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Caras y Caretas

           

El tercer gobierno de Perón y la esperanza del pacto social

(Original Caption) Argentina's President-Elect Campora. Buenos Aires, Argentina: Successful candidate Hector Campora gives Peronist "V" sign during his first news conference as Argentina's president-elect, here March 13. Campora, handpicked candidate of exiled former dictator Juan D. Peron, takes over the reins of the government from the present military administration during ceremonies May 25.

El tan deseado regreso del líder constituyó un enorme triunfo popular y democrático. Pero encontró importantes dificultades frente a la violencia alimentada por casi 20 años de proscripción y los intereses oligopólicos siempre al acecho.

El ansiado retorno de Perón al gobierno, que había consumido luchas, golpes de Estado, negociaciones y tratativas por años desde su caída, en septiembre de 1955 –con los distintos poderes de facto y “constitucionales” que se sucedieron desde entonces–, finalmente se concretó el 23 de septiembre de 1973, con el impactante triunfo electoral de la fórmula Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón, candidatos a presidente y vicepresidenta de la Nación por el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli). Esta coalición abarcaba una amplia franja del espectro político, integrada por los partidos Justicialista, Movimiento de Integración y Desarrollo, Movimiento Socialista de Liberación Nacional, Conservador Popular, Popular Cristiano, Encuentro Nacional de los Argentinos, Movimiento de la Revolución Nacional y Unión Federal Demócrata Cristiana, y obtuvo siete millones cuatrocientos mil votos, el 61,85 por ciento de los votantes, haciendo el General la mejor elección de su trayectoria política.

En todos estos años, el peronismo se había transformado, conquistando nuevos aliados a derecha e izquierda del espectro político-social argentino. Para comienzos de la década de 1970 se dejaba sentir el fuerte impacto del vasto proceso de modernización económica y cultural de los años sesenta, analizado en sus distintas facetas por múltiples trabajos historiográficos. Por su parte, el triunfo de la Revolución cubana y las experiencias guerrilleras en América latina impactaban también con fuerza, como lo hacían las expresiones del anticomunismo, propias de la Guerra Fría. Los gobiernos militares que se sucedieron desde 1966, crecientemente alienados de unos sectores medios estimulados por la renovación político-cultural, además de hacer frente al fenómeno guerrillero como en otras latitudes, recibieron una creciente resistencia que se expresaría en las luchas y la movilizaciones políticas de estos sectores y de la izquierda del movimiento sindical –las “puebladas” de fines de los 60, iniciadas con el Cordobazo y proyectadas a buena parte del interior del país en los años inmediatos siguientes–. Este contexto propició el masivo ingreso de jóvenes de los sectores medios radicalizados al peronismo, cuya mayor expresión, la Tendencia Revolucionaria, se concretó en la Juventud Peronista (“la gloriosa JP”) y su núcleo armado, Montoneros.

CÁMPORA PRESIDENTE

Ya antes de la elección de Perón, la presencia del convulsionado peronismo se hizo sentir en el triunfo de la primera elección del Frejuli, con la fórmula integrada por Héctor J. Cámpora y Vicente Solano Lima, el 11 de marzo de 1973. Esta, obtuvo el 49,59% de los votos, y el gobierno militar resolvió no convocar a la segunda vuelta prevista por la ley electoral, pues ningún partido lo seguía de cerca. Pese a su legitimidad crecientes dificultades, gran parte de ellas generadas dentro del propio peronismo.

En efecto, el retorno a la democracia no interrumpió la ola de violencia. Ya antes de estos hechos, la represión a la guerrilla no se había mantenido dentro de los cauces legales, y se expandiría con la aparición de grupos de ultraderecha, como la Concentración Nacional Universitaria (CNU), y otros vinculados al aparato sindical. De hecho, un pico de violencia se alcanzó con el retorno definitivo de Perón a la Argentina, el 20 de junio de 1973, cuando cerca del aeropuerto internacional de Ezeiza, bajo las consignas de “Patria peronista” o “Patria socialista”, se enfrentaron grupos de la derecha e izquierda del peronismo en un intenso tiroteo que dejaría numerosas víctimas. Durante la noche, Perón dirigió su primer mensaje al país por televisión aludiendo a los graves incidentes.

Las luchas dentro del peronismo llevaron a la renuncia del gobierno de Cámpora y a la convocatoria a nuevas elecciones generales, en las que ahora sí podía participar el líder del justicialismo, impedido de hacerlo unos meses antes. Las elecciones de septiembre fueron precedidas por multitudinarios actos de apoyo en Buenos Aires, en los que habían confluido las distintas líneas de derecha e izquierda del movimiento. En ellos, se volvieron a escuchar las amenazas por parte de grupos del ala izquierda del peronismo al secretario general de la CGT: “Rucci, traidor, a vos te va a pasar lo que le pasó a Vandor”.

LA GRAN VICTORIA DE PERÓN

Poco después se concretó el primer gran desafío que debió enfrentar Perón luego de su victoria electoral. Por entonces estaba en búsqueda de acuerdos con los dirigentes opositores, cuya figura central era el jefe de la UCR, Ricardo Balbín. Un formidable atentado se produjo no bien obtenido el memorable triunfo en la elección con la que iniciamos este relato. Tan solo tres días después de la misma, se llevó a cabo el asesinato de José Ignacio Rucci, uno de los líderes sindicales fuertes, ferviente admirador y que se reivindicaba leal al electo presidente, a quién había acompañado en su primer retorno al país el 17 de noviembre del año anterior. El espectacular atentado se concretó del 25 de septiembre en el barrio de Flores, cuando al salir de su casa hacia el coche que lo esperaba para trasladarlo a la CGT, fue acribillado de más de veinte balazos, mientras su custodia no alcanzaba a reaccionar. Al igual que los líderes cegetistas Augusto Vandor y José Alonso, muertos en años anteriores, Rucci había sido acusado de burócrata sindical por quienes lo mataron, que postulaban un proyecto de gobierno peronista diferente, conducente a un “socialismo nacional”. Posteriormente, se atribuyeron el hecho las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), otro grupo armado de izquierda peronista, por entonces fusionadas con Montoneros.

Pocos días después, Perón asumió su tercera presidencia, en un contexto político favorable en relación con los partidos opositores, pero adverso en sus posibilidades de manejo de las filas propias. Enfatizó su objetivo de conciliación nacional, e hizo explícito su rechazo a la Tendencia Revolucionaria peronista que había estimulado durante sus últimos años en el exilio. Además, se pronunció por el crecimiento de la economía, del consumo y del aumento del poder adquisitivo de la masa popular dentro de los márgenes del sistema. El manejo del área económica continuó bajo la conducción del empresario José Ber Gelbard, que había jugado un rol protagónico a fines del anterior gobierno de Perón, concluido con el golpe de Estado de 1955.

Más allá del esfuerzo del histórico líder por concretar un gobierno de unificación nacional, las bombas, secuestros y asesinatos de civiles y militares y enfrentamientos con las fuerzas armadas estatales, llevados a cabo por organizaciones tanto de izquierda no peronista como de la que se identificaba dentro de esa tradición, así como los actos de represión ilegal, asociados con grupos terroristas de extrema derecha, como la Alianza Anticomunista Argentina, se prolongarían ininterrumpidamente hasta la etapa final del gobierno peronista, en marzo de 1976, y bajo la subsiguiente dictadura militar. Así, el asesinato de José Rucci fue un punto álgido en una espiral de violencia que, en el marco de la expectativa de un cambio social revolucionario y la “lucha anticomunista” propia de la Guerra Fría, haría imposible las expectativas de renovación democrática que la elección de Perón había abierto en gran parte de la sociedad argentina.

Escrito por
Maria Estela Spinelli
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