El tercer gobierno peronista llegaba con la promesa de buscar la unidad nacional. No lo logró, y el desenlace fue una de las dictaduras más atroces que vivimos los argentinos.
El tan deseado regreso del líder constituyó un enorme triunfo popular y democrático. Pero encontró importantes dificultades frente a la violencia alimentada por casi 20 años de proscripción y los intereses oligopólicos siempre al acecho.


