Al margen de las marquesinas de las salas céntricas y despojada de los nombres rutilantes de tantas estrellas y estrellitas saltadas de la televisión a las tablas, la escena teatral alternativa de Mar del Plata renueva cada temporada su oferta en espacios mantenidos a pura pasión y compromiso. Aunque no es un fenómeno estacional, como el teatro “comercial” o de masas, cobra especial significado cuando la ciudad atlántica, capital turística por excelencia, resulta invadida por una avalancha de producciones exógenas de dispar presupuesto, no siempre con resultados económicamente felices.
La Red de Salas Teatrales de Mar del Plata, que en junio último se manifestó públicamente contra el desmantelamiento del Instituto Nacional del Teatro fomentado desde el gobierno nacional, nuclea a una decena de lugares, algunos con dilatada trayectoria y probada capacidad de supervivencia a todas las crisis.
A mediados de este diciembre, un grupo de espacios concretó una original idea para promocionar su oferta, abriendo las puertas de manera escalonada al público durante todo el día.
“El Galpón de las Artes (Jujuy 2755) es una sala con capacidad para 120 espectadores, equipada con camarines, depósito para escenografía y una antesala con café y plazoleta al aire libre. Hace unos años fue distinguida por Turismo de Nación como espacio accesible, porque cuenta con accesibilidad e indicaciones en braille”, precisa Alina Rodríguez, encargada de la comunicación.
“En 2026 cumplimos tres décadas de teatro independiente y como la Biblioteca Juventud Moderna nos donó butacas, lanzamos la campaña #MiButacaEnElGalpon; con el padrinazgo de artistas, espectadores y productores teatrales estamos alcanzando el primer objetivo: una sala más confortable para el disfrute del público”, agrega.
En una programación variada y ecléctica, destacan al menos dos clásicos: Mundo Masliah (sábados) y El Naides (jueves), ganadora de varios premios Estrellas de Mar en distintas temporadas, incluyendo el de Mejor Actor (Nacho Rey), y del prestigioso galardón “José María Vilches”.
A pocos metros de la peatonal San Martín, y otros menos aún, bajo tierra, se esconde La Guarida (Entre Ríos 1964). Con una existencia de diez años, el espacio dirigido por Fernando Pereyra puede albergar hasta ochenta espectadores, con una singularidad bizarra: contiguo a la sala de teatro funciona un salón de pilates, que contribuye a equilibrar el presupuesto de todo el año.
Actor, dramaturgo y más, “un poco de todo”, nacido en la vecina Miramar, Pereyra quería trasladar el mismo espíritu que le insufló a La Guarida porteña durante su residencia de aprendizaje y trabajo en la ciudad de Buenos Aires, “un refugio para creadores”.
En la búsqueda del lugar indicado, encontró el cartel de alquiler, en plena zona céntrica. Lo que vino después fue el descubrimiento de un pasado de esplendor como café concert, donde actuó la gran Niní Marshall y pasaron otras celebridades, según le fueron revelando antiguas fotografías acercadas por habitués de aquellos tiempos. Fabián Vena y Eduardo Calvo estuvieron entre las presencias destacadas recientemente de su programación.
Para la presente temporada, en la nutrida grilla habitada por una veintena de propuestas destaca el estreno de El sótano, se busca empleado, con un guiño cómplice a las características del espacio. Va los sábados a las 21.

El fuego sagrado
En los márgenes de los circuitos comerciales y gastronómicos, en una cuadra que respira barrio, El Séptimo Fuego (Bolívar 3675) es otra referencia insoslayable y perdurable de la escena local, como que ya lleva 28 años de existencia.
“Constituimos una asociación civil, somos un grupo de personas que nos planteamos la idea fundacional de abrir un espacio de debate que permita el desarrollo de distintas actividades también desde lo social”, explicita Viviana Ruíz, una de sus creadoras. Los desafíos y los márgenes le sientan a esta militante del teatro, que en el páramo de la predemocracia abrió con su compañero, el director Mario Moyano, una sala underground (literalmente) en el segundo subsuelo de la Galería Central, una laberíntica y anquilosada megaestructura en un cruce de avenidas céntricas.
En El Séptimo (como lo conocen todos) funcionan talleres, se realizan actividades pedagógicas y se generan producciones artísticas con sello propio.
Como otros espacios, incorporó una oferta gastronómica artesanal (de la que están justamente orgullosos), destinada como un servicio extra para el espectador, debido a la ausencia de opciones nocturnas por la zona.
Para la temporada en ciernes, su cartelera se enriquece con 22 elencos, a partes iguales de origen local y de Buenos Aires, que van a estar alternándose durante todo enero.
Las recomendaciones de rigor recaen en una versión de La Madonnita (de Mauricio Kartún) y Escollera real, que se reitera, en su segunda temporada.
La regla de “las tres P” (parrilla, parral y palmera) orientó la búsqueda de Ángeles Marset, de regreso de Santiago de Chile, donde residió y trabajó por varios años, y dirigió un espacio propio con esas características (Liberarte).
Las exigencias se cumplían en un PH interno, reservado, casi de espaldas al bullicio céntrico de puertas afuera, que bautizó Liber Art (Moreno 2742), con reminiscencias al anterior hogar santiaguino, que funciona como sala y escuela de teatro.
Con una rica, premiada y viajada trayectoria, Marse dedica buena parte de su tiempo al coaching de actores, incluso de otros países (lo que continuó haciendo en plena pandemia, cuando descubrió las posibilidades de las nuevas tecnologías).
Independiente por vocación, Liber Art no recibe subsidios y apuesta al público de todo el año, al que cuesta convocar entre los meses de mayo y agosto, cuando el residente se torna poco salidor.
Esta temporada, no subirá a escena Invisible (La verdad es la mentira más eficiente), la pieza insignia ganadora del Estrella de Mar 2023 por Mejor Actriz, con localidades agotadas todas las funciones. El fallecimiento del director, Iván Mesías (pareja de Marset), y de una actriz del elenco indujo a dejarla reposar hasta que decante.
En cambio, en una apretada grilla de hasta tres funciones diarias, opta por recomendar Angelada, una propuesta de transformismo ATP, que baja desde Córdoba con excelentes comentarios.
Fundada en 2012 como sala teatral, Mar de Fondo (25 de Mayo 2957) funciona actualmente con un formato cooperativo, que nuclea a un equipo de actores y directores que capacitan en distintas disciplinas, además de proponer una cartelera alternativa con matices.
“En todos estos años, nos han acompañado desde desconocidos hasta figuras, que nos han dejado siempre una enseñanza –apuntan–. Los escenarios no son grandes ni pequeños, en todos se puede ser feliz ‘con tan solo un poco de luz’, como decía Hilda Marcó, gran artista de la escena local, en la obra escrita para ella, por Daniel Ruíz, Déjenla sola”, comparten.
La sede de la Coope MDF se distribuye en tres espacios: el escénico que homenajea a Marcó, el Jardín “Zulema Elena Blanco” y la Recepción e Infusionería, otro de los servicios brindados al visitante, que incluyen también la Vestirioteca y la Biblioteca teatral “Norberto Vieyra”.
Para la presente temporada, anuncian el estreno de Un trailer al fin del mundo, del prolífico autor local Marcelo Marán, y la visita de la Compañía Porteña de Teatro Clásico con su puesta de Proceso a Juana Azurduy, entre otras propuestas.
La invitación está hecha, y se multiplica por otras tantas salas, distribuidas entre el micro y macrocentro.

Raíces
“La historia teatral marplatense comienza con la ciudad misma, con las celebraciones folklóricas de la comunidad inmigrante italiana y española en sus escenarios creados a tal efecto (el Club Español tuvo siempre, al lado, al teatro Colón; el Odeón, víctima de un incendio en 1961, marca el principio, y su destrucción, el final de una época –reseña Gabriel Cabrejas, docente universitario, historiador del rubro y espectador consuetudinario de todo lo que suba a escena en la ciudad–. Fueron ambos sedes de grupos y escenario de cantantes de zarzuela, del anunciado y emocionante final de las radionovelas y de las primeras puestas de los elencos independientes.”
“En 1954 nace ABC Cooperativa de Trabajo Limitada, primera experiencia de teatro independiente en pos de dos sueños de difícil concreción: autofinanciación y sala propia, bajo los auspicios de un agente inmobiliario de planes culturales, José María Orensanz”, hilvana.
Finalmente, “el período más productivo se produce en la década del 60 con la simultaneidad de tres directores de origen porteño afincados en Mar del Plata (Roberto Galvé, Rubén Benítez y Gregorio Nachman) y sus entidades creadas para producir teatro de calidad, instruir actores, estrenar obras de variada matriz estética y, especialmente, conseguir supervivencia, continuidad en el tiempo, salir de gira a certámenes y festivales teatrales, generar dramaturgia local y profesionalizar al intérprete”, reseña.
En tiempos radicalmente politizados, cobra estatura la figura de Nachman, fundador de la OCA (Organización Cultural Atlántica) y fundador/director de la Comedia Marplatense, que contaba con su propia sala en el centro, cuna además del legendario debut del dúo Sui Generis.
Cerca de la revolución
“Amigo de Emilio Alfaro, cercano al Clan Stivel, Goyo Nachman (que llegó de Buenos Aires para dirigir el Teatro de la Universidad en 1961) monta en el 72 una obra muy popular, El avión negro, que tenía que ver con el regreso de Perón”, relata Luis Caro, autor e intérprete, de dilatada obra discográfica, que formó parte de aquellos proyectos y realizaciones.
“Nachman desarrolló, además, un teatro muy abierto y comprometido, en barrios y fábricas, tenía simpatías troskistas, pero entendía muy bien al peronismo. Más adelante, monta una obra inspirada en los tupamaros uruguayos, Juan Palmieri, con música que yo interpretaba en vivo, algo completamente infrecuente, entonces”, repasa.
“No sé si la palabra es éxito, pero con esa pieza, llegamos al Festival Internacional de Caracas, que era la cita más importante del teatro latinoamericano”, puntualiza.
Semejante audacia no pasó desapercibida al terror instaurado como política de Estado. Con el secuestro y desaparición de Nachman, apenas impuesta la dictadura, “se va algo muy importante de la ciudad y del teatro”, concluye Caro su racconto de aquella aventura artística que culminó en tragedia colectiva.
Como homenaje, una de las salas del Complejo Teatral Auditórium lleva hoy el nombre de Gregorio Nachman. La fecha de su secuestro y del actor Luis Conti (19 de junio) fue instituida como el Día del Teatro Marplatense.
Hay fuegos sagrados que dejan mucho más que meras cenizas.
