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Caras y Caretas

           

La IA “es la mano vigilante del capitalismo moderno”

Cecilia Rikap.

En su libro Teoría de la dependencia digital, la economista Cecilia Rikap analiza cómo las corporaciones tecnológicas moldean la realidad y la IA profundiza la dependencia.

“Gracias por haber escrito este libro. Ahora lo puedo poner en la bibliografía de mi curso. Te venimos leyendo hace mucho tiempo”, le dijeron varias profesoras a Cecilia Rikap a propósito de Teoría de la dependencia digital. Soberanía y desarrollo en el capitalismo del siglo XXI (Caja Negra Editora), donde la economista e investigadora argentina nacida en 1984, especializada en innovación, poder corporativo y capitalismo digital y radicada hace años en Inglaterra, analiza el poder de las grandes empresas tecnológicas y las nuevas formas de apropiación del conocimiento a nivel global. ¿Cómo funciona hoy el extractivismo digital?

En Teoría de la dependencia digital, Rikap explica cómo los monopolios intelectuales concentran conocimiento y modifican la relación entre Estados y grandes tecnológicas. Además, alerta sobre el “totalitarismo epistémico”: el rol de las plataformas en moldear la realidad a través de la inteligencia artificial. Cecilia Rikap es profesora asociada de Economía y jefa de Investigación del Instituto de Innovación y Propósito Público del University College London, investigadora del Conicet e investigadora asociada del laboratorio Costech de la Université de Technologie de Compiègne en Francia. ¿Qué la obsesiona hoy?

Se abre la pantalla de Zoom y Cecilia Rikap –de flequillo castaño, anteojos y dúctil sonrisa– se conecta desde Madrid, donde presentará su libro. Antes pasó por Barcelona para ser parte de la Global Progressive Mobilisation, “un espacio de discusión política con fuerte peso de gobiernos progresistas de América latina y Europa, y con parlamentarios de ambas regiones”. Allí participó de una mesa redonda con Camila Vallejo, exministra de gobierno de Gabriel Boric, y con otras personalidades, “para hablar sobre democracia digital, inteligencia artificial y soberanía digital”. Y detalló los postulados de Teoría de la dependencia digital.

“Hay mucho impacto e interés directo sobre lo que investigo”, dice Rikap. Pero pone en perspectiva: “Son tan grandes los grados de dependencia digital de los países del mundo, incluso de Estados Unidos y China, en relación a las gigantes digitales, que no porque salga un libro que expone al detalle esas relaciones y que hace propuestas de políticas más osadas automáticamente va a estar la voluntad para generar un cambio. Entonces hay que seguir dialogando”. Pero Rikap no se desalienta: sigue diciendo que la IA acentúa las formas de dependencia.

Rikap examina los procedimientos jurídicos, políticos y económicos por los cuales gigantes como Microsoft, Amazon, Google y Palantir convierten a empresas y start-ups, organismos públicos y universidades, en apéndices de sus propios laboratorios. “Yo muestro –dice– cómo la agenda de investigación global de inteligencia artificial termina siendo la de Microsoft y Google, porque son las empresas que tienen, en IA, la mayor cantidad de vínculos con otras instituciones. Así que el extractivismo del conocimiento le pega de una manera mucho más profunda a Europa que a América latina, lo que no significa que los países más ricos de nuestro continente no contribuyan de la misma manera.”

Basta pensar en esto: abrirles las puertas a los gigantes de tecnología de Estados Unidos profundiza el subdesarrollo y acelera la crisis tecnológica. “Cuando consumimos sus plataformas –sigue Rikap– estamos creando datos para esas empresas, que son indispensables para entrenar los modelos de IA y para generar valor en las distintas formas en que los moneticen: desde recomendándonos qué comprar en una plataforma de comercio electrónico a publicidad targeteada en las redes sociales y en Google.” Pero además “hay un proceso cada vez mayor de instalación de centros de datos, de gigantes digitales de Estados Unidos, pero también de China, en nuestros territorios”.

Un centro de datos “solamente crea empleo para su construcción, y cuando ya está instalado lo que queda son una decena de puestos técnicos y de mantenimiento. Básicamente funciona como un edificio abroquelado: como una base militar de Estados Unidos en territorio extranjero –dice Rikap–. Entonces, cuando las empresas anuncian miles de millones para un centro de datos están engañando a los gobiernos”. Además, los centros de datos “generan extractivismo de la naturaleza, porque consumen en cantidades masivas agua potable y energía eléctrica, indispensable para la producción de inteligencia artificial y para ofrecer, hoy, cualquier tipo de servicio digital”.

Y los datos “no se almacenan localmente, sino que se guardan en la nube, y a medida que más organizaciones migran a la nube se pierde el control sobre los mismos datos y sobre qué tipo de tecnología se consume”, explica. Un ejemplo lo clarifica: “Para aquellas empresas que lo que hagan en la nube sea desarrollar software, lo van a hacer dentro de una plataforma en la cual utilizan servicios digitales que compran como si fueran cajitas cerradas: no pueden ver el código y dependen de ellas para que su aplicación funcione. Eso genera un nivel de dependencia que llega al corazón de las organizaciones, sin acceso, en última instancia, a esas tecnologías digitales ni a esos sistemas de información”.

Estado, derechas e IA

¿Qué ocurre cuando el que depende es el propio Estado? “No solo para seguridad nacional, fronteras, sino para las escuelas, los hospitales, la entrega del DNI, o para cualquier operatoria pública cotidiana, se termina dependiendo de sistemas de información y de tecnología que no se controla. Quienes sí pueden tener injerencia y control son estas empresas y sus gobiernos”, describe Rikap. Por eso dice en el libro que “instalar centros de datos ensancha nuestras venas abiertas, porque profundiza un modelo extractivista de la naturaleza, de la mano del cual no va a venir desarrollo”. Así, “quienes habitan la Argentina no pueden tener acceso al conocimiento almacenado en secreto en los centros de datos”.

Y “quienes se benefician de eso son unas pocas empresas extranjeras y sus cómplices locales, como Mercado Libre, Globant o Despegar. Lo que ellas hacen es utilizar el conocimiento que en parte desarrollan dentro de la propia empresa, y que en parte compran como un servicio a caja cerrada en las nubes de Amazon, Google y Microsoft. Por ejemplo, Mercado Libre extorsiona a todos los que operan en sus plataformas a que acepten sus condiciones –analiza la autora– y profundiza la precarización laboral mientras embolsa más ganancias gracias a procesar los datos que producimos los consumidores”.

De todos los conceptos que despliega en Teoría de la dependencia digital, uno de los que más preocupa a Rikap es el de “totalitarismo epistémico”: “Esta idea busca explicar cómo un puñado de grandes corporaciones son las que marcan la agenda de investigación y la agenda científico-tecnológica. Además, el totalitarismo epistémico está detrás de que se diseñen algoritmos que profundizan las adicciones de las personas a las redes sociales, que controlan a las personas en sus lugares de trabajo y que se diseñen modelos de IA generativa: un tipo de algoritmos que impactan negativamente sobre las capacidades cognitivas y sobre nuestra capacidad de pensar, y que deterioran la posibilidad de pensamiento crítico”.

Esta dependencia digital se acentúa en el contexto de la presidencia de Javier Milei. ¿Cómo lo ve Rikap? “Los gobiernos de extrema derecha les abren mucho más las puertas a estas empresas –sostiene–. Por ejemplo, durante el gobierno de Jair Bolsonaro, en Brasil, se llegó a intentar reemplazar parte de las funciones de la Agencia Nacional de Estadística con tecnología de estas gigantes digitales estadounidenses. El nivel al que puede llegar un gobierno de extrema derecha en ceder espacio a estas empresas no tiene límites. Milei se muere de ganas de que la Argentina sea la prioridad de estas corporaciones.”

En otro pasaje del libro, Rikap dice: “La IA promueve el autocontrol y la obediencia de los trabajadores: es la mano vigilante del capitalismo moderno”. ¿Cómo funciona este proceso? “Primero, el hecho de que la amenaza de que la IA vaya a reemplazar trabajadores los disciplina, porque nadie quiere ser reemplazado y va a tratar de rendir más y mejor, y de responder a todo lo que pida la patronal”, señala la economista. Por otro lado, “efectivamente hay un proceso de reemplazo, de desplazamiento de trabajadores, lo cual genera que ellos vayan a sectores todavía más informales y precarios, como las economías de plataformas: Uber, Rappi, etcétera”.

Y “hay modelos de inteligencia artificial que registran todo lo que hace una persona en su trabajo: hay modelos que le dicen a una persona que opera con clientes cómo debe ser el tono de su voz y le dan recomendaciones”, sabe Rikap. “Amazon tiene una patente de una pulsera que va indicándole al trabajador cómo tiene que mover las manos dentro del centro de distribución, y cada vez se impone más la ‘gobernanza algorítmica’ por la cual el trabajador recibe indicaciones de un algoritmo: las empresas adoptan modelos de IA para controlar a sus propios trabajadores así como Uber controla a sus choferes.”

Escrito por
Patricio Féminis
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