En sus sueños más vívidos el presidente Javier Milei imagina una economía argentina en la que la industria manufacturera tenga una menor participación en el reparto de la torta (el PIB) y que ganen mayor espacio los servicios y la producción de materias primas o lo que algunos denominan exageradamente economía extractiva, con foco en petróleo y gas, minería y productos agroindustriales.
En sus recurrentes diatribas contra los industriales, el Presidente cada vez más va subiendo el tono, al punto de que recientemente no tuvo empacho en bautizar como “Don Chatarrín de la Caños Caros” a Paolo Rocca, presidente de la Organización Techint, el grupo industrial más grande de la Argentina y una de las muy pocas multinacionales de origen argentino.
En la misma bolsa metió a Javier Madanes Quintanilla, propietario de Aluar, líder en la fabricación de aluminio, y de Fate, la única fabricante de neumáticos de capital nacional, que tras ochenta años de vida ya anunció su cierre definitivo. Para Milei, Madanes es “Don Gomita Alumínica”.
A ellos dos y a muchos otros los calificó de “empresarios prebendarios”, los tildó de “empresaurios” y hasta de corruptos, sin que ninguna prueba haya sido presentada en la Justicia, tal como está obligado a hacer el primer mandatario en su calidad de funcionario público.
Textiles, fabricantes de calzado, metalúrgicos, autopartistas y muchos otros sectores, por no decir todos los industriales, están llamados a competir sin red ni tiempo de preparación con bienes importados, o de lo contrario, bajar las cortinas para siempre. Ni siquiera la importante industria argentina de alimentos está a salvo, golpeada por el derrumbe del poder adquisitivo y por ende, del consumo masivo.
La ilusión de la reconversión
Lo mejor que podría pasarles a los industriales argentinos, según la miope lógica libertaria, es adaptarse, achicarse o reconvertirse. Pero hacerlo no es tan sencillo como decirlo. Solo alguien que en su vida levantó la persiana de una fábrica, ni sabe lo que es pagar una quincena o tener que cubrir el banco cuando caen las ventas, puede creer que la reconversión es un camino sencillo para los industriales.
Hábiles en el arte de la supervivencia, en un país acostumbrado a elevados niveles de inflación, fuerte presión impositiva e incertidumbre cambiaria, los empresarios deben lidiar a diario con una fuerte competencia importada que, en muchos casos, llega a precios subsidiados al país.
Desde hace meses piden a gritos que el Gobierno “nivele la cancha”, que no es otra cosa que competir, pero en igualdad de condiciones, con presión impositiva similar, acceso a crédito, tecnología y eliminación o simplificación de trabas para producir e incluso exportar.
La gran contradicción del gobierno del presidente Javier Milei es que mientras declama que pretende transitar hacia una Argentina pujante, competitiva y abierta a los mercados globales, su política económica tiene como principal perjudicada la industria manufacturera, casualmente la que suele pagar salarios más altos, registrados y con aportes a la seguridad social. Además, impulsa la inversión y la incorporación de tecnología, y es la que mayor empleo genera, junto con el comercio y la actividad de la construcción.

Dura realidad
Un reciente informe del Grupo Atenas, que reúne a economistas y profesionales de distintas áreas con pasado en el sector público, como Martín Pollera y Mariano Macchioli, destaca que en lo que va de la gestión Milei ya se han perdido 73 mil empleos directos en la industria manufacturera, que sumando otros 31 mil en diferentes encadenamientos productivos relacionados, llevan la pérdida de empleo total en el sector industrial a 104 mil puestos de trabajo. En el mismo período en la construcción se perdieron 78.730 empleos totales y 112.569 en otros servicios, que incluyen básicamente comercio.
Por su parte, y contradiciendo la lógica del Gobierno de que los empleos que se pierden en un sector terminan compensados en otras actividades luego de la reconversión productiva, la agricultura, una de las vedettes económicas del país, generó apenas 10.200 empleos entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025 y el sector Oil & Gas y la minería juntos se mantuvieron más o menos neutros, con baja de 322 empleos.
Esta caída del empleo industrial, en gran medida, es reflejo del cierre de numerosas empresas durante la gestión del gobierno libertario. Las estimaciones más conservadoras hablan de unas 16 mil empresas menos en dos años, mientras que otras fuentes hablan del cierre de hasta 20 mil empresas.
Un aspecto a destacar es que dado el efecto multiplicador que tiene la industria, observar solo lo que ocurre con la caída del empleo en el sector manufacturero termina siendo una mirada parcial.
“El empleo industrial funciona como un nodo central dentro de la estructura productiva, generando efectos de derrame sobre múltiples sectores. Solo mirar la pérdida de empleo directo se queda corto”, dicen los analistas del Grupo Atenas. Y explican que cuando se genera un nuevo empleo industrial se pone en marcha una cadena aguas arriba y abajo, que incluye insumos agrícolas y energéticos, logística y comercio, servicios profesionales, así como construcción y mantenimiento.
IA e industria
Ante los reiterados reclamos de inversión que se les pide a los industriales, sin duda un paso clave para poder competir con bienes importados, la realidad demuestra que en muchos campos la industria nacional está en la frontera tecnológica.
Desde hace ya varios años la Unión Industrial Argentina (UIA) viene promoviendo la llamada Industria 4.0, con cada vez más procesos automatizados, innovación e incorporación de tecnología. A esta ola se suma ahora también la irrupción de la inteligencia artificial.
El pasado martes 17 de marzo, la UIA junto con Accenture relanzaron el Centro de Industria X (CIX) en la sede de la entidad fabril en Avenida de Mayo y presentaron además el primer diagnóstico nacional de IA. El CIX es un espacio diseñado para que las empresas experimenten tecnologías aplicadas al proceso productivo en casos reales.
Durante la presentación, Sofía Vago, CEO de Accenture, señaló que el mayor desafío hoy es acompañar a las empresas del ecosistema productivo en la incorporación de nuevas tecnologías, con impacto real en sus operaciones. “La inteligencia artificial y otras herramientas digitales pueden convertirse en aliados para mejorar procesos, fortalecer la competitividad y abrir nuevas oportunidades de innovación.”
El presidente de la UIA, Martín Rappallini, destacó por su parte que en la Argentina “tenemos futuro porque tenemos industria y somos parte de la solución”, tras lo cual resaltó que la industria es el lugar donde la innovación se materializa y la economía se transforma, una respuesta tácita a las críticas que a los industriales les llueven desde los despachos oficiales, especialmente desde la Casa Rosada.
La UIA y Accenture presentaron los resultados de la primera encuesta sobre cómo la industria argentina está incorporando la inteligencia artificial. Según el estudio la IA podría elevar la productividad laboral argentina en 1,2 puntos porcentuales por año.
Además, indica que solo una de cada tres empresas industriales en el país invierte en IA, pero tres de cada cuatro consultadas muestran buena predisposición de sus equipos a incorporarla, dejando en claro el gran potencial de implementación y la creciente tendencia a tener más perfiles especializados, indicaron en la presentación.
