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SE DICE DE MÍ

La vida de Oesterheld inspiró numerosos trabajos en cine, televisión y gráfica, al igual que El Eternauta, la más emblemática de sus creaciones.

Fue más que un guionista de historietas, fue un artista. Héctor Germán Oesterheld vibró a la par de sus creaciones hasta fundirse en ellas, fuera un corresponsal de guerra o un héroe colectivo no exento de miedo pero emperrado en hacerle frente a una invasión alienígena. En la construcción de cada uno de esos personajes estaba él, con sus luchas internas, sus convicciones y su narrativa inspirada. La ficción se nutría de la realidad o, mejor dicho, la realidad elegía a la ficción para revelarse, y también rebelarse.

El documental H.G.O., dirigido y escrito por Víctor Bailo y Daniel Stefanello, se propuso la tarea de reconstruir la figura del escritor a través de la palabra íntima de quienes lo conocieron. Ni siquiera los entrevistados estaban seguros de que la suma de testimonios alcanzara para trazar una pintura exacta del personaje; y sin embargo, a partir de sus recuerdos, comienzan a llenarse los espacios en blanco en torno a la figura de Oesterheld. Las imágenes y las palabras que conforman esta película no siempre son complacientes, hay también reproches, dudas, emociones que de tan humanas resultan conmovedoras.

Sin tener nada que ver, aunque comparta al personaje y a sus ideas, Germán. Últimas viñetas fue el pensamiento ficcionado del autor de El Eternauta. A lo largo de trece episodios, emitidos por la TV Pública en 2013, la serie dirigida por Luciano Saracino construyó un mundo en el que Oesterheld se habría sentido muy cómodo. Miguel Ángel Solá aportó tonos y sensibilidad a su sentir. “Esto no es un juego. Y si esto fuese una historieta, al final aquí ganan los malos. No se meta en problemas”, le aconsejaban al protagonista, y este, con sonrisa de resignación, respondía: “Ya me metí en problemas cuando decidí dedicarme a esto: a jugarme por lo que escribo”. El artista, el militante, el referente, todos pasaron por el guion –también escrito por Saracino–, que no sólo describió al hombre sino también a su época.

En el libro Los Oesterheld, a todo lo anterior se sumó un acercamiento al padre de familia. La biografía escrita por Alicia Beltrami y Fernanda Nicolini reconstruye de manera brillante el devenir del grupo familiar, sus antecedentes y legado, a la vez que reafirma su destino trágico. Como las propias autoras definieron al momento de su lanzamiento, la búsqueda era sobre “esa esencia que lo convirtió en un símbolo”.

Por su parte, el periodista e investigador Felipe Ricardo Ávila hizo un exhaustivo análisis de la obra del autor en los dos tomos que componen Oesterheld y nuestras invasiones extraterrestres. Este ensayo se ocupó de diseccionar y celebrar la creatividad conceptual de su protagonista, mediante el examen de su obra, personajes y elementos ficcionales en sus trabajos.

¿UN PROYECTO IMPOSIBLE?

Si bien cualquiera que haya leído la obra de Héctor G. Oesterheld sabe que esta ha sido mucho más que El Eternauta, la excelencia detrás de este clásico lo ha convertido durante años en el oscuro objeto de deseo de cineastas alrededor del mundo.

Adolfo Aristarain fue uno de los primeros en entusiasmarse con la idea de hacer una película sobre la más famosa (al menos para nosotros) invasión extraterrestre. Batalló contra todo tipo de contratiempos hasta que la economía resultante de los años 90 le terminó por sacar las ganas. Era un proyecto carísimo para el cine argentino, por lo que se volvía imperante un sistema de coproducción internacional que habría impuesto condiciones que el director no estaba dispuesto a aceptar.

En 2008, el sueño se volvía posible nuevamente bajo la dirección de Lucrecia Martel. La realizadora se abocó de lleno al guion a partir de la seductora idea de una ciudad en silencio, aclarando en cuanta entrevista dio que su intención era una aproximación a la obra que “nunca podría ser El Eternauta. Porque este ya existe, y es lo que todos queremos”. El proyecto se truncó entre rumores de disputas con los propietarios de los derechos.

Mientras en 2011 muchos creyeron ver en la serie de televisión Falling Skies, creada por Steven Spielberg, demasiadas ideas de El Eternauta como para que fuera producto de la casualidad, el español Álex de la Iglesia intentó romper la maldición con un proyecto que tendría a Ricardo Darín como protagonista. Pero el entusiasmo no alcanzó, y el deseo nuevamente naufragó en un mar de buenas intenciones.

Mientras tanto, en Buenos Aires, se presentaba desde 2007 la puesta teatral Zona liberada, un lúcido acercamiento a la historieta y una perla en las adaptaciones de El Eternauta. Otra curiosidad fue un corto animado inconcluso de 1968 sobre la trama, que iba a tener presentación del propio Oesterheld.

En 2020, la todopoderosa Netflix anunció que finalmente El Eternauta tendría su legado audiovisual. El proyecto en formato serie, retrasado por la pandemia para 2022, estará bajo la dirección de Bruno Stagnaro. Y aunque la ansiedad popular ya habla de Rodrigo de la Serna o Facundo Arana en el rol protagónico, lo cierto es que hay en torno al proyecto un completo hermetismo.

En tanto, fue la música donde más y mejor se pudo expandir el legado de Héctor Germán Oesterheld. En 1995, Daniel Melingo presentó la emotiva “Juan”, último tema de su placa H2O. Más acá en el tiempo, Juan Pablo Maicas se animó al folklore con la sentida “Zamba para Juan Salvo”. También Diego Boris y Cristian Aldana, binomio detrás de la canción “Todos somos Juan Salvo”, tema que fue un bonus track del disco Los Ellos, de 2011, donde una docena y media de bandas independientes rinden tributo a El Eternauta.

A través de su obra, de su palabra y de su persona, Héctor Germán Oesterheld logró el más íntimo de sus objetivos: mantener vivos su pensamiento, sus ideas y su pasión.

Escrito por
Guillermo Courau
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