No hay forma de que con tasas de interés en niveles cercanos al 70 por ciento anual, que duplican a la inflación proyectada para el año –hoy en 36,6 por ciento según el Indec–, la actividad económica siga su marcha a velocidad crucero sin resentirse, con su correlato de impacto a nivel de empleo y salarios que siguen corriendo detrás de la inflación, y con el dólar en fuga hacia adelante.
El propio ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo –según el presidente Javier Milei “el mejor ministro de la historia argentina”–, lo reconoció esta semana señalando que la suba de las tasas de interés puede afectar el nivel de actividad a corto plazo, esto es, en el período electoral.
En la lógica oficial, esta suba de tasas se debe a los “intentos del Congreso de afectar el equilibrio fiscal”, pero señala que ese riesgo político se va a disipar tras el resultado de las urnas, convalidando el programa del Gobierno y nutriendo de legisladores afines al Congreso.
“El alto riesgo político que hoy asigna el mercado, dados los últimos intentos de romper con el equilibrio fiscal por parte del Congreso, va a colapsar pronto”, afirmó Caputo en un posteo en X. Y explicó que ese cambio de clima esperado hará que “las tasas vuelvan al nivel al que a todos nos gustaría verlas”.

El costo del dinero
La cuestión de las tasas es solo un botón de muestra de la brújula con la que está gobernando el Poder Ejecutivo. Es cierto que, en tiempos electorales, y mucho más en épocas de grieta y fragmentación del electorado como los que corren, la tradicional pulseada parlamentaria adquiere ribetes escandalosos, alimentando así el riesgo político que impacta en los mercados, ya sea en la cotización del tipo de cambio, como en el humor de los inversores, derivando en bajas notorias en los activos argentinos.
Pero aquí hay otro componente. Desde hace algo más de un mes el mercado descontó que el desarme de las LEFI (Letras Fiscales de Liquidez) iba a generar alguna zozobra, básicamente porque liberaba una masa importante de pesos, que, más allá de la baja notoria de la inflación desde la estratósfera (25% mensual) a niveles del 2 por ciento mensual, esos pesos a algún lado tienen que ir.
Todos sabemos que en la Argentina en épocas electorales las empresas dolarizan sus carteras, lo mismo que los particulares, que corren a cambiar los pesos sobrantes por dólares. Es decir, todo el mundo quiere esperar el resultado electoral sentado sobre billetes verdes. Por las dudas de que haya un salto cambiario o, por experiencia propia, también podría decirse.

El apretón monetario
En este contexto, el Ministerio de Economía y el Banco Central aplicaron la receta clásica de “secar la plaza de pesos”, lo que el propio Gobierno denomina apretón monetario. El retiro de pesos de circulación se hace vía suba de los encajes en los bancos, esto es, el dinero que obligatoriamente deben mantener en reserva inmovilizado, siguiendo las directivas del Banco Central. Hoy ese porcentaje está en un nivel muy alto, del 53,5 por ciento de sus tenencias.
Así, los bancos que le han prestado al Gobierno vía bonos en estos meses desde que asumió Milei se encuentran en problemas para atender sus compromisos ordinarios, justamente, por la plaza seca de pesos.
Esto se combina con la bola de nieve de la deuda en pesos que cada dos semanas el Ministerio de Economía tiene que “rollear”, esto es, refinanciar o pagar la deuda con los privados, pero con plata que previamente captó vía licitaciones de títulos en el mercado, con lo que los privados vuelven a prestarle al Gobierno, generando un nuevo compromiso de deuda a corto plazo.
Hace dos semanas el monto a licitar llegó a los 15 billones de pesos, pero como los bancos están ilíquidos (secos) en lugar de refinanciar el total de la deuda ofertaron menos, buscando cobrar en “crocante” el resto. Ahí el Banco Central subió los encajes al 50 por ciento y ofreció tasas de interés mayores, que llegan al 69 por ciento anual, para “seducir” a los acreedores y que esa planta no esté suelta en la calle corriendo al dólar.

Escenario electoral
Hasta el 26 de octubre, fecha de las elecciones de medio término, los mercados estarán nerviosos. Esta semana una nueva licitación por 13,5 billones de pesos pone en jaque al Gobierno, que responde cada vez con tasas más altas.
¿Pero cuál es el problema de las tasas de interés altas? Ese es el costo del financiamiento para el Estado, pero que también se extiende a las empresas que deben tomar deuda o incluso manejarse con el descubierto de la cuenta que le asigna el banco, pero que tiene un costo.
Es decir, subir la tasa encarece la operatoria comercial de las empresas y termina frenando la economía, casualmente lo que está ocurriendo en estos momentos, independientemente del rubro, el sector o la magnitud de la empresa.
La semana pasada el empresario naviero Vito Contessi, del Astillero Naval Federico Contessi y Cía. S. A., publicó en su cuenta de X un posteo que es muy revelador del impacto que tiene la política de suba de tasas para contener al dólar.
“Te endeudás y comprás insumos a un dólar de 1.380 pesos para exportar con márgenes mínimos y cuando despachás el dólar está 1.292 pesos y los bancos te subieron la tasa de descubierto al 100 por ciento. Que algún genio de las finanzas como @SalvaDiStefano me explique cómo se hace para producir en ARG”, lanzó sin eufemismos, en referencia al economista Salvador Di Stéfano, entusiasta defensor del programa económico del Gobierno.
El último informe de la consultora Equilibra sostiene que “la combinación de tasas elevadas, mayores encajes y menor disponibilidad de crédito puede convertir el amesetamiento de la actividad en recesión, lo cual no se podrá sostener mucho tiempo”.
Impacto social
El otro aspecto es que las decisiones del Gobierno en cuanto a la política de endeudamiento se traducen en un costo social y finalmente tienen rostro humano.
“Teniendo en cuenta que hasta fin de octubre vencen 32 billones de pesos solo de LECAP (Letras de Capitalización del Tesoro) en manos del sector privado y bancos, suponiendo un diferencial de tasas similar al promedio de la última licitación y un rollover (refinanciación) de 90 por ciento de ese total, el costo financiero de la suba de tasas treparía a 2,6 billones de pesos (0,27% del PBI), monto similar al costo fiscal de la Ley de Emergencia en Discapacidad.”
Recordemos el sainete que se armó en el Congreso por este tema, incluyendo un veto presidencial, rechazado en la Cámara de Diputados de la Nación con más de dos tercios de los votos.
En paralelo, mientras el Gobierno convalida tasas de interés muy elevadas y toda la economía se resiente, el presidente Milei vetó un incremento de 7,2 por ciento a los jubilados y una recomposición de 40 mil pesos en el bono a los jubilados que perciben el haber mínimo, que había votado el Congreso.
Nuevamente, rostro humano versus números fríos de la economía. O mantenimiento del superávit fiscal a base de motosierra y licuación de ingresos, que es lo que se está viendo por estas horas, con el consumo planchado en niveles bajos, y los comercios avanzando en liquidaciones para hacer “algo de caja” y así poder para pagar los gastos fijos.
