• Buscar

Caras y Caretas

           

Más que “proxies”

Hamas, Hezbollah and Iran flag together on a textured background. Relations between Iran, Hezbollah and Hamas concept

Ambas surgidas en la década de 1980, la organización libanesa y la propalestina tienen vínculos con Irán, que han ido fluctuando a lo largo de la historia y de acuerdo con los procesos políticos.

La región de Medio Oriente y Norte de África es un entramado complejo para el sistema internacional, ya que comprende no solo a Estados como los protagonistas relevantes sino también a otros actores no estatales con los cuales los países establecen relaciones de cooperación y enfrentamiento. En muchos casos, pensar a estos actores no estatales como simples proxies —palabra en inglés que significa “delegados”— es quitarles el peso específico que en realidad tienen. Son, más bien, partners, es decir, “socios”, aunque minoritarios, de gobiernos que se disputan el control regional. En este contexto, es habitual pensar a Hezbolá y a Hamas como partners de Irán, aunque las características de uno y otro sean muy distintas. Ambos le permiten forjar un conocimiento y una acción dentro del territorio que, de otra forma, sería inalcanzable para las autoridades iraníes.

BAJO EL SIGNO DE LA GUERRA CIVIL LIBANESA

Aunque el origen formal de Hezbolá podría trazarse a comienzos de la década del 80, en realidad nació de forma algo más desordenada en el contexto de la guerra civil libanesa. La comunidad chiita, marginada de la política nacional, empleada en trabajos de baja calificación y confinada en el conflictivo territorio del sur, donde habitaba junto a la resistencia palestina, había tenido su primavera con el surgimiento de Musa Al-Sadr, un carismático clérigo que había dotado a su secta de una nueva dinámica y mayor organización. La creación de Amal, un partido político que se había propuesto reemplazar a los notables que ocupaban las bancas chiitas de la Cámara de Diputados, vino junto a una renovada presión al gobierno nacional para promover el desarrollo del sur. Amigo de cristianos y musulmanes, Al-Sadr fue la figura política que eclipsó a otros líderes chiitas de su tiempo.

Tras su misteriosa desaparición en 1978 mientras visitaba a Muammar Gaddafi en Libia, el Movimiento Amal sufrió una crisis política de gran impacto. Fue entonces cuando la fracción juvenil del partido decidió romper lanzas con la conducción. En un contexto de auge del islam político, frente al alicaído arabismo que había protagonizado Nasser, la Revolución Islámica en Irán, que tuvo lugar en enero de 1979, ganó terreno como modelo de insurrección. Por entonces, Israel ya había ensayado una primera invasión al Líbano el año anterior, a la que sucedió otra en 1982, donde estableció una zona de ocupación de casi 900 kilómetros cuadrados junto a su frontera.

La Guardia Revolucionaria, el cuerpo iraní de élite que responde directamente al líder supremo, comenzó a armar y entrenar a Hezbolá, que por entonces adoptó su nombre, su filosofía y su forma definitiva. Al término de la guerra civil, mientras se mantenía la ocupación israelí en el sur del país, se establecía otra sobre el resto del territorio en manos del presidente sirio Hafez Al-Assad. Aunque todos los grupos que intervinieron en el conflicto acabaron entregando su armamento, Hezbolá logró conservar el suyo, consagrándose como “la resistencia” a la usurpación del sur. En 1992, bajo la presión de Damasco y en medio de un clima de abstención electoral, fue empujada a participar de las elecciones legislativas por primera vez. La relación entre Irán y Hezbolá se estrechó aún más cuando, en 2005, en medio de protestas generalizadas por el asesinato del ex primer ministro libanés Rafic Hariri, el gobierno sirio ordenó el retiro de los más de cuarenta mil soldados que mantenía en el país desde 1976.

LA NARRATIVA DEL ISLAM POLÍTICO

La relación con Hamas, en cambio, tiene un origen muy distinto. Fundada por el religioso sunita Ahmad Yassin en 1987, durante la primera “intifada” (que en árabe significa “levantamiento”) de la población palestina contra las fuerzas israelíes en los territorios ocupados, surgió como grupo vinculado a la Hermandad Musulmana de Egipto, con una narrativa clerical, propia del islam político. Renegaba, por tanto, de la identidad más laical y arabista que tenía la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), la entidad-paraguas que conducía Fatah, el partido de Yasser Arafat.

La ruptura se hizo todavía más profunda cuando la OLP decidió comenzar a negociar con el gobierno israelí a principios de los 90 y abrió el proceso de paz, lo que le valió el rechazo de Hamas. Allí se presentaron coincidencias con Irán que, junto con la retórica antiisraelí, creía que el camino de las negociaciones representaba un mal acuerdo para los palestinos. Esa situación marcó una profundización del vínculo entre Teherán y la conducción de Hamas. A pesar de los lazos, se presentaron fricciones, por ejemplo en el contexto de la guerra en Siria, donde Hamas apoyó a los rebeldes mientras Teherán buscaba sostener al gobierno de Bashar Al-Assad.

En resumen, aunque ambos se presentan como socios de Teherán, el comportamiento de Hezbolá y Hamas ha sido diferente. Mientras en el primer caso las coincidencias tienen que ver con un trasfondo ideológico desde el origen mismo del movimiento y la convergencia es casi absoluta, en el segundo se presentaron oportunidades de afinidad circunstancial que se mantuvieron en el tiempo a pesar de algunas dificultades en un contexto de mayor autonomía por parte del actor minoritario.

Escrito por
Said Chaya
Ver todos los artículos
Escrito por Said Chaya

Descubre más desde Caras y Caretas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo