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Caras y Caretas

           

Los primeros años del cine argentino

En 1897, dos años después de que los hermanos Lumière hicieran la primera proyección comercial de cine, en la Argentina se proyectó La bandera argentina, de Eugenio Py.

Las invenciones no son ocurrencias sin motivos, causas ni mucho menos consecuencias. Se trata de procesos que implican ensayos y errores. Eventos que expanden las posibilidades de lo precedente.

Hacia finales del siglo XIX, se sucedían una serie de avances técnicos, en lo que la curiosidad y la competencia eran claves. En Estados Unidos, Thomas A. Edison patentaba un invento tras otro, valiéndose a su vez de otras patentes para perfeccionar sus dispositivos –tenía el capital y la mano de obra especializada para hacerlo–. Uno de ellos, el kinetoscopio (caja de madera vertical, compuesta en su interior por bobinas que posibilitan el movimiento de la cinta de película y en su parte superior externa, posee un visor individual para ver los fotogramas) llamó la atención de los hermanos franceses Auguste y Louis Lumière, quienes se dedicaban a la fotografía dentro de su empresa familiar. Los hermanos hicieron uso de sus conocimientos técnicos con empleo de lo ya existente: tomaron los mecanismos del kinetoscopio y lograron que aquello grabara imágenes y pudiera proyectarlas. Se dio así el nacimiento del cinematógrafo.

Auguste y Louis Lumière.

Al mismo tiempo, en distintos países, otros personajes desarrollaban sus propios dispositivos de proyección. Sin embargo, el cinematógrafo fue el que mayor popularidad adquirió. Ante el público del Gran Café de París, el 28 de diciembre de 1895, los Lumière realizaron la primera proyección comercial. Las imágenes ya no eran estáticas, se movían, cobraban vida a través de ese haz de luz que disparaba aquella máquina a manivela. Esta experiencia colectiva marcó los inicios del cine.

Las producciones pioneras

Poco tiempo después, el cinematógrafo comenzó a ser fabricado y comercializado por varias empresas, y tanto fotógrafos como aficionados de las grandes ciudades del mundo adquirieron el dispositivo. La novedad no se hizo esperar en la Argentina y en el invierno de 1896, en el Teatro Odeón de Buenos Aires, se proyectó un film de los hermanos Lumière.

Eugenio Py.

Por aquel entonces, en la casa porteña de artículos fotográficos Lepage, se vendían cinematógrafos fabricados por distintas compañías. Cierto día, un francés que vivía en San Martín y tenía un taller de fotografía en ese pueblo vecino se empleó en el negocio. Ante su curiosidad, comenzó a utilizar uno de los equipos, filmando sucesos cotidianos de la sociedad de la época. Su nombre era Eugenio Py, y fue uno de los primeros realizadores de lo que luego se transformó en el cine argentino.

El filme La bandera argentina, de 1897, realizado por Py, se considera el primer cortometraje argentino debido a su contenido ya que, si bien existieron otros anteriores, el carácter simbólico de lo filmado fue lo que le brindó tal relevancia. La película mostraba la bandera flameante de la plaza 25 de Mayo de Buenos Aires.

No solo el asombro por capturar el movimiento condujo a Py como a otros realizadores a tomar imágenes representativas, mostrar hechos o símbolos nacionales era parte del imaginario identitario argentino que se construía y necesitaba consolidarse.

Tras las revoluciones y luchas independentistas, así como las guerras civiles posteriores a lo largo de lo que hoy es América latina, para la Argentina era indispensable encontrar aquello que la distinguía del resto. El arte fue de gran utilidad para este cometido. Los retratos de notables personajes como los próceres o pinturas sobre sucesos históricos fundantes posibilitaron encauzar el sentimiento patriótico nacionalista.

La argentinidad al palo

Más tarde, las imágenes cinematográficas en estas incipientes realizaciones estaban a merced de solidificar aquella configuración de la argentinidad. Además, el aluvión de inmigrantes europeos durante las últimas décadas del siglo XIX, con sus idiosincrasias e imaginarios, y el rumbo hacia el Centenario del país, eran los motivos por los cuales se necesitaba reafirmar la identidad nacional. De este objetivo se encargaron las clases políticas dirigentes y los grandes intelectuales de la época.

Pues bien, el film de Py dialogó perfectamente con aquellos deseos. La bandera como símbolo patrio era la imagen representativa del pueblo argentino, de un país soberano y que integraba a todos los habitantes del territorio. Un pueblo que había dejado atrás las luchas y se encaminaba a la idea moderna de progreso.

Las primeras producciones cinematográficas documentaron sucesos en no más de dos minutos; esas eran las posibilidades técnicas del momento. No obstante, fueron suficientes y adecuados para el objetivo al cual se apuntaba. Las proyecciones con contenido simbólico patriótico eran los recursos con mayor difusión para educar el sentimiento de pertenencia a la nación. Asimismo, los films funcionaron para exhibir al resto del mundo la identidad argentina, la idea de lo que era nuestro país. La bandera argentina (1897) posibilitó sedimentar las bases de un cine vocero que proclamó la argentinidad dentro y fuera del país.

Es posible pensar que esa bandera flameante del film es una “imagen síntesis” de todas estas ideas y, a su vez, invita a reflexionar sobre la potencialidad discursiva de una imagen: atraviesa un proceso de configuración, se elaboran sentidos, los adquiere. No solo la bandera es un símbolo, la imagen cinematográfica se construye como tal.

Actualmente no se conservan los 17 metros de película del film de Eugenio Py ni tampoco se conocen copias.

Escrito por
Romina Garay
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