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El desafío de buscar una síntesis posible

Las tensiones hacia adentro del Frente de Todos obliga a la política a buscar consensos para poder hacer frente a la crisis económica y para frenar el avance de la ultraderecha.

La experiencia del Frente de Todos es hasta cierto punto inédita para la tradición política argentina. El modo en que se acomodaron las piezas, los principales jugadores para reunificar al peronismo dieron a luz una ecuación innovadora, condensada en la fórmula presidencial que triunfó en 2019. El éxito electoral de la alquimia fue aplastante. Su resultado para gobernar todavía es un enigma. La herencia que dejó Mauricio Macri, la peor pandemia de los últimos cien años y el aumento de la inflación mundial le pusieron al FdT un contexto adverso igualmente inédito.

Las diferencias de visión en una estructura política son inexorables. El punto es que en la tradición presidencialista –y peronista– se saldan reservando para el presidente la última palabra. Después pueden aparecer –como ocurre también en general– las facciones disidentes y las rupturas.

Hoy las tensiones escalan hacia adentro de la coalición gobernante y por ahora nadie saca los pies del plato. ¿Cómo puede zanjar sus debates esta experiencia novedosa? ¿Es posible encontrar una síntesis de las diferentes visiones? Con estos dos interrogantes iniciales, Caras y Caretas consultó al antropólogo Alejandro Grimson, miembro del equipo de asesores ad honorem de Alberto Fernández; y a la socióloga, profesora de la UBA e investigadora María Pia López.

“La Argentina está atravesando una crisis muy extensa. No es más larga que otras que hemos tenido, pero sí es extensa. Empezó en 2018 con la megadevaluación; siguió con la pandemia y después con su impacto en la inflación global. Eso genera un enorme malestar y las consecuencias económicas y sociales que conocemos”, contextualizó Grimson.

“Los debates de ideas deberían tender a fortalecer al Frente de Todos –agregó–. Porque lo que hay del otro lado es lo que están anunciando los candidatos de la oposición: reforma laboral, previsional, achicamiento del Estado y la asistencia social. No se puede perder de vista que hay una diferencia cualitativa entre un debate entre posiciones heterodoxas y lo que hemos vivido en el pasado de manera reiterada.”

López fue directo al punto que, a su criterio, origina la tensión interna del oficialismo. Dio una especial preponderancia a las diferencias de estilo, al modo en que se aborda la metabolización del conflicto político. “Mi impresión es que se discute fuertemente cómo se organiza la economía para ver quién paga los costos del ajuste. Me parece que tiene que ver con el pago de la deuda. No es solo el acuerdo con el FMI, sino cómo ese acuerdo está siendo acompañado con una distribución muy regresiva del ingreso.”

La socióloga también ponderó el contexto global: “El aumento de los alimentos y la energía, potenciados por la guerra, agravan más la situación”.

“Un sector del FdT está pidiendo un giro fuerte en la forma de gobernabilidad –agregó López–. En ese punto chocan dos estilos distintos de construcción política. El Presidente tiene más un estilo de suponer que se pueden zanjar estas cuestiones sin construir confrontaciones, que hay una práctica de la conversación y del consenso, que a mi criterio no estaría resultando”.

La encrucijada

Las posibles soluciones a esta encrucijada del FdT son políticas. Entre las ideas que circulan está la de recrear una mesa política, con representantes de todos los sectores de la coalición, en la que se debatan las decisiones centrales. En el sistema institucional argentino esa mesa jamás podría tener carácter vinculante. Sin embargo, podría lograr un peso político que, de alguna forma, haga más horizontal la decisión final, que es el dilema que tiene la coalición gobernante.

“Es necesario encontrar un método para poder procesar, y, de ser posible, sintetizar, las diferencias y los debates –dijo Grimson–. En un sistema como el argentino, por otra parte, cualquier frente necesita que haya un presidente fuerte para poder dar las peleas contra los poderes fácticos. Uno de los problemas que tenemos es que a veces contraponemos cosas que necesitamos complementar.”

El académico destacó: “El desafío colectivo es encontrar el método que permita encajar las piezas del rompecabezas y generar una síntesis. Ese método podría ser una mesa, pero es central que ayude a fortalecer al Presidente”.

López indicó que “antes había una mesa de los lunes. Ahora se intenta revivir esa hipótesis. Esa mesa no afectó la construcción de decisiones del Ejecutivo, que siguieron en manos del Presidente. Hay algo que no me convence. Era una mesa chica. No se planteó el nivel de la conversación pública y con ejes más claros de debate. El kirchnerismo comenzó a discutir en público el tema de la deuda de un modo tardío. Habían pasado dos años. Y la explicación que se dio por esa tardanza fue que antes no había suficiente información. Por lo tanto, la mesa no funcionó”.

“Tendría que haber habido más pedagogía política sobre lo que implicó asumir esa deuda –agregó la investigadora–. Y también que quede más claro quiénes la tomaron y cómo. Eso no se hizo y, mientras tanto, existía esa mesa chica.”

López volvió a darle un lugar central en su análisis a la visión sobre el abordaje del conflicto político: “Tengo una imagen muy clara: Alberto realmente sostenía que la grieta era un problema, como si se tratara de un tema discursivo, de estilo, y no tuviera hilos comunicantes con los antagonismos sociales. Hace unos días el dueño de Arcor se sentó con el Presidente en una mesa amigable y un rato después aumentó los precios”.

El presidente Alberto Fernández y la vice presidenta Cristina Fernández en las escalinatas del Congreso. Foto NA

Y mientras tanto

Mientras el panperonismo se debate a sí mismo, la derecha crece. Se multiplica en todas sus formas y expresiones. Se amplía desde la supuesta moderación hacia el extremismo. Se instala en los medios del establishment como hegemonía cultural inevitable. Es el iceberg emergiendo a pocos metros del Titanic.
“Hay un problema real en el crecimiento de la extrema derecha en el mundo –señaló Grimson–. Comparativamente, en la Argentina inició después. Si vemos lo que ocurre en nuestros países vecinos, no solamente están entre los más votados sino que son opción de gobierno. Es un proceso global y estoy seguro de que hay thinktanks que producen ideas enlatadas. Se van instalando los temas de la ultraderecha. Se replican frases y eslóganes en los distintos países. La inflación que estamos viviendo es global y el crecimiento de la ultraderecha también.”

En ese contexto, Grimson puso el acento en la necesidad de torcer la tendencia regresiva de la distribución del ingreso. “El problema distributivo es máxima prioridad porque todas las crisis sucesivas afectaron la distribución. El aumento de los alimentos golpea en todos los sectores, pero mucho más en los populares”.

La socióloga, en tanto, atribuyó el crecimiento de la extrema derecha, parcialmente, a la desmovilización política. “Me parece complejo desperdiciar en el orden de lo colectivo el efecto de la movilización, que no es solo callejera. Es retirarse del debate público y de los espacios de organización, aunque el Frente no tiene espacios conjuntos. Pasó el 25 de mayo y no hubo ninguna convocatoria. Pensemos en lo que fue el Bicentenario”, dijo, y agregó: “Esa desmovilización parecía algo exigido por la pandemia y ahora parece una decisión. Hay una ausencia de interpelación a los cuerpos y las palabras”.

“Hay una derecha que crece sobre la base de un enunciado antipolítico –agregó López–. Si eso conmueve a ciertos votantes es también por esa distancia que se pone entre la política, los modos de hacer política y la vida del común. Entonces viene alguien por derecha para hablar de una casta. (Javier) Milei también es un síntoma de la crisis que hay del otro lado, en cuanto al desgajamiento de ese vínculo entre la política y el resto de la población.”

El iceberg sigue allí, a pocos metros.

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Demián Verduga
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