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Caras y Caretas

           

¿Tú eres para mí?

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El San Martín de nuestro tenis fue un melómano empedernido y alcanzó un hit inesperado apostando a la música house. Pero su verdadera pasión era el rock. Su asociación con Luis Alberto Spinetta y su banda Dr. Silva son los testimonios más elocuentes de su entusiasmo y dedicación.

Aunque lo reconozcan como el tenista argentino más importante de todos los tiempos, o incluso como uno de los más influyentes a nivel global, Guillermo Vilas es mucho más que un fenómeno deportivo. También fue un melómano fervoroso, un poeta frustrado que grabó discos, un fanático del rock progresivo que se codeó con músicos de culto y dejó, también fuera de la cancha, una huella excéntrica y singular.

El 5 de mayo de 1990, el Estadio Obras Sanitarias –conocido por entonces como La Catedral del Rock– fue sede de una fiesta electrónica insólita para la época: la Warehouse Party, la primera rave de la historia argentina. Entre los artistas convocados estuvo Guillermo Vilas. Con casi 40 años, el “Willy” había dejado atrás el circuito del tenis y se presentaba como músico. Lo hacía para tocar los temas de Milnuevenoventa, su primer disco, con bases house influenciadas por las escenas de Chicago, Ibiza y Mánchester.

“No quisiera que me juzguen como tenista o como un caprichoso. Aquí hay cinco años de estudio y trabajo”, dijo entonces. No era una aventura improvisada. Para ese momento, Vilas ya había compuesto más de 80 canciones, grabado tres discos, armado dos bandas y participado activamente del desarrollo de la escena electrónica local. Había sido fanático de Hendrix, zapado con Ron Wood y Keith Richards, grabado con Pappo y, sobre todo, compartido una entrañable amistad con Luis Alberto Spinetta.

Nacido el 17 de agosto de 1952 en Mar del Plata, Vilas empezó a jugar al tenis a los cinco años, cuando su padre le regaló una raqueta. El resto es historia: una carrera que revolucionó el deporte argentino. Pero fue en los largos períodos de concentración y entrenamiento cuando comenzó a desarrollar su vínculo con la música. Una visita iniciática a una disquería neoyorquina marcó el camino: pidió algo “progresivo” y le ofrecieron un disco de Jimi Hendrix. Ese hallazgo lo conectó con la estética psicodélica, con el universo contracultural de Woodstock, ciudad a la que luego viajaría en busca de espiritualidad y refugio.

IMAGEN ROCKERA

Su look con vincha, pelo largo y actitud desprejuiciada lo acercaba a cierta imagen rockera, poco frecuente en los courts. En los entrenamientos coincidió con el danés Torben Ulrich, un tenista también bohemio, cuyo hijo –un chico que solía ser alcanzapelotas y soñaba con tocar la batería– se llamaba Lars. Ese niño que miraba con admiración al argentino se convertiría, años después, en Lars Ulrich, fundador de Metallica.

El interés musical creció con los años. Durante los 70, mientras alcanzaba la cima del tenis mundial, escuchaba a Lou Reed, Kraftwerk y David Bowie, componía con flauta dulce, tocaba el bongó en plazas y tomaba clases de canto en Buenos Aires y Nueva York.

En 1978, durante una visita al célebre estudio Record Plant de Nueva York, se topó con la banda de hard rock Trigger, descubierta por Gene Simmons, de Kiss. El encuentro fue fortui-to: lo invitaron a presenciar una grabación y terminó aportando palmas en el tema “We’re Not Gonna Make It”. Su nombre, aunque mal escrito (“Guillerno”), figura en los créditos.

SPINETTA, UN ANTES Y UN DESPUÉS

Pero fue Luis Alberto Spinetta quien marcó un antes y un después en su relación con la música. Un recital de Pescado Rabioso en Mar del Plata lo deslumbró y no descansó hasta tocarle el timbre en su casa de Arribeños. Le regaló una raqueta. Spinetta le devolvió el gesto con una guitarra Fender. Desde entonces forjaron una amistad intensa. Vilas le abrió las puertas de la industria estadounidense: gracias a sus contactos, Only Love Can Sustain, el único disco del Flaco grabado en Estados Unidos y su trabajo más polémico, vio la luz en 1980.

El disco lejos estuvo de obtener la repercusión esperada, pero incluye una rareza: la letra del tema “Children of the Bells” fue coescrita por Vilas. El vínculo fue más allá de la música, y Vilas se convirtió en el padrino de Dante Spinetta.

Con el correr de los 80, ya fuera del circuito ATP, Vilas se volcó de lleno a la producción musical. Viajó por Europa y Estados Unidos junto a su novia de aquel entonces, Michelle Tomaszewski, y se sumergió en la movida house y techno. En paralelo, en Buenos Aires, el productor Bernardo Bergeret difundía esos sonidos desde la radio Z95 y el sello ABR, con artistas como The Sacados, Jazzy Mel y DJ Deró. Vilas encontró en él un socio ideal.

LA HOUSE ESTÁ EN ORDEN

En 1990 publicó el mencionado Milnuevenoventa, considerado el primer LP de house argentino. Canciones como “Tú eres para mí” –su gran hit–, “Si quieres amarla” y “Ella es la obsesión” tienen una clara impronta electrónica. Fue el mismo Vilas quien ayudó a montar la Warehouse Party y quien impulsó a muchos de los que luego serían referentes de la escena dance local.

El experimento electrónico rápidamente se diluyó. En 1992 el tenista formó la banda Dr. Silva –un anagrama de su apellido– junto a Julio Sáez, Hugo Racca y Cacho Dárias, con un sonido cercano al hard rock. El grupo lanzó un disco homónimo que incluía temas como “Sexo en tu escote en V”, “Susi Liconas” y una curiosa balada inspirada en una avioneta que escribía en el cielo: “Delfi I Love You”.

En 1994 lanzó su tercer disco, también homónimo, con influencias acústicas y de rock sinfónico. Fue también el debut de su propio sello, Heavy Asociados, con el que pretendía editar poesía leída y proyectos personales. Grabó incluso un tema con Pappo y Michel Peyronel, “Willy Willy Rock & Roll”, surgido de una zapada improvisada en Punta del Este.

Su última incursión musical fue el disco Guillermo Vilas (1998), lanzado de forma independiente. La música nunca fue para Vilas una forma de seguir obteniendo visibilidad: fue una necesidad expresiva y una forma de encauzar sus múltiples sensibilidades.

Escrito por
Claudia Regina Martínez
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