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Caras y Caretas

           

Las botas cambiaron, la lucha sigue

Ilustración: Maria Laura Zuljevic

La represión de la dictadura quedó atrás, pero no las disputas que atraviesan a los estudiantes. El boleto estudiantil, los centros de estudiantes, la educación pública y la memoria histórica vuelven a estar en el centro del conflicto frente a las políticas de Milei y Jorge Macri.

A 50 años de la Noche de los Lápices, las y los estudiantes de Argentina siguen luchando. Las botas dieron lugar a otro tipo de ataques ya en democracia: recortes en becas, derechos que siguen sin cumplirse, la crisis socioeconómica, falta de inversión, ninguneo de autoridades. O quizás las botas nunca se fueron, sino que se transformaron, y de fondo el poder sigue siendo de los mismos de siempre.

De acuerdo con los últimos censos, realizados durante la gestión anterior, hay en la Argentina al menos 2.600 centros de estudiantes (CE). En julio de 2013 se aprobó la Ley Nacional 26.877, que establece que las autoridades educativas y las instituciones deben reconocer a los CE “como órganos democráticos de representación estudiantil”, además de “promover la participación y garantizar las condiciones institucionales” para su funcionamiento. La idea era no depender de “directivos buena onda”, sino de algo estructural y establecido. En la realidad, con un Estado nacional alejado del territorio, la difusión depende del impulso de cada jurisdicción. La provincia de Buenos Aires (una de las más activas) es la que más centros tiene, con 970. Casi cinco veces más que la segunda en la lista: Entre Ríos. Y 14 veces más que CABA. La mayoría de los chicos desconoce la existencia de la ley.

La falta de mantenimiento de la infraestructura de las escuelas, la desvinculación escolar (profundizada en la pandemia), la crisis socioeconómica, la salud mental y el abordaje de la violencia, la escasez de viandas y la implementación de la Educación Sexual Integral (ESI) figuran entre las principales problemáticas que preocupan a los estudiantes organizados. Entre los logros de estos años sobresalen el Voto Joven y el Boleto Estudiantil, aunque esto último vuelve a estar en conflicto, especialmente en CABA.

MEMORIA Y PRESENTE

Así lo cuenta Fermín Bigatti, vicepresidente del Centro de Estudiantes del Mariano Acosta, en el barrio porteño de Balvanera: “De a poco están sacando ese derecho al boleto estudiantil con jugadas bastante sucias por parte del Gobierno de la Ciudad. No se habla mucho de esto: si tenés 5 faltas en un bimestre pasás a ser alumno no regular, lo cual es un régimen que tiene a los pibes muy preocupados, agarrados del cuello. Si superás las 5 faltas ya no tiene mucho sentido que sigas yendo. Y si perdés la regularidad, perdés el boleto estudiantil. Casi la mitad de los alumnos que conozco tiene que pagar el boleto común, sin el beneficio”.

¿Hay participación hoy en día? “Después de la cuarentena bajó un poco y desde el año pasado (que se empezó a sentir más el modelo Milei) la participación aumentó mucho. Depende de cada escuela, en la nuestra hay mucha concientización. En otras no van a saber mucho de temas como la dictadura o la Noche de los Lápices porque no hay bajada de línea del Ministerio diciendo ‘estos temas se tienen que discutir’. Lamentablemente, porque es algo que debería hablarse, porque fue una atrocidad y un punto cúlmine”.

La RENACE defiende la educación pública, gratuita y de calidad. A fines de junio, estuvieron en el Congreso Nacional para poner sobre la mesa un tema urgente: la salud mental de las juventudes.

“Militar la alegría hoy es revolucionario. Que la escuela sea un lugar donde puedas tener asesoramiento psicopedagógico, que los profesores puedan llegar a fin de mes, que puedas militar con tu centro, que tengas derechos, que te escuchen –expuso Julia, de Córdoba–, pensamos que la política es el mejor lugar para un joven”. Una compañera agregó: “Hoy no quieren pibes formados, militando, que disfruten. Quieren pibes deprimidos, encerrados en sus casas, y sobre todo que estén tristes. Ya no se les dan computadoras, se desfinancian las escuelas… Muchas veces se habla de nosotros, pero pocas veces se nos escucha realmente”.

Una incógnita es si hoy la mayoría de los jóvenes entiende la política como una herramienta de cambio, como se vivía en aquel 2013 en el que se aprobó la Ley de Centros de Estudiantes. A eso se suma la estigmatización de los medios tradicionales cada vez que los chicos realizan protestas o medidas de reclamo.

LA POLÍTICA EN DISPUTA

Micaela Ciura, vicepresidenta del CE del Normal 1 y alumna de 5.º año, enfatiza: “Algo que conversamos mucho con nuestros compañeros es el futuro, la salida laboral. Hay una angustia generalizada de qué va a pasar el día que terminemos la secundaria, sumado al contexto universitario”.

Advierte gran desinterés social y político: “Estamos en una época donde reina la alienación: cada vez más hiperconectados y a la vez más separados y aislados. Se rompió lo comunitario. Sin embargo, igualmente creo que hay un límite. Hoy en CABA de nuevo estamos luchando por el boleto estudiantil. Aunque la militancia haya disminuido, hay una resistencia que estalla cuando hay medidas que tocan lo más básico de lo nuestro. La juventud siempre termina respondiendo”.

Para el 16 de septiembre planean talleres, intervenciones artísticas, jornada de reflexión, momento de encuentro emocional y político, con oradores invitados. Demostrar que los estudiantes que luchaban por el boleto estudiantil “eran pibes como nosotros, y marcaron el rumbo de por qué sigue valiendo la pena organizarse”.

Manuel Díaz, docente de Historia, Geografía y Educación Ciudadana en escuelas públicas del sur de CABA, habla de un cambio de época con el nuevo presidente: “El escenario para trabajar en las escuelas los temas vinculados a los derechos humanos, la dictadura militar, los desaparecidos, cambió. Hay un crecimiento de los discursos negacionistas, que ahora circulan y les llegan a los pibes”.

Al menos un tercio de los alumnos conoce la Noche de los Lápices desde la primaria. Pero hoy pasa algo: los cuestionamientos sobre temas de DD. HH. “Nos encontramos con un escenario nuevo como docentes, en el cual nuestras ideas son cuestionadas por jóvenes, y donde aparecen discursos como cuestionar el número de los 30 mil o usando stickers del Falcon Verde, a veces sin saber qué es –subraya–. Frente a esto, hay muchos colegas docentes que entienden de forma equivocada que tienen el enemigo dentro del aula cuando escuchan algunos de estos discursos, cuando en realidad lo que tienen enfrente son adolescentes en edad de formación. La escuela es el lugar indicado para que los alumnos digan lo que piensan, lo que escucharon en otro lado, que cuestionen. Lo veo como una oportunidad, son planteos que te permiten profundizar en un tema, problematizarlo, devolverles otra cosa, darles otra visión sobre esos mismos hechos que nunca habían escuchado. Es un gran momento poder hacerlos escuchar, por ejemplo, por qué decimos que son 30 mil”.

Escrito por
Gustavo Sarmiento
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