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DE LA PARANOIA AL HUMOR EN UN SOLO CLIC

Como parte de los fenómenos contemporáneos, los llamados social media son fuente de inspiración y anclaje para numerosas producciones de cine, TV y, por supuesto, redes.

Construcción de poder, fake news, utilización de datos privados para influir y manipular a la sociedad. Documentales y obras de ficción se apoyan en estos y en otros tantos temas igualmente reprochables, a la hora de diseccionar, condenar y dar luz al costado más oscuro de las redes sociales. Si bien no cabe duda de que las plataformas con su tráfico de información se han convertido en el arma más poderosa del siglo XXI, surge una pregunta: ¿son las redes sociales la suma de todos los males o, en el más optimista de los casos, un mal necesario? Tal vez, en las producciones que se han ocupado de ellas se pueda encontrar un ensayo de respuesta.

TEORÍA Y PRÁCTICA DE LA CONSPIRACIÓN

En el documental El dilema de las redes sociales (The Social Dilemma, 2020), la paranoia llega de primera mano. Algunos de los nombres que estuvieron detrás de la creación de Facebook, Twitter, Pinterest, Instagram y Gmail revelan con lujo de detalles cómo estas redes manipulan a sus millones de usuarios, de qué manera se entrecruzan datos de la esfera privada para generar una sensación de dependencia imposible de evitar y cómo las empresas construyen una identidad virtual de cada uno de sus usuarios para poder anticipar sus decisiones en el mundo real. Se trata de una suma de algoritmos y cálculo de probabilidades que más perfecta es cuanto más se interactúa con cada servicio.

Para entender mejor de qué se trata esto se puede hacer un simple ejercicio: después de prestar atención a la interacción que tenemos con nuestras redes favoritas por, digamos, 24 horas, observemos qué amigos y posteos aparecen primero en los muros de nuestras cuentas, qué nos sugieren los anuncios publicitarios o cuáles son las recomendaciones de búsqueda en Google. Los resultados tendrán relación directa con aquello que hayamos hecho previamente. Y no importa si utilizamos distintas plataformas, la información se entrecruzará para ofrecer “el mejor resultado”. Perturbador.

A la hora de hablar de producciones de ficción, el panorama no mejora demasiado. La película polaca Hater (2020) toma elementos clásicos del thriller político y los actualiza volcándolos a la interacción virtual. Su protagonista, Tomek (el talentoso Maciej Musialowski), descubre que las redes no sólo lo pueden ayudar en su vida personal, sino que mediante la distribución de noticias falsas por usuarios falsos puede destruir la reputación de una persona famosa, manipular grupos sociales para que salgan a las calles a manifestar enardecidos, hacer contrainteligencia en su propio beneficio o incluso planear el asesinato de un candidato político. No es casual que la inspiración de Tomek sea El arte de la guerra, de Sun Tzu. Lo suyo también es una guerra, pero que se libra detrás de un monitor, con las redes sociales como campo de batalla.

Tanto El dilema de las redes sociales como Hater se pueden encontrar en Netflix. Así como también Nada es privado (The Great Hack, 2019), trabajo documental centrado en la influencia de la compañía de recolección de datos Cambridge Analytica en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos y en las del Brexit. De acuerdo con la investigación mostrada en el film, la empresa utilizó millones de datos obtenidos ilegalmente de Facebook para manipular políticamente a los votantes mediante campañas y noticias falsas viralizadas hasta el infinito.

Salvando las distancias y los formatos, otro ejemplo de mensajes machacados y machacados como un mantra con destino manipulador se puede encontrar en la muestra Diarios del odio, del artista Roberto Jacoby y el sociólogo Syd Krochmalny. En este caso, se trata de una selección de comentarios de lectores en medios nacionales, atravesados por el resentimiento, la bronca y el rencor. La obra acierta en hacer foco en este compendio de expresiones de deshumanización a las que los usuarios se ven expuestos constantemente, que despiertan rechazo pero a la vez una fascinación por consumirlas. Un círculo vicioso tan horroroso como seductor.

SÍGANME LOS BUENOS

Queda claro el papel fundamental que hoy tiene la interacción virtual en la construcción ideológica y social. El llamado “marketing de las redes”, con su creación de audiencia, se ha vuelto el espacio elegido por quienes quieren difundir y potenciar un mensaje a nivel masivo. Y no se trata sólo de arengas escritas a las apuradas o memes de trinchera, existen también piezas audiovisuales guionadas y pensadas a conciencia, como hace una década se hubieran hecho para la radio o la TV.

Los sketches de Guille Aquino, con su lúcida y ácida mirada de los argentinos; Dicky del Solar, la brillante caricatura de un “rugbier cristiano” pergeñada por el actor Ezequiel Campa, o la “señora bien” de Verónica Llinás, que se ilusiona con un golpe de Estado y repite frases como “El que le roba a un ladrón tiene cien años de Perón”, son algunos de los mejores ejemplos que se pueden encontrar en YouTube. La mayoría de estos videos alcanzó el millón de reproducciones, y hoy su influencia se estudia en espacios académicos. Algo parecido sucedió con Peter Capusotto y sus videos, programa que si bien comenzó en la TV Pública, adquirió su estatus “de culto” gracias a internet.

A esta lista tan breve como incompleta se suma, desde Instagram, Mónica Cabrera. Con un humor directo y frontal, la actriz y dramaturga crea lúcidas piezas tragicómicas modificando apenas las proclamas que cada mañana, tarde y noche nutren la letanía televisiva.

Un dato no menor de cada uno de estos ejemplos es que todos utilizan el humor como vehículo de pensamiento, una forma de expresión que en la última década se ha replegado paulatinamente del prime time de los medios tradicionales para dar batalla desde la web como último bastión.

Internet y las redes sociales cambiaron la realidad para siempre. Y con la consolidación de los asistentes virtuales, como Google Home, Siri, Alexa o Bixby, que en el último lustro han experimentado un crecimiento exponencial en todo el mundo, convirtiéndose en el nuevo mercado a conquistar, el futuro que predecía en 2016 el documental Lo and Behold: Reveries of the Connected World, de Werner Herzog, está cada vez más cerca: en la comunicación diaria la persona va a dejar de existir, lo importante será solamente la información, no importa de qué o de quién venga. Está en cada uno poner los límites y las reglas a un juego que ya es imposible dejar de jugar.

Escrito por
Guillermo Courau
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