• Buscar
           

En defensa del “ismo” peronista

Foto: NA

El autor sostiene que el kirchnerismo es el peronismo del siglo XXI y que las expresiones que cristalizaron en la historia reciente como “de derecha” no fueron más que intentos de “arribistas, entristas y ventajeros”.

“Cuando nos dicen kirchneristas es porque nos quieren bajar el precio, porque nosotros somos peronistas”, solía decir Néstor Kirchner con absolutos y genuinos motivos. Y con un olfato político extraordinario, claro. Uno se puede “cagar en todos los ismos”, como cantaba Miguel Cantilo en la versión en vivo de una vieja canción antibélica llamada “En este mismo instante”. Pero también hacerse cargo de ellos, con toda la carga simbólica que tales implican. Vienen al caso, ambas introducciones, porque son días –otra vez– en los que la conspiración político-mediática hegemónica ha vuelto a picar cabezas en busca de inocular una antinomia tan ilusoria como malintencionada: peronismo versus kirchnerismo.

¿Lo qué?

Juan Domingo Perón. Foto: NA

El peronismo del siglo XXI

Nada. Falsísimo de toda falsedad, por supuesto. Ni un gramo de duda cabe de que el kirchnerismo “es” el peronismo del siglo XXI. Ninguno, y desde donde se lo analice. En perspectiva histórica, la gran gesta de recuperación nacional y popular iniciada por Néstor en 2003, y continuada por Cristina en los gobiernos posteriores resultan la continuidad histórica de los tres gobiernos de Juan Domingo Perón, interrumpida en mayor o menor medida –como mucho neutra en algunos pocos casos– por todos los gobiernos que hubo entre medio, fueran militares o civiles.

Irrebatible resulta la analogía, si se empieza por un raíd fáctico sobre lo hecho para el pueblo y la patria, por los seis gobiernos auténticamente peronistas que hubo entre 1946 y la fecha. ¿Acaso la cancelación de la deuda con el FMI encarada por Néstor en 2005 en busca de la independencia económica no es análoga a la negación sistemática –bajo el mismo fin– de Juan Perón a tomar empréstitos de ese organismo durante sus dos primeros gobiernos? ¿Acaso la vuelta de Néstor sobre Atucha no fue volver al Perón de la reactivación nuclear, que había inaugurado el complejo en 1974, tras haber comenzado su construcción en 1948? ¿Acaso la recuperación y defensa del Complejo Industrial Naval Argentino (Cinar) o de Astillero Río Santiago no huele a la flota mercante fogoneada por Juan Domingo? ¿No provocaron los festejos por el Bicentenario lo que el centenario de la muerte de San Martín en 1950, en términos de identificación y pertenencia popular a un techo común llamado Argentina?

Un libro –mejor dicho, una enciclopedia sin fin– podría escribirse sobre las enormes e indiscutibles similitudes entre los gobiernos de Néstor y Cristina, y los tres de Juan Perón. Se propone como ejercicio adivinar a qué época pertenecen la creación del Instituto Balseiro, el dúo de Arsat, Enarsa, Somisa; la Universidad Obrera Nacional –hoy UTN–, las universidades nacionales, públicas y gratuitas –Cristina creó 18–; el Pulqui, la nacionalización de YPF, su reestatización; la SIAM, los electrodomésticos hechos en la Argentina; los autos y la lancha peronista, la defensa de la aerolínea de bandera, el crecimiento sostenido del PBI, y de la industria; los bajísimos niveles de desempleo, casi al borde del pleno empleo; las mejoras notorias en el nivel de ingresos de la población; las políticas previsionales virtuosas; los planes de vivienda; la construcción de escuelas –ocho mil, Perón; más de dos mil, Cristina– y de hospitales públicos. Respuesta fácil: nada de lo antedicho fue hecho por gobiernos liberales o neoliberales. Más bien, fue destruido por tales.

Cristina Fernández de Kirchner. Foto: NA

Persecuciones y sesgos

Y las mentiras justificadoras, claro. Primero, el sistema de educación oficial, más acá en el tiempo los medios tradicionales de comunicación, y por último las redes sociales contemporáneas han intentado demonizar con crudeza –como antaño a Juan Manuel de Rosas o Hipólito Yrigoyen– a Juan y Eva, a Cristina y Néstor, motores humanamente posibles de un país normal, respirable, vivible e incluso disfrutable.

Agréguense las acusaciones de “traición a la patria” a Perón y a Cristina. Las ocho veces en un día que ella tuvo declarar ante el inefable Bonadio; las causas insólitas que se le abrieron, acordes a las que ligó Perón, ya en el exilio.

La sinonimia es indiscutible, también, si se la aborda desde el plano ideológico. La insistente entelequia de hablar de un peronismo de derecha, o de izquierda, o de centro está bastante floja de papeles. No son categorías que le quepan a un movimiento nacional de liberación, que busca la soberanía política, la independencia económica y la justicia social, dentro del marco de un sistema universal dado e inevitable, como es el maldito capitalismo. No lo constituyen. Y no solo… incluso lo desnaturalizan. El ismo peronista no se reconoce en esas categorías de análisis.

Tal como lo planteó Juan Perón en el Congreso de Filosofía realizado en Mendoza en 1949, el movimiento está tan lejos de ese liberalismo voraz, individualista, que arroja a los individuos a las fauces devoradoras del mercado libre; como del Estado monstruoso y totalitario que lo convierte en un “insecto” (Pocho dixit). El peronismo es tercera posición, y nada hay que lo contradiga en la política exterior que han llevado adelante Néstor y Cristina durante sus tres gobiernos. La idea de neutralidad ante conflictos que no competen a la Nación, tanto como la de la multipolaridad, que acerca relaciones –jamás carnales– tanto con Rusia, Cuba y China, como con Estados Unidos o la Unión Europea, es prueba de ello. Está clarísimo eso.

Los bemoles antinómicos surgen de otro costal. Ni del ámbito ideológico, ni de la praxis política, la de los hechos políticos, económicos y culturales concretos. Emergen, por contrario, de las posibilidades “de trabajo” que generó semejante partido entre arribistas, entristas y ventajeros –ya denunciados antaño y muy temprano por Eva– que tuvo mil expresiones con nombre y apellido a lo largo de la historia. Sin indagar tanto, en el peronismo sin Perón proclamado y propalado por Vandor en los 60; en las expresiones “por derecha y por izquierda”, que lo desnaturalizaron mediando la del 70; o en el menemismo, el peronismo sin Perón mejor logrado de la historia, durante la del 90. Allí, en las tres coyunturas, anida lo que picasesos de adentro y de afuera intentan imponer como antinomia peronismo-kirchnerismo.

No. No la hay en absoluto. El kirchnerismo no existe porque contundente, palmaria y naturalmente –como aclaró Néstor de entrada– “es” el peronismo, el más benefactor de los ismos.

Escrito por
Cristian Vitale
Ver todos los artículos
Escrito por Cristian Vitale
A %d blogueros les gusta esto: