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“Boric es un hombre con vocación, talento e inteligencia”

Ilustración: Jung!
Ilustración: Jung!

Radicado en la Argentina desde 1975, cuando debió exiliarse, Patricio Contreras es uno de los más queridos actores latinoamericanos. Siempre fiel a sus convicciones, analiza el triunfo del progresismo en su país y la incidencia que podría tener en el ámbito de la cultura.

Quería ser poeta, pero terminó consagrándose como actor. Su vocación por las letras –desalentada por un profesor– había nacido en la adolescencia, cuando frecuentaba talleres literarios en su Chile natal, un país, asegura Patricio Contreras, en el que todos sus habitantes “tienen arrestos poéticos”. Rumbeó para el teatro e integró la compañía independiente Ictus hasta 1975, cuando la dictadura de Augusto Pinochet hizo que se mudara a la Argentina.

De este lado de la Cordillera participó de los tres ciclos organizados por Teatro Abierto, aquel movimiento cultural que le hizo frente a la dictadura militar argentina a inicios de los 80, en pleno régimen de terrorismo de Estado. Sus prácticas las sufrió en carne propia en 1976, apenas un año después de haber llegado a Buenos Aires: lo detuvieron y fue sometido a una falsa ejecución. Al parecer, Contreras se salvó por haberles dicho a sus secuestradores que era actor y que estaba ensayando una obra con figuras reconocidas, entre ellas, Soledad Silveyra.

La fama le llegó con la serie televisiva Buscavidas, que le valió el Martín Fierro como mejor actor en 1988 por su interpretación de un vendedor ambulante emigrado de Chile. Participó en muchas tiras, pero es, fundamentalmente, actor de teatro y de cine, muy reconocido tanto en América latina como en algunos países europeos. Tal vez por haber vivido la primavera socialista de Salvador Allende y el cruento golpe de Estado que dio inicio a la dictadura pinochetista, Contreras es en la Argentina una indiscutida referencia a la hora de hablar de cultura y política chilenas. De cara a la asunción del gobierno progresista de Gabriel Boric, dialogó con Caras y Caretas sobre los desafíos de este nuevo ciclo en su país.

–¿Cuál es su mirada del proceso sociopolítico de Chile en los últimos años, en particular desde la revuelta popular de 2019, el proceso de inicio de la Convención Constituyente y la elección de Gabriel Boric como presidente?

–Lo de 2019 fue una conmoción. Y lo más impresionante fue vivirlo casi en directo, ya que estaba grabando una serie en Chile. En principio parecía una travesura, una insolencia de estudiantes de secundaria que saltaban los molinetes del subte. Pero al día siguiente tomó otra dimensión, hasta que ese movimiento de personas de distintos estratos y colores políticos logró lo que nadie hubiera podido un año antes: la Convención Constituyente. Había una necesidad de cortar con esa atadura que significó la Constitución de Pinochet. Desde que se fue del poder, se hicieron pequeños remiendos, pero no eran suficientes, porque era un mecanismo infernal.

–¿Qué cambios se dieron en la sociedad chilena, bastante apática a la hora de votar, para que en sólo diez años un dirigente estudiantil llegara a la Moneda?

–La salud, la educación, las jubilaciones y los sueldos siguieron siendo muy deficientes a pesar de la recuperación de la ocupación. Y aumentó la brecha entre los que ganan bien, un porcentaje mínimo que se lleva la torta, y la indignidad de lo que ganan los trabajadores. Ahora el pueblo dijo basta y consiguió un cambio. Es curioso y bien impresionante el triunfo de Boric. Evidentemente, es un hombre con vocación, talento e inteligencia. Su ventaja es una gran experiencia como militante de lo social, por lo tanto, puede hacer un gobierno interesante, si bien la derecha ya está preparándose para menoscabarlo. El primer deber que tiene es lograr la aprobación del plebiscito de la Constitución.

–¿Considera que va a ser aprobada por los ciudadanos?

–Realmente no lo sé. Creo que van a tener que hacer un gran trabajo y demostrar que las propuestas son convenientes. Se habla de algunas absurdas y extravagantes, como que el Estado tenga un solo cuerpo que gobierne el país, es decir, que se eliminen los tres poderes. Además, la derecha difunde información para bombardear este proyecto. Por lo tanto, el nuevo gobierno debe mantener una expectativa positiva.

–A partir de la nueva Constitución, que pretende ser más inclusiva en varios sentidos, ¿es posible romper con la herencia de la dictadura y sentar las bases de un país más libre, justo e igualitario?

–Creo que será difícil. Pero sí será como marcar una huella y, como dicen en la Argentina, “en el camino se irán acomodando los melones”. En el mejor de los casos, será una aprobación que contará con modificaciones y con la posibilidad de seguir trabajando en ella.

–La influencia del poder económico que acompañó la dictadura de Pinochet sigue vigente. ¿Es posible que intenten desestabilizar al futuro gobierno como lo hicieron con Allende?

–De hecho, se habla mucho de “Chilezuela”. El fenómeno de xenofobia en el norte del país contra los inmigrantes venezolanos puede ser un caldo de cultivo para crear cierto clima de enrarecimiento. Sin embargo, creo que los partidos de izquierda, incluso el centrismo de la Democracia Cristiana, no van a permitir que se avance en este sentido. Por más que la derecha trate de deslegitimar al gobierno, no creo que consiga mucho. Tengo el deseo, más que la confianza, de que eso no pase.

–¿Qué aporte hizo la cultura en este cambio social?

–En Chile hay una idea, inspirada en los años 40 –que todavía funciona–, cuando era un país desarrollista, de que además de la salud y la educación públicas, se considera que la cultura también debe estar al servicio de la sociedad y expresar qué pasa en esa coyuntura. Por ejemplo, a partir de las protestas de 2019 hubo propuestas para que se conservaran algunos murales callejeros a favor del cambio de Chile, pintados por el colectivo Manuela Parra, que se gestó en los barrios pobres de Santiago.

–¿Pueden generarse nuevos espacios para la cultura en esta etapa?

–Los gobiernos progresistas siempre son generosos con la cultura. Y este se perfila como uno muy sensible respecto de estas cuestiones.

–Dado que Chile es un país de poetas, ¿qué poema podría representar el momento histórico que se vive?

–Neruda siempre acierta: “Si hay cuentas que sacar, hay que sacarlas con lo que va a venir y que se asoma. Con la felicidad de todo el mundo y no con el tiempo que se desmorona. Porque así se encadena la jornada y floreciendo seguirá la rosa. No se detiene el hombre en su camino, otro toma las armas misteriosas: no tiene fin la primavera humana. Levantaremos la ciudad dichosa con los brazos de los que ya no viven y con las manos que no han nacido ahora. Es esa la unidad que alcanzaremos y es así como comienza una vez más la historia”.

Escrito por
María Zacco
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