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Caras y Caretas

           

“Ese gol de Diego cambió mi vida”

Foto: Rocío M. Gonzalez

Víctor Hugo Morales recuerda el relato más famoso de la historia del fútbol argentino y el impacto emocional de aquel partido contra Inglaterra. También habla del presente del periodismo y del clima político mundial.

A Víctor Hugo, un nombre que no necesita apellido, siempre se lo ve activo. Es una tormenta de proyectos, de ideas. En vísperas del próximo mundial, avanza entre recuerdos de su relato más famoso –el golazo de Maradona a los ingleses–, la Copa del 86 y tantos momentos compartidos con Diego. Se cumplen cuarenta años de aquel “barrilete cósmico” con el que emocionó a generaciones de argentinos y va por otra aventura profesional con la pasión que no ha perdido.

–¿En qué consiste la propuesta ya periodística de La pelota no se mancha?

–Voy a hacer un programa para Telesur heredado de los tiempos de Diego que se llama La pelota no se mancha. Lo haré instalado en México. Esa será mi presencia en el Mundial y esto me permitirá, del 78 para acá, haber ido a todos los mundiales, aunque en alguno no pude relatar, como el de 2018. Hoy tampoco puedo porque los costos que Torneos y Competencias me fija son muy altos. Pasó en Brasil 2014, cuando pidieron 250 mil dólares y en la radio me dijeron: “No podemos pagarlo, no hay forma”. Pero después me enteré de que vendían los derechos por 80 mil o 40 mil dólares, y a una radio FM se los dieron gratis. Es decir que el tema pasaba por sancionarme. Así y todo, eso me convirtió en un tipo récord de los goles argentinos en campeonatos del mundo. Tengo encima los tres títulos de Argentina relatados y los mundiales juveniles. Es decir, una campaña bien amplia.

–¿Entendés que hubo una especie de censura?

–Censura, sí, claro. Los que hablan de libertades saben perfectamente cómo sancionarte. No me quejo mucho de esto porque sé que yo mismo me la he buscado. Entonces, el calavera no chilla. Si alguna vez surgió comentarlo, lo comenté, pero no tengo bronca porque entiendo cómo es el juego. En el momento en que ellos pudieron, me cortaron los víveres.

–¿Cómo será La pelota no se mancha, pero esta vez sin Diego?

–En 2014 y 2018 lo hicimos con Diego; en Qatar, con Sorín. Pero una figura se torna muy cara para Telesur en este momento. Entonces lo vamos a hacer con Alexis Szewczyk, compañero y amigo mío de C5N que fue llamado directamente por Telesur, y con un invitado. Alguien que diariamente pueda hablar del Mundial. Ese va a ser el programa, naturalmente con la modestia de un canal que no va a tener imágenes de goles ni de nada. Depende de la creatividad que tengamos. Con Diego era mucho más fácil porque representaba más que todas las imágenes que pudiéramos conseguir del Mundial. Fue para Telesur un esfuerzo grande, pero muy exitoso. Ahora las cosas cambiaron porque la situación de Telesur es muy compleja. Yo me adhiero con mucho gusto porque les debo ese recuerdo formidable de mi vida que fueron los programas con Diego.

–¿Te hubiera gustado relatar este mundial tan conflictivo?

–No hay una expectativa tan alta con este campeonato del mundo. Es un torneo que no entiendo: un mundial en tres países, con ciudades entre sí separadas por enormes distancias. Una gran contradicción con lo que fue Qatar, que era tener un campeonato del mundo prácticamente en una sola ciudad. Ahora no lo siento con la emotividad que suele tener un mundial. El mundial está en manos de los latinos, pero a los norteamericanos todavía no les entra, me parece.

–A cuarenta años del Mundial 86 y del relato histórico del gol de Diego a los ingleses, ¿qué balance hacés hoy?

–Siempre es de una inmensa gratitud. Un episodio mágico de mi vida. Un toque divino para mi vida de Diego y de las circunstancias que rodeaban aquel partido con Inglaterra: porque era Inglaterra, porque aquel gol de Diego fue fantástico, porque había resistencia en el estadio contra la Argentina y además porque nosotros, en el equipo de Radio Argentina, éramos de los pocos que apostábamos por ese seleccionado. Todo eso explotó en una pasión, en una emoción que me atravesó totalmente.

–¿Cómo la describirías?

–La recuerdo como un golpe eléctrico, de estar agarrado al micrófono y que después del gol tuve que separar los dedos para poder soltarlo por la entrega nerviosa que significó eso. Así que digo: gracias a la vida, gracias a ese gol, porque es indudable que cambió mi vida.

–Incluso se recuerda más que las tres finales relatadas con Argentina campeón del mundo.

–Cuando se le ganó a Alemania la final, la emoción no alcanzó el mismo nivel de lo que significó el partido con Inglaterra. Fue muy crucial en la vida de la Argentina. Era Inglaterra, venía después de la guerra, estaba el recuerdo de Malvinas… No sé, pero era el partido por el terror que teníamos de perder de nuevo, por lo que significaba para el país y por lo bien que se ganó, además. Fue un momento maravilloso.

–En aquella Argentina gobernaba Alfonsín, veníamos del Juicio a las Juntas de 1985 y hoy es presidente Milei, mientras se reivindica el terrorismo de Estado. Aquel país y este país, ¿qué te sugieren como idea?

–Un gran desencanto de que las cosas sean iguales, salvo que en lugar de militares tenés al poder real, al mismo poder económico que avaló el golpe de Estado del 76, la misma secuencia de lo que llamamos el círculo rojo, el establishment. El golpe fue cívico-militar, pero ahora es cívico-democrático, aunque un golpe también. Estamos viviendo en las mismas condiciones y están haciendo lo mismo, pero más profundamente desde lo económico.

–¿Qué proyecto profesional te queda por cumplir en tu larga trayectoria como periodista, relator y analista de la realidad?

–No tengo nada para molestar al futuro. La vida fluye y así está bien. No tengo ninguna inquietud salvo la de hacer mi trabajo con mucha pasión todos los días. Pero si deseara algo, si pidiera algo, sería un majadero. Más no puedo pedir. La vida no me debe nada.

–Vas a cubrir el Mundial de Estados Unidos, un país que se desinteresó por este deporte durante décadas. ¿A qué atribuís este interés actual?

–Es un mundial marketinero, pensado en función política y económica. No me gusta que sean 48 los equipos; la primera fase no tiene sentido. No es un mundial querible, entregado a este poder atroz, a esta ultraderecha que recorre transversalmente al mundo y que tiene su epígono en Estados Unidos a través de la figura de Trump. El Mundial transcurrirá en tiempos de Trump, el tipo más nefasto de la historia de la humanidad y que probablemente solo Hitler supere. Un hombre directamente cruel y, al mismo tiempo, imbécil. Imaginate la inauguración del Mundial al mismo tiempo que el ICE anda cazando latinos que tendrán que demostrar que llegaron recientemente para poder ver el torneo. Imaginate el discurso de Trump en la inauguración. ¿Cuál sería? ¿Cómo vamos a soportarlo? ¿Cómo vamos a soportar su relación con Infantino? Va a ser un mundial difícil de sobrellevar.

Escrito por
Gustavo Veiga
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