Con el atraso cambiario el Gobierno busca que los salarios suban medidos en dólares, pero la política económica va en desmedro de la industria, que es la que paga mejores salarios, registrados y de calidad.
Los planes económicos de Martínez de Hoz, el menemismo y el tándem Milei-Caputo tienen un hilo conductor en la apertura comercial y la liberalización financiera, al tiempo que desatienden sus efectos sobre la producción y el empleo.
Con la economía “planchada” y sin demanda consistente, no hay reforma laboral que valga. Más bien se trata de pérdida de derechos conquistados históricamente y desprotección del trabajo frente al capital.
Tras dos años de encorsetar las cuentas públicas con motosierra, el Gobierno necesita plata para atender los servicios de la deuda. Para eso, avanzará con un programa de privatizaciones que recuerda a los 90.
Con el dólar y el riesgo país en la montaña rusa, la incertidumbre no mermó. Fue necesario pedir nueva asistencia financiera al FMI y un swap de monedas a EE.UU. Y hay dudas sobre cómo sigue la película.
Si hay algo que caracteriza a este año económico es la “malaria” que se ve en la calle, con la gente cortando gastos para llegar a fin de mes o tomando deuda, que después cuesta pagar.
El salvataje de Trump busca mantener a flote un modelo que no encuentra la receta para bajar la inflación, pagar la deuda y mantener viva la actividad económica, todo al mismo tiempo.
La estrategia oficial de bajar el riesgo país para colocar deuda en mercados del exterior quedó en entredicho. En vez de recalcular, el Gobierno quiere profundizar el rumbo.
El Gobierno apuesta a un modelo económico pensado para que cierren los números y se mantenga el dólar estable como principal ancla antiinflacionaria, desentendiéndose de las demandas de la sociedad.
El Gobierno está enfocado en cerrar los números a como dé lugar. Pero la caída del consumo es un indicador de que la economía no marcha sobre rieles.










