“Estoy acá y estoy viva. Respiro por vos, mi amor”, le dice Mariana, una exoficial montonera, a su hijo Francisco, en la obra teatral Mi vida anterior, que se presenta los sábados en Dumont 4040 (barrio porteño de Chacarita). ¿Qué luchas atravesó ella para sobrevivir? ¿Qué culpas debió afrontar? La obra se inspira en Desaparecida dos veces, la celebrada novela de no ficción de Teresa Donato que Seix Barral publicó a fines de 2025. Y la protagoniza el actor, cantante, director y dramaturgo Dennis Smith, coautor de la obra junto con Donato: él está solo en escena y su personaje escucha, por fin, la historia que su madre calló por décadas.
Y relata: “1975. Mi mamá de 24 años y oficial montonera pasa a la clandestinidad conmigo, que soy un bebé, cuando mi papá muere en un enfrentamiento. Escapa hasta que es secuestrada, es torturada y se salva porque un militar la elige como su amante. Por sobrevivir, para sus excompañeros es una traidora. Para mí es una incógnita. Hoy, a cincuenta años y miles de kilómetros me cuenta su vida”. Y la memoria sirve para sanar.
Mi vida anterior se dispara con la muerte de Gal Costa, una figura central en el exilio de Mariana: Beto, el militar que la eligió como amante, y el que con los años ella asumirá que la violó, la llevó a San Pablo, Brasil. La salvó pero también la sometió: fue una relación perversa y desigual. Avanza la obra y desde una silla a espaldas del público, y frente a una cámara, Francisco proyecta su imagen. Hay cambios de gestos y vestuarios y la voz cambia a la de Mariana mientras la iluminación va marcando los saltos temporales.
Dennis Smith interpreta canciones como “Fuerza extraña”, de Caetano Veloso; “Pajarito colibrí”, de Natalia Lafourcade, y “Balada para mi muerte” y “Preludio para el año 3001”, ambas de Astor Piazzolla. Hay una mesa, un par de sillas, un muñequito de Playmobil con barba y gorra verde militar –como el Che Guevara–, la cámara y la pantalla. Y Smith pone el cuerpo para encarnar las voces del hijo y la de su madre, desde que ella era joven hasta que él se hizo adulto. Narra cómo entró a Montoneros y cómo conoció al padre de Francisco: un desaparecido. Y cómo, tras la clandestinidad, la capturaron y la torturaron.

El hijo habla de su madre sin juzgarla: ella tuvo esa relación con su secuestrador y en la obra se plasma su dolor y la marginación que sufrió, luego, por parte de sus compañeros de militancia. Aunque fue una víctima y no una cómplice de los delitos de lesa humanidad. “Me cago a trompadas con la memoria”, dice Francisco. La iluminación varía entre el azul, el rojo, el blanco y el verde, y Dennis Smith crea diversos efectos con una linterna. La ternura de esas voces convive con la crueldad de los hechos; lo íntimo se torna un hecho colectivo.
Reactuar el pasado
Este jueves 23 de abril, Dennis Smith y Teresa Donato, que es periodista, dramaturga y guionista de radio y televisión, brindaron una performance-presentación de la obra Mi vida anterior, que agota funciones, y del libro Desaparecida dos veces, en el Teatro Picadero (Pasaje Santos Discépolo 1857). La repetirán el viernes 24 a las 16 en la Sala Rodolfo Walsh de la Feria Internacional del Libro y el domingo 26 a las 17 en Naesqui (Charlone 1400). Ambos se sientan delante de dos mesas con sus micrófonos: Smith relata pasajes de la obra y Donato lee escenas del libro para reconstruir la historia de Mariana, que en realidad se llama Ana María Massochi.
Ella pudo rehacer su vida en Brasil –es empresaria gastronómica– tras sobrevivir al dolor. Al principio temió que figuraran en la obra su nombre verdadero y el de su hijo –Carlos–, pero luego lo concedió para el libro. Su testimonio en primera persona narra su calvario. No esconde el desprecio que le tuvieron sus excamaradas montoneros por creer que debido a su relación con el militar había marcado a compañeros; muestra sus recurrentes miedos y Teresa Donato opera como su confidente: el libro se armó sobre la base de entrevistas en profundidad que lograron que la protagonista, Ana (Mariana en la obra), pudiera recuperar su voz. Y el libro Desaparecida dos veces no la juzga con liviandad.
Donato conoció a Ana a fines de 2018 en Brasil y tuvieron una honda conexión. Hasta que en 2022 ella le pidió que escribiera su historia porque ese era el deseo de su hijo: él quería saber quiénes habían sido su madre y su padre. “Ana aceptó que pusiera su nombre –cuenta Donato–, el de sus familiares y el de sus compañeros. Solo no aceptó que pusiera el nombre de su secuestrador y el lugar donde estuvo secuestrada, porque lleva directo a él, y el nombre de sus compañeros de clandestinidad y de secuestro, porque muchos están muertos y no quería faltarles a sus memorias.”


En la performance, Dennis Smith y Teresa Donato se intercalan en sus relatos y es ella la que lee sobre aquel militar que hizo a Mariana (Ana María) su amante: “Me llevó a un departamento que tenía el Ejército. Hay un trauma en esto porque yo no me acuerdo cómo fue. Es más, no me había dado cuenta de que eso que viví fue una violación. Después de dos años de hablar con Teresa, ella me hizo dar cuenta. Allá adentro yo no podía decir ni que sí ni que no. Era una prisionera sin poder de decisión. No sé si sentía asco y quería vomitar”.
Y continúa Donato trayendo la voz de Ana: “Yo no sé si sentía afecto, o solo una estrategia para seguir viviendo o para retrasar la sentencia. Nunca pensé que el sexo significara salvar la vida. Todo lo contrario. Pero tenía la esperanza de que no le harían nada a Carlitos, que estaba con su abuela. Aunque yo muriera, Carlitos iba a sobrevivir porque me había portado bien según los patrones de mis secuestradores”. Y entonces dice su hijo: “Yo no sé si mi mamá se enamoró de Beto. Lo que sí sé es que es un tema que le duele. A mí la verdad es que me importó un comino. Beto nos dice que tenemos que irnos de la Argentina porque a mi mamá la están buscando. No solo el Ejército: también sus compañeros de Montoneros”.
Entonces se decide que madre e hijo se vayan a San Pablo: “Tampoco sé cómo nos sacan porque nosotros no tenemos documentos hasta el año 1984”, dice su hijo. E intenta captar el sinsentido que vivió su madre: “Si a mí me preguntan, yo lo que puedo decir es que es incomprensible el camino que nos lleva a tomar las decisiones que tomamos. Salvarse no es una decisión: es lo que te sale. Hay que estar en esos zapatos, ¿no? Ella estaba convertida en una especie de animal: no era un ser humano completo. Era un cuerpo y una mente totalmente disociados”.
Y es Ana María Massochi la que continúa en el libro: “Las víctimas hablamos cuando podemos. Para mis excompañeros fui una traidora por haberme salvado y una puta por haber cogido por un militar. Ellos creen que yo hice cosas para salvarme, no que me hicieron cosas. No son capaces de pensar que me salvé por quién sabe qué fuerza extraña”. También piensa: “Sé que soy un gris difícil de clasificar. Una contradicción”. Y le habla a su hijo: “Mi amor, detrás de toda esta mierda soy nada más que una mujer que hizo lo que pudo. Y no declaré en ningún juicio por una cuestión de lealtad, pero también por miedo”.
Mientras su relato conmociona en el libro, la obra Mi vida anterior sigue a sala llena en cada función. ¿A qué lo adjudica Teresa Donato? “Lo que más nos emociona es que haya tanta gente que quiera escuchar estas historias, y sobre todo hoy, que no es el mejor momento político para hacerla. Y tal vez eso mismo hace que la obra sea un lugar en donde sentirte menos solo: algunos temas todavía es necesario hablarlos más allá de lo adverso que tenemos alrededor. Eso, para nosotros, es muy esperanzador.”
Y aclara: “Hay que entender lo que sucede en una persona que pasa por esas situaciones. Nos interesa hablar de los sobrevivientes, porque es gente que ha sido muy despreciada por sus compañeros, y cincuenta años después es interesante que esta gente reciba el reconocimiento que se merece. Es como que solamente sos un héroe si te moriste, no si lograste sobrevivir. Pero si no hubiese sobrevivido nadie no habría habido juicios”.
¿Qué les pasó cuando finalizaron la dramaturgia de la obra? “Lo que hizo Dennis Smith fue maravilloso –recuerda Donato–. Cuando terminamos de leer la última versión nos emocionamos. Y yo lloré durante varias funciones. Lo más emocionante es que haya tanta gente que salga del teatro conmovida: nos agradecen, y alguien nos dijo ‘mi mamá se murió de cáncer por culpa de haber sido considerada una traidora’. Entonces, lo que yo aprendí es a entender la dureza de lo que todos ellos habían pasado”.
