Una comparación de indicadores desde 1942 permite dar cuenta de los gobiernos argentinos progresistas y de los que gobernaron para una minoría.
Los grandes operadores del agronegocio alientan la profundización de políticas que prometen retornar a la Argentina de más de un siglo atrás.
El Gobierno pone todo el foco en bajar la inflación, pero la actividad económica no levanta, el salario real cae y solo crece el empleo en negro o vía monotributo.
El proceso gradual de eliminación de subsidios estatales a la provisión de gas y electricidad implicará este invierno nuevos tarifazos para miles de familias y empresas.
Durante 26 meses de gestión libertaria, más de 24 mil empresas dejaron de existir. La caída es mayor incluso que las experimentadas tras las crisis de 2001 y la pandemia.
Mientras al gobierno le cierran los números macro, millones de argentinos hacen malabares para llegar a fin de mes, en un país donde tres de cada cuatro jubilados son pobres.
Con el atraso cambiario el Gobierno busca que los salarios suban medidos en dólares, pero la política económica va en desmedro de la industria, que es la que paga mejores salarios, registrados y de calidad.
El Estado disminuido al gusto libertario, pero “eficiente”, “modernizado”, recobra impulso con un crédito del BID de 300 millones de dólares.
Los planes económicos de Martínez de Hoz, el menemismo y el tándem Milei-Caputo tienen un hilo conductor en la apertura comercial y la liberalización financiera, al tiempo que desatienden sus efectos sobre la producción y el empleo.
En el último cuarto de siglo las políticas de empleo fueron insuficientes para abordar el cierre de empresas y la precarización laboral. La discusión por el trabajo no registrado.










