“Soy un gran enemigo de los anticipos y pronósticos, porque es algo a lo que se acostumbraron muchos periodistas, que decían en la previa del debut en el Mundial de Qatar que a Arabia Saudita se la goleaba”, prologa Alejandro Apo un ida y vuelta por donde discurren reflexiones y apuntes de un profundo conocedor del fútbol, que sabe tanto gambetear una pregunta que lo incomoda como clavar en un ángulo, con precisa puntería, una definición sobre estilos de juego.
–Argentina llega campeón. ¿Influye el relajamiento posterior a un triunfo consagratorio?
–Siempre existe el problema del aburguesamiento, la sensación de que el equipo estuvo en las altas cumbres y está en condiciones de resolver el trámite. En 2014, España creyó que, sin renovarse, con la chapa de campeón (Sudáfrica 2010) podía repetir, y se volvió en primera ronda. En 1982, Argentina creyó que alcanzaba juntando los jugadores que presentó (César Luis) Menotti, y terminó debajo de los diez primeros puestos, bien lejos de la Copa que ganó Italia, dirigida por Enzo Bearzot.
–En líneas generales, ¿qué diferencias de funcionamiento se observan entre aquel equipo que alzó la Copa en Qatar y este que llega cuatro años después a revalidar el título?
–Espero, desde la inteligencia de (Lionel) Scaloni, que los jugadores no tiendan a sentirse ganadores antes de jugar, porque nadie gana en las vísperas. Los partidos se atraviesan y cada rival tiene su mérito, por algo están entre los 48 participantes.
–¿Se notan grandes o pequeñas diferencias de preparación y/o nivel entre los jugadores convocados del medio local y los internacionales?
–No me gusta que (Rodrigo) De Paul haya ido a jugar a la “pileta” de Messi en ojotas: una liga como la de Estados Unidos, a la que no le doy la jerarquía que tienen otras en el mundo, y me parece que podría haber aguantado un poco más al Cholo Simeone, que ya sabemos que es un tipo pesado. Jugando las finales en la Champions, hubiese estado dos meses más en el Atlético de Madrid, y después no lo veía más a Simeone, si hablamos de la tranquilidad que necesita De Paul para vivir. Es una señal que me preocupa esa, pero confío mucho en Scaloni, quien ha demostrado que nunca subestima a nadie, porque por algo llegan al Mundial y están en condiciones de armar un lío desde lo táctico y lo posicional, aunque se tenga mucha menos calidad individual.
–Es un mundial atípico y rupturista en varios sentidos (tres sedes nacionales, récord absoluto de equipos). ¿Eso puede traer aparejado un desgaste extra y una exigencia distinta a la concentración habitual en un certamen tradicionalmente acotado?
–Yo prefiero 32 equipos, o menos, en un mundial, pero se va a ver otras selecciones, que, si no están a la altura, igual van a ser complicaciones que los grandes deben superar. Vamos a ver si lo logran.
–¿Podemos trazar un paralelo entre las últimas selecciones argentinas campeonas?
–Comparar el equipo del 86 con el seleccionado actual no me gustaría. Todos saben cuál es mi posicionamiento. Para mí, Maradona es el mejor jugador de todos los tiempos, sin ninguna duda. Lo califico simplemente como el “inventor de la pelota”. Messi es un jugador extraordinario. Comparar cómo jugaban ambas no me interesa. El mérito del seleccionado dirigido por Bilardo es impactante. Fue extraordinario, eliminó a todos los equipos con autoridad. Cuando tuvo dificultades, recurrió al talento y el orgullo de Maradona y la buena predisposición estratégica para resolver la situación.
–Menotti y Bilardo fueron técnicos campeones del mundo con estilos distintos. ¿Cómo ubicamos a Scaloni mediando entre ellos, salvando las distancias temporales?
–El equipo de 2022 se construyó en la competencia con un entrenador que no se escandalizó con la derrota en el debut con Arabia Saudita y dijo que había que seguir concentrados y hacer dos buenos partidos: contra México, que costó más, y Polonia, al que se le ganó bien. Fue mejorando en la competencia, con un Messi en la cumbre, el acompañamiento de (Alexis) Mac Allister, Enzo (Fernández) y después puso a su jugador fetiche, (Leandro) Paredes, faltando pocos minutos en el partido contra Países Bajos. Tuvo mucho mérito ahí el entrenador. Contando con que no pocos dudábamos de su capacidad, porque no había dirigido equipos, solo había acompañado el proceso de (Jorge) Sampaoli (Rusia 2018). Mostró un equilibrio y una sabiduría notables; el técnico fue una pieza clave en el funcionamiento del equipo.
SEGUNDO TIEMPO
“Veo a Francia en un nivel de excelencia. Si tenés a (Kylian) Mbappé y le agregamos (Ousmane) Dembelé, (Désiré) Doué, (Bradley) Barcola, (Michael) Olise… Para mí, Olise va a ser la gran figura del Mundial, si no es Mbappé. Francia se renovó muy bien y además volvió (N’Golo) Kanté, que es un gran mediocampista”, arriesga Apo, sin esconder su admiración por la dinámica táctica y el tratamiento de la pelota, virtudes que los galos, enriquecidos con el decisivo aporte inmigratorio, patentaron como marca registrada de su juego hace generaciones.
“Pero siempre en lo previo, porque el fútbol tiene los sagrados imprevistos y después termina Marruecos llegando entre los cuatro primeros”, agrega.
“No siempre el gol es proporcional a lo que pasa en la cancha. Simplemente sucede. El fútbol es así de injusto y, por eso mismo, casi siempre apasionante”, se explaya.
–No le gustan los pronósticos, pero podemos arriesgar candidatos y “tapados”.
–Croacia estuvo en el podio en los últimos dos mundiales, perdió una final y salió tercero. Ahí, (Luka) Modric es un profesor que le hace pito catalán al almanaque. Le tengo miedo a Brasil, porque siempre es respetable por su fútbol, sus delanteros y volantes, y ahora, con un técnico italiano (Carlo Ancelotti) que conoce perfectamente cómo armar una buena defensa. Fue una decisión muy inteligente buscar a alguien con su experiencia para reforzar un seleccionado que hace varios años que no anda bien. El último mundial lo ganó en 2002, hace veinticuatro años.
–Entonces tenemos a Francia y Brasil…
–A Portugal no lo veo tanto; Inglaterra siempre es peligroso y en el último mundial casi saca de carrera a Francia. (Harry) Kane erró un penal, que pudo haber cambiado el rumbo del partido. Recuerdo el festejo de Mbappé, casi como si fuera un gol propio. España se desconcentra con facilidad. Ese chico, (Lamine) Yamal, les tira besos a las muchachas en las tribunas… Siempre puede haber alguna sorpresa. No quiero anticiparme, porque anticiparse es ir en contra de los grandes partidos de los mundiales.
–¿De qué rivales debe cuidarse Argentina?
–No me gusta Uruguay en un principio, preferiría evitarlo. Como otros seleccionados sudamericanos que tienen una competencia más frecuente con Argentina, prefiero otro tipo de rivales. Aunque le deseo que le vaya bien, porque está Bielsa.
–¿Cuánto pesan, por un lado, el factor mediático y, por otro lado, la conexión e identificación emocional con la Selección nacional?
–A la Argentina la veo peleando en la conversación grande, no le exijo otro título mundial, aunque claro que lo celebraría. Creo que Francia está en el momento justo para volver a ser campeón. Pero el fútbol te puede dar un cachetazo. No vayan a decir después que Apo estaba loco…
