inversión, movilizar la compra de equipamiento y maquinaria, e incorporar innovación y tecnología, para poder sostener el nivel de actividad de acuerdo con la demanda e incluso para ampliar horizontes y poder exportar.

En una encuesta reciente realizada por la Cámara Argentina de la Máquina Herramienta y Tecnologías de la Producción (Carmahe) entre sus socios, el 45,8 por ciento de los consultados declaró que su actividad aumentó en comparación con marzo de 2020 en más de 20 por ciento; mientras que el 32,2 por ciento dijo que se mantuvo, y para el 22 restante, disminuyó.

No es un dato menor teniendo en cuenta que el sector metalmecánica y bienes de capital es determinante en la inversión en equipamiento y tecnología de punta.

Sólo para poner algunos datos, desde Adimra, la cámara que reúne a los industriales metalúrgicos, señalan que en los primeros seis meses del año la producción de maquinaria agrícola se incrementó 33 por ciento en relación con 2020, mientras que en carrocerías y remolques el crecimiento llegó al 32,4 por ciento, en autopartes al 31,7, equipos eléctricos el 20, bienes de capital 19,5 y equipamiento médico 6,2 por ciento.

Y no se trata sólo de “fierros”, según la concepción clásica del siglo XX. Hoy, para producir con calidad y competir en igualdad de condiciones, los fierros necesitan además innovación, tecnología, informática, robótica y una cantidad y variedad de conocimientos puestos al servicio de la producción. Eso es hoy la industria, ni más ni menos.

En ese contexto, el 55,9 por ciento de los consultados en la encuesta de Carmahe afirmó que el volumen de facturación aumentó hasta 20 por ciento durante la pandemia, aunque también se observa, de acuerdo con sus declaraciones, que la rentabilidad cayó entre 5 y 10 por ciento en ese período.

Es un dato que inquieta al sector, aunque no el único. En la agenda de preocupaciones de las empresas, fuentes de Carmahe destacan que “la más importante está referida a las trabas de comercio exterior (SIMI y Licencias No Automáticas), que complica al 26 por ciento de los consultados; mientras que un 24 por ciento hace referencia a los altos impuestos y un 15 a la inflación”.

CUIDANDO LOS DÓLARES

“Las importaciones de nuestro sector son mayormente bienes de capital para la fabricación de productos nacionales e insumos para los mismos y la producción de más productos nacionales”, sostiene Florencia Vitale, vicepresidenta de Carmahe y una de las escasas mujeres “fierreras”, en un ámbito históricamente dominado por varones.

Vitale aclara que debido a ello “es importante poder discernir los productos que se requieren a tal fin y no impedir su ingreso, permitiendo robustecer las cadenas de producción local”.

En la misma línea, Sergio Echebarrena, proveedor pyme nacional para la industria petro-energética, destaca que tanto la actividad en Vaca Muerta como en petróleo y gas convencional se está recuperando pero “se requiere que el derrame a los proveedores nacionales sea con compre local y sustitución de importaciones”.

En julio, en Vaca Muerta se realizaron 943 etapas de fractura, según los datos recabados mensualmente por Luciano Fucello, country manager de NCS Multistage, logrando de esa manera la tercera mejor marca en los once años de actividad en la formación estrella de shale gas y petróleo.

Para Echebarrena, también coordinador de la Secretaría de Transición Energética y Tecnológica de la Confederación General Económica de la República Argentina (CGERA), “falta todavía un plan industrial” para que las empresas locales puedan aprovechar el potencial que ofrece el sector energético.

Para ello, desde el Observatorio de Gas y Petróleo han propuesto conformar una Mesa de Vaca Muerta, en la que estén representados el Gobierno, las empresas productoras y también los proveedores pyme locales.

El abanico de proveedores del sector energético está conformado por empresas pequeñas y medianas que hoy exportan por algo más de 500 millones de dólares anuales pero que podrían multiplicar sus negocios. “La transición energética (hacia energías renovables y tecnologías limpias) se va a dar sí o sí, pero necesita fierros y apoyo a empresas locales que generen trabajo local”, enfatizó el empresario.

OBSTÁCULOS E INCENTIVOS

Consultado sobre el impacto de la carga tributaria y los costos laborales en la actividad, un clásico del empresariado vernáculo, Echebarrena afirmó que “es un tema para discutir pero no es algo insalvable para producir”, dado que “con estos mismos impuestos en otros momentos estábamos mejor”.

Para Vitale, en cambio, la clave pasa por apoyar al entramado pyme, especialmente reduciendo la carga impositiva y ofreciendo créditos más accesibles, para que las pequeñas y medianas empresas industriales puedan destinar fondos a tecnificarse.

“Hay interés de las pymes en compra de maquinaria tecnológica, software, insumos para montar líneas de producción confiables y poder fabricar y exportar productos de calidad, con costos que sean competitivos, pero la inversión requiere de escenarios que la promuevan”, remarcó Florencia Vitale.

Los últimos datos sobre el desempeño de la industria en julio denotan una tendencia positiva. Según el informe de Panorama Productivo, elaborado por el Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI) del Ministerio de Desarrollo Productivo, el mes pasado la actividad industrial volvió a crecer, esta vez en torno a 5,2 por ciento más que el promedio de 2020, y 4 por ciento más que en 2019, el año previo a la pandemia.

“Sectores como químicos, maquinarias y equipos y automotriz lideraron el crecimiento de la industria”, apunta el informe. Por caso, el sector automotriz produjo en julio 31.935 unidades, un incremento de 47,5 por ciento más que hace dos años.

Además, mientras las fábricas de cemento tuvieron el mejor julio desde 2015, y los insumos para la construcción virtualmente “vuelan”, presionando sobre los precios, la producción de acero se mantiene sólida.

Según estadísticas de la Cámara Argentina del Acero, la fabricación de acero crudo trepó a 430.100 toneladas en julio, un 7,4 por ciento más que el mes anterior y 32,2 más que en julio de 2020. Y en todas las categorías siderúrgicas (hierro primario, laminados terminados en caliente y aceros planos laminados en frío), el crecimiento es notorio, un dato clave para este momento en que hay que volver a los “fierros”.

Escrito por
Carlos Boyadjian
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