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Caras y Caretas

           

Soberanía, excursión y proyección

Uno de los mayores atractivos de Martín García es el turismo. Desde siempre, pasar allí el día o el fin de semana fue una posibilidad para conectarse con la naturaleza y nuestra propia historia.

La isla es visitada por casi 15 mil personas al año. Conjuga historia nacional y latinoamericana con un inigualable ecosistema natural. El Gobierno bonaerense tiene un objetivo: ampliar su infraestructura para incrementar la capacidad receptiva.

Cuenta con poco más de 180 hectáreas de extensión, 150 habitantes estables, una escuela, un hospital, un comedor y dos campings. Se encuentra a 35 kilómetros de la costa argentina, pero a tan solo tres de la costa uruguaya. Su límite terrestre hacia el norte también choca con el país vecino, puntualmente con la isla Timoteo Domínguez: única frontera seca entre la Argentina y Uruguay. Podría continuarse la descripción, pero este cúmulo de datos cuantitativos es lo que menos caracteriza a “la Martín García”.

Esta isla es la yuxtaposición de dos escenarios que pocas veces se retroalimentan: es historia política y social latinoamericana, pero, a la vez, es una fuente inmensa de riqueza natural. Es el lugar que Sarmiento propuso para centralizar Argirópolis, pero también el espacio por excelencia para avistar más de 250 especies de aves. Es el sitio donde Yrigoyen, Perón y Frondizi fueron recluidos, pero, además, es una ramificación sin muros ideal para apreciar las variedades de flora nativa y exótica en toda su extensión. La isla Martín García es patrimonio histórico y, a la vez, natural.

José David Maciel vive allí desde hace 33 años y actualmente administra el Comedor Solís, un paraje gastronómico casi obligatorio que –como todo en la isla– es propiedad del Estado y lo gestiona mediante concesiones: “Por acá pasan cerca de 12 mil personas al año. La temporada fuerte empieza en octubre y finaliza en marzo. Los visitantes llegan por lancha, en su mayoría, pero también en vuelos los fines de semana; a esos los llamamos ‘aereoamigos’. Cuando empieza el frío, esto se vacía de turistas”.

Maciel tiene la concesión de “cinco + cinco”, lo que le permite administrar el comedor por un total de diez años y lograr una mayor regularización y planificación del comercio. “Además de con el turismo, actualmente estoy trabajando mucho gracias a la obra pública. Eso nos incrementa sustancialmente las ventas”, relata el isleño, haciendo referencia al movimiento de comensales entre semana provenientes de distintos trabajos de la construcción.

Pero ¿por qué tanta obra pública en una pequeña porción de tierra poco habitada? La respuesta es sencilla y acertada: el Gobierno bonaerense tiene el objetivo de que cada vez más gente conozca la riqueza histórica y natural de la isla; aunque para eso es necesario mejorar y ampliar la infraestructura existente. Más y mejores instalaciones y servicios traerán, como consecuencia, un incremento en los visitantes.

Diego Simonetta es el director de Gestión de la isla, organismo que depende del Ministerio de Gobierno provincial: “Todo lo que acá existe es del Estado, y cuando llegamos no estaba en las mejores condiciones. Pero como queremos que todo el mundo venga a conocer la isla tenemos que estar preparados. Por ejemplo, no teníamos servicio eléctrico continuo, entonces realizamos una obra importantísima que fue el parque híbrido solar para darle soberanía energética. También estamos finalizando un nuevo muelle, hicimos la iluminación completa de la pista de aterrizaje, estamos avanzando en una nueva planta de agua potable y otro montón de cosas para los isleños y para quienes la visitan”.

En la misma línea se expresa Maciel. “No hay que ponerse las zapatillas antes que las medias”, dice el administrador del Comedor Solís, haciendo referencia a la importancia de estas obras de infraestructura para luego impulsar, aún más, las cifras del turismo. “Se está poniendo en valor y presentando a la isla Martín García de otra manera, así se va a atraer a otros actores vinculados al turismo”, agrega.

OPCIONES, DISEÑOS Y PASEOS

En la actualidad hay dos estilos de visitantes, y los trabajadores de la isla (que a su vez son habitantes permanentes ya que tienen prioridad absoluta de la mano de obra) los tienen bien diferenciados: los del día y los que se quedan. La oposición hace obvia referencia a la duración de la estadía entre aquellos que se acercan como una “escapada” frente a quienes eligen hospedarse por un par de noches. Pero, también, es distinto el esquema, el diseño del viaje: suelen seleccionarse otro tipo de paseos y atractivos.

El primer grupo realiza un recorrido corto. Generalmente, inician una caminata por el casco histórico, el antiguo Penal de presos generales, el Museo, y hay quienes lo extienden hacia el Barrio Chino y el Cementerio. En el medio, la mayoría se detiene a una parada gastronómica: obviamente, en el comedor de José. Por su parte, aquellos que prefieren dormir en la isla abarcan tanto la visita histórica como la natural. Suelen ir equipados con ropa deportiva, largavistas y cámaras fotográficas, y mentalizados en realizar largas caminatas, paseos en bicicleta, aventuras en kayak por el Río de la Plata o avistaje de aves desde el mirador fronterizo con la República Oriental del Uruguay.

Esta combinación de aspectos históricos y naturales lleva largos años de reconocimientos oficiales. El primero de ellos fue en 1958, cuando se declaró a la isla “lugar histórico nacional” mediante el Decreto 4.718. Años más tarde, obtuvo el reconocimiento en su jurisdicción como “sitio histórico provincial”. Ya para 1969, la isla Martín García fue nombrada “parque y reserva recreativa”, y a fines de la década del 90, a través de la Ley 12.103, se la designó como “reserva natural de uso múltiple”.

“Elegir cuatro o cinco puntos para visitar es imposible. Para mí esto es un museo a cielo abierto, hay que conocerla de manera integral. La historia de Sudamérica pasó por este lugar. Por donde caminás hay historia. Pero, además, ves un cielo lleno de estrellas que no encontrás en ningún lado, porque acá no hay contaminación lumínica. Y si la recorrés de día, observás los cañones, el mirador de la frontera, el museo. Es poco frecuente que conviva tan fuerte lo histórico con lo natural”, asegura Simonetta.

Bajo esta premisa de que todos conozcan la isla es que de lunes a viernes también se realizan excursiones para los alumnos y alumnas de las escuelas públicas bonaerenses, donde además de aprender la relevancia histórica y natural del lugar se profundiza el concepto de soberanía. Es que los habitantes de la isla, sin excepción, tienen en claro que su permanencia posee un deber soberano. “Todo lo que hay acá es de la provincia. Nosotros estamos cuidándola, si no, alguien se la hubiera apropiado”, sostiene el funcionario.

El objetivo de los isleños, de quienes administran los servicios locales y de las autoridades bonaerenses es claro y ambicioso: que cada vez más gente descubra la riqueza de la isla Martín García. Sin embargo, en este camino por multiplicar el conocimiento del lugar surge un punto que ninguno de los actores está dispuesto a negociar: absolutamente nada podrá romper el ecosistema del lugar ni modificar las características de su flora y su fauna. Será cuestión de combinar y convivir encanto, reserva y expansión turística.

Escrito por
Damián Fresolone
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