A veces molestamos a la gente cuando hablamos de nuestro dolor. La empatía se volvió algo inusual. Nos piden “menos detalles”, menos información, menos emocionalidad al contar. Sobre esta realidad social de falta de solidaridad y de “solo vale estar bien” trabaja Menos detalles, de Gustavo Tarrío. También sobre la idea de que no se puede escapar de lo que sucede. Si no se transmite con palabras se hará presente de otro modo, con fantasmas, monstruos, objetos. Caras y Caretas estuvo en la segunda función de la obra y conversó con su director y con la actriz Carolina Saade, coprotagonista junto con Gerardo Porión.

–¿Cómo surgió la idea de hacer esta obra?
Gustavo Tarrío: –A partir de una charla con Rocío Gómez Cantero (la autora de los textos) en la que me contó su historia y la voluntad de llevar algo de aquello a la escena. Rocío tenía un archivo de los sucesos en audios y ahí empezamos a trabajar para encontrar una mirada en particular.
–Es interesante la relación entre la pérdida de la madre y los monstruos. ¿Cómo apareció?
G. T.: –Como la historia original sucedió en un festival de títeres en Francia, decidimos que esa atmósfera atravesara la escena, para sumar además un aspecto extrañado o fuera de la realidad. En la puesta conviven varias técnicas de teatro de objetos. El encontronazo con la muerte que cuenta Menos detalles incluye salir de lo que entendemos como real y los objetos ayudan a alterar la percepción de lo cotidiano. Hay objetos simpáticos, abstractos y también fantasmagóricos. Hubo una memoria de lo que nos pasa cuando la muerte se hace presente y ese diseño evoca esa sensación de estar un poco drogado o fuera del mundo.
–Respecto de la puesta, ¿qué rol juegan las sombras y las proyecciones de luz?
G. T.: –Trabajamos con Fernando Berreta y Paola Delgado diseño de iluminación y de utilería, respectivamente, para que sea un espectáculo autoportante y lo más autónomo posible. Depender lo menos posible de las parrillas de los teatros disponibles y que se pueda replicar en muchos espacios. Hubo un trabajo con luces robóticas de piso y algunos objetos tienen luz propia. Para eso jugamos un buen tiempo con sus posibilidades, más allá de la planificación “de pizarrón”. Entonces hay variedad de opciones: luces que parecen moverse más allá de nuestra voluntad, luces operadas a la vista, proyecciones, luces de parrilla. Pensando la luz como un objeto más en la obra.
–¿Cómo fue el proceso de creación actoral, con tantos recursos en escena?
Carolina Saade: –Fue un proceso muy creativo en el que tuvimos un tiempo de investigación y experimentación en ensayos. Gracias a la dirección de Gustavo, sentí una gran confianza para improvisar y actuar con todos los recursos que teníamos. Los ensayos fueron un campo de prueba hasta llegar a la obra tal como está ahora. Fue clave entender que los objetos, las luces, el sonido eran “unos actores más” y que como intérprete yo estoy al mismo nivel, sin jerarquía, entonces el proceso también se trató de aprender a actuar junto a ellos, y saber calibrar mis recursos. Fue un gran y hermoso desafío tener una historia que contar no solo con palabras y tener la oportunidad de expandir la actuación a todas esas otras zonas que despliega la obra.
–¿De qué manera estás transitando las funciones de esta segunda temporada en términos artísticos?
C. S.: –Transito las funciones con mucha emoción, cada función es literalmente un viaje, como la historia misma. Y si bien estoy en escena con Gerardo Porión y con todos los objetos, estoy bastante sola en la historia; eso me lleva a tener que tener una concentración muy especial en escena, y en ese sentido hacer la obra es una experiencia de mucho crecimiento. Por otro lado no deja de asombrarme lo que pasa con el público, las repercusiones que genera, cómo se identifica la gente con la historia y cómo conmueven las imágenes. Sucede algo muy profundo y poderoso con lo que se cuenta sin palabras, uno puede acceder a una zona más abstracta, que tiene otro misterio y sensibilidad.
Menos detalles se presenta los sábados a las 20 en El Galpón de Guevara (Guevara 326, CABA).
