En América latina hay grandes autoras: Gabriela Mistral, Isabel Allende, Paulina Flores (Chile), Clarice Lispector, Cecília Meireles, Nélida Piñón (Brasil), Adela Rafaela Zamudio Rivero, Yolanda Bedregal de Cónitzer (Bolivia), Rosario Castellanos, Elena Garro, Elena Poniatowska (México), Silvina Ocampo, Mariana Enriquez y Samanta Schweblin (Argentina), Laura Restrepo, Pilar Quintana y Margarita García Robayo (Colombia), Gertrudis Gómez de Avellaneda, Dulce María Loynaz (Cuba), Alicia Yánez Cossío, Mónica Ojeda (Ecuador), Clorinda Matto de Turner, Blanca Varela, Gabriela Wiener (Perú), Juana de Ibarbourou, Cristina Peri Rossi (Uruguay), Teresa de la Parra, Karina Sainz Borgo (Venezuela), Josefina Plá, Renée Ferrer (Paraguay), Carmen Lyra, Anacristina Rossi (Costa Rica), Rigoberta Menchú, Alaíde Foppa (Guatemala), Rita Indiana (República Dominicana), Rosario Ferré, Mayra Santos-Febres (Puerto Rico). Ellas y muchas escritoras más muestran el mapa real de la literatura escrita por mujeres.
La equidad de género. En los últimos años hubo algunos avances con respecto al lugar de las mujeres que escriben. Sin embargo, es solo el comienzo, aún falta que se equiparen las oportunidades de publicación, que los premios literarios no sean exclusividad de los escritores, que en los paneles no haya diferencias. Tan importante es el reconocimiento como que tengan las oportunidades de traducción, de difusión.
En esta oportunidad nos ocuparemos de las escritoras de Colombia: Soledad Acosta de Samper (escritora, periodista, historiadora y feminista), María Mercedes Carranza (poeta, periodista y gestora cultural), Melba Escobar de Nogales, Carolina Sanín y Juanita León son solo algunos nombres de una extensa lista de creadoras.
Caras y Caretas conversó con la escritora colombiana Clara Schoenborn sobre las mujeres que escriben en su país y la paridad de género.
–¿Qué pasó en el acto inaugural de la Feria Internacional del Libro de Bogotá el 21 de abril de este año?
–El malestar femenino con este evento tuvo su origen en la ausencia total de mujeres en la mesa principal. En ella, de doce participantes, solamente estuvo presente la ministra de Educación (por inevitable). Ni siquiera participó la directora de la Feria. No fueron tenidas en cuenta las numerosas escritoras, editoras, libreras, agentes literarias, gestoras, críticas, traductoras, talleristas y demás mujeres que son eslabones en la cadena del libro en Colombia.
–¿Qué es el pronunciamiento “Armemos la espantosa”?
–La fuente de este pronunciamiento fue el grupo denominado Colombia tiene Escritoras, que surgió en 2017, también como un acto de protesta, cuando el gobierno de nuestro país envió una delegación exclusivamente masculina a Francia, a un evento en la Bibliotheque l’Arsenal de París. La creación del grupo fue liderada por la conocida escritora Pilar Quintana y otras autoras, y su objetivo fue visibilizar en mayor medida la obra literaria de nuestras mujeres, con todo lo que ello implica. Una vez sucedido el despropósito de la Feria del Libro de Bogotá 2026, el grupo se reactivó. Fuimos convocadas más de cuatrocientas autoras y demás protagonistas de nuestro mundo literario. De estas, unas 230 firmaron el pronunciamiento denominado “Armemos la espantosa”. El manifiesto no solo sienta su voz de protesta por esta discriminación, sino que toca todos los puntos neurálgicos, estructurales, que aún subsisten en el tema de la exclusión femenina de los centros de poder en nuestro país. Adicionalmente, algunas escritoras filmaron videos con palabras de apoyo, que serán rotados por las redes sociales.
–¿Qué ocurre en Colombia con la paridad de género?
–Es una pregunta que tomaría mucho tiempo y espacio responder. En forma esquemática, actos como el ya descrito demuestran que, si bien se han logrado avances en este tema, el machismo subsiste aún en gran parte del inconsciente colectivo. Los cambios se perciben insuficientes ante estas situaciones. Ha habido logros en temas muy importantes como en las cuotas de participación en cargos públicos, mayor acceso a la educación, reconocimiento de derechos legales (reproductivos, tipificación del feminicidio, el acoso sexual y la violencia intrafamiliar, fundación de hogares infantiles, entre otros). Pero, como bien dice el manifiesto, las estructuras de poder y de pensamiento siguen siendo rígidas. A esto se añade el centralismo imperante. Dado que los centros decisorios en nuestra nación se encuentran en la capital, es común que estos no tengan en cuenta a protagonistas del resto del país. Es así como a las mujeres de la mal llamada “provincia” les toca lidiar no solo con su desventaja de género, sino con la indiferencia de quienes manejan los principales hilos culturales en la capital. En resumen, se requiere seguir luchando en temas que aún no están resueltos del todo: la disparidad salarial, la persistencia de la violencia de género, la poca participación en la toma de decisiones y la no remuneración del trabajo doméstico y de cuidado, entre otros.
–¿Y en el mundo de la literatura?
–Se ha evolucionado en el objetivo de lograr mayor reconocimiento de la obra literaria de las mujeres, pero aún falta. Uno de estos logros, por cierto, derivó del grupo ya mencionado Colombia tiene Escritoras, de cuya iniciativa surgió la Biblioteca de Escritoras Colombianas, que logró difundir en las bibliotecas públicas, librerías, etcétera, la obra de autoras colombianas de todos los tiempos, que hasta la fecha habían permanecido en la sombra, incluyendo también a aquellas de diferentes grupos étnicos y raizales. Igualmente, este colectivo propició la creación del Premio Nacional de Narrativa Elisa Mujica, que busca visibilizar la obra literaria de las mujeres. Lleva el nombre de esta escritora del siglo XX, porque ella hizo hincapié en los temas de la desigualdad femenina. Los movimientos feministas han creado conciencia de las desigualdades; el reconocimiento internacional de las escritoras colombianas ha dado cuenta de su importancia. Por eso, hoy ha aumentado la participación de autoras en los eventos literarios, su presencia en los medios y su inclusión en los programas académicos. Asimismo, el acceso a la educación y al desarrollo profesional han propiciado que aparezcan mujeres en todos los demás ámbitos literarios: editorial, traducción, promoción, gestión, corrección de estilo, etcétera. Aún queda camino por recorrer. La participación debe aumentar sin que ello corresponda a “una cuota impuesta por la ley”, o sea, la respuesta a quejas y a protestas. Es posible que esto se logre con el cambio generacional y a medida que algunos hombres e instituciones “se liberen” de las cadenas que los mantienen unidos a esquemas patriarcales del pasado.
–¿Y con respecto a los premios literarios?
–He observado que más autoras son ganadoras de premios literarios. Hay que destacar que también ellas están escribiendo muy bien, por lo que desconocer su calidad se hace muy difícil. Siempre he dicho que para que la escritura de una mujer sea considerada “buena” por los hombres y por la crítica, debe ser “tres veces buena”. Esto ha sido entendido y puesto en práctica y ha dado resultados. Por otro lado, es muy difícil juzgar si un ganador o ganadora merecía un premio literario, porque siempre hay subjetividad y cada jurado llega con su carga personal de prejuicios, gustos, tendencias, etcétera.
–¿Se prioriza en Colombia a los autores hombres?
–Hay una tendencia a ello y, en buena parte, tiene un origen histórico, debido a que los hombres fueron los protagonistas en el pasado. A esto se añade el problema, que no es exclusivamente de nuestro país, de que hay personajes famosos que persistentemente son nombrados para participar en eventos nacionales e internacionales, generalmente los más reconocidos. Se entiende la lógica de la situación, pero no deja de defraudar que tantos excelentes autores (hombres y mujeres) no puedan dar a conocer su obra, porque los cupos de participación son casi siempre para unos cuantos escogidos. Esto también debería cambiar.
–¿Cómo ves a las distintas generaciones de escritoras?
–En el siglo XIX, por ejemplo, como sucedía en el resto del mundo, pocas mujeres tenían acceso a la educación. Solo escribían las mujeres de las élites y generalmente sobre temas domésticos, educativos, religiosos y amorosos. Se les permitía publicar en revistas y periódicos, pero no eran reconocidas en los ámbitos literarios del país. Su escritura era considerada menor, concepto que debería cambiar, porque no hay temas menores en la literatura cuando estos están tratados en forma seria, profunda y bella. Estas escritoras abrieron el camino a sus sucesoras. Soledad Acosta de Samper (quien fundó una revista) y Agripina Montes del Valle fueron algunas de ellas. Hoy en día, la situación ha evolucionado favorablemente. Las escritoras contemporáneas incursionan prácticamente en todas las temáticas. Han logrado mayor presencia de sus obras en los mercados nacionales y globales, han ganado importantes premios literarios, han sido traducidas a varios idiomas, participan como jurados en concursos y son invitadas por los medios de difusión masiva; es decir, “deambulan por todos los rincones literarios”. Lógicamente, la proporción de participación en todos estos ámbitos aún no alcanza la paridad deseable. Por eso la lucha continúa.
–¿Qué cosas específicas tendrían que cambiar?
–Esperar pacientemente a que “la conciencia colectiva” cambie no es lo ideal. Eso tomaría demasiado tiempo y, sin ningún tipo de presión, tal vez nunca sucedería. Es importante penetrar en las estructuras que están causando la rigidez. Se debe luchar para que la mujer vaya ganando terreno en los lugares donde aún sigue ausente o no tiene suficiente participación. Se necesita que haya paridad en los jurados, en los festivales, en los programas escolares y académicos, en la presencia en los medios y en la dirección de la industria editorial. Que se siga rescatando del olvido la obra de muchas escritoras y que la crítica se ocupe sin sesgo de su obra. Es deseable que cambie la concepción de liderazgo actual, vertical, codiciosa y excluyente, por una visión más comunitaria e incluyente. En general, se requiere más apoyo legislativo y económico para fortalecer esta presencia, tanto para las escritoras como para aquellas mujeres que emprenden con editoriales, eventos, talleres, encuentros, conferencias, así como para aquellas que deseen ampliar su formación académica. Pero el gran cambio tiene que ser cultural: que todo lo anterior no se perciba como una concesión para un ser más débil que requiere apoyo. Que llegue el día en que hombres y mujeres escritores interactúen sin miradas hacia arriba o hacia abajo. Un mundo en el que la exclusión no exista por causas de género.
–¿Con qué obstáculos se encuentran?
–Podríamos recalcar que en Colombia aún hay mucha concentración de la autoridad masculina en los espacios culturales y en la industria editorial. Que las mujeres aún soportan la mayor carga de las labores domésticas, incluso económicas, de sus hogares, restándoles tiempo y recursos para participar. Que persisten la discriminación, los comentarios sexistas, el acoso, la deslegitimación del talento, los ataques personales, la menor remuneración, los cuestionamientos a la autoridad femenina, la oposición y la exclusión.
–¿Cómo ubicarías a los lectores con respecto a la paridad de género?
–El lector refleja en sus preferencias los problemas anteriores. Dado el menosprecio histórico a la obra escrita por las mujeres, el lector lógicamente ha acudido a la obra masculina, no solo por decisión propia, sino también porque el mundo editorial no le ofrecía otras opciones. Afortunadamente, las mujeres hemos sido lectoras dedicadas desde siempre, y ahí hay un mercado siempre abierto para nosotras. Afortunadamente, el mayor éxito de las escritoras contemporáneas ha logrado que los lectores valoren sus libros. Igualmente, hay editoriales fundadas y dirigidas por mujeres que hacen bien su trabajo de promoción y divulgación de libros escritos por mujeres. Pienso que los medios juegan un papel muy importante porque, al darles mayor presencia y relevancia a las escritoras, pueden propiciar el incremento en la aceptación y valoración de los lectores; ejercen una labor de concientización y educación al respecto.
–¿Qué escritoras colombianas son importantes para vos y por qué?
–Leo a muchas y, en especial, a poetas. No me gusta tener preferencia por alguna. Por épocas tengo mis preferidas, pero luego sigo mi camino con otras. El mundo de la poesía es demasiado amplio y rico. Trato de leer todo lo que me llega a las manos porque siempre encuentro algo que me cautiva o asombra. No obstante, tengo admiración y respeto profundos por la obra de María Mercedes Carranza. Fue una poeta colombiana adelantada a su tiempo, en fondo y en forma, y sus poemas tienen una bella fuerza que golpea no importa cuántas veces se repita su lectura. Otra poeta que admiro de la Argentina es Alejandra Pizarnik. Mi libro Huecos en la luz está inspirado en su vida y en los poemas de su obra Árbol de Diana. Fue una poeta sin igual. Sus poemas son como caleidoscopios que cada vez reflejan nuevas facetas. De las poetas contemporáneas, me atrae la obra de las poetas jóvenes. Me gusta su voz propia y su inteligencia.
Sobre la entrevistada
Clara Schoenborn nació en Cali, Colombia, en 1957. Estudió Economía en la Universidad de San Buenaventura, con un diplomado en Gerencia en la Universidad Javeriana de la misma ciudad. Ganadora de numerosos premios, tiene varios libros publicados: Búsquedas y encuentros (Caza de libros, 2011), Los oficios en clave de Atenea (Ediciones Embalaje, 2011 y Apidama Ediciones, 2013), El amor es mi último veneno (Edición virtual, Dadá Ediciones, 2012), Huecos en la luz (Ediciones Torremozas, España, 2014), Antología Ganadoras Gran Premio Ediciones Embalaje Encuentro de Poetas Colombianas (Uniediciones, 2018), Con tal de verme volar (Uniediciones, 2019). Publicó durante una temporada la serie de entrevistas “Poetas Jugando Naipes” en la edición digital del periódico El Espectador. Ha impartido talleres de escritura y poesía en el Festival de Poesía de Cali y de manera privada. También ha escrito ensayo y cuentos. Su obra ha sido publicada en diversas revistas y antologías en español. Traducida al inglés, al francés, al portugués, al griego, al bengalí y al italiano. Blog: www.loqueledijealpapel.blogspot.com
Un poema
“Transfiguración de una señora”
De tanto ser lanzada por el suelo,
descubrí los secretos de la tierra:
el milagro oculto en las semillas,
el evangelio subterráneo del agua,
el hambre feroz de las raíces.
Por haber sido obligada a vivir en el silencio,
aprendí a lanzar unos cuantos conjuros poderosos,
ahora domino el verbo de las fuerzas ocultas;
consignas que estremecen la roca.
A causa de padecer la condena del encierro,
inventé pócimas para disolver cadenas,
otras para traspasar muros y fronteras.
He aprendido a desdoblarme:
acariciar aquí,
y al mismo tiempo,
desgarrar allá.
Después de que ordenaron mi muerte:
en hogueras, guillotinas,
horcas,
a golpes, con piedras,
envenenamientos,
aprendí la gracia de la resurrección.
Renazco en otra, milenio tras milenio,
cada vez más viva, más fuerte, más alta,
más hondo el cimiento en mi propia esencia.
De tanto ataque maldito,
me hicieron mujer a la fuerza,
y hoy, soy la fuerza.
A cuidarse ahora del invento.
