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“MUCHAS VECES TUVE QUE DECIR QUE NO PARA TENER MI LUGAR”

La periodista Cynthia García, a pesar de haber ganado popularidad en la TV Pública, es una mujer de radio. Pero debió pelearla para ser columnista política en un ambiente de hombres.

Cynthia García recuerda con orgullo sus comienzos, en el pedregoso camino de la producción radial de programas políticos en los años 90.  Su mayor logro fue la entrevista que consiguió con el represor Adolfo Scilingo después de un año entero de llamar por teléfono fijo a la cárcel española donde estaba detenido. Scilingo ya había reconocido su participación en los vuelos de la muerte. Su carrera fue en ascenso a fuerza de trabajo, pero con todas las dificultades que impone el patriarcado en los medios. “Tuve que aprender a decir que no”, cuenta sobre cómo logró que su voz saliera al aire y no para comentar la hora y la temperatura, sino para hacer periodismo político en radio. Hoy, ya de compañera de programa de segunda mañana con quien fuera alguna vez su mentor, Víctor Hugo Morales, recuerda la censura de los años macristas que transformó en lucha al crear un nuevo medio, La García.

–¿Cómo era trabajar en la trastienda de la radio cuando empezaste?

–Empecé como productora para Samuel “Chiche” Gelblung, siempre en programas políticos en radio, en el año 94 o 95, por Radio Libertad. Después, desde Radio Municipal nos opusimos a la entrega de la señal a Daniel Hadad, que la convirtió en Radio 10, porque defendíamos lo público. En esa etapa, para hacer notas teníamos que pedirlas por operador. Siempre tomé como un gran logro de producción sacar al aire al represor y ex marino Scilingo, que fue el único de los militares que habló y rompió ese pacto de silencio al confesar su participación en los vuelos de la muerte ante Mariano Grondona. Estaba preso en ese momento porque el juez Baltasar Garzón siguió la investigación por delitos de lesa humanidad cuando en la Argentina todavía teníamos las leyes de impunidad. Scilingo va a declarar como arrepentido y queda preso en España. Desde ese momento, allá en 1997, yo llamaba todos los días mediante operador de la radio a la cárcel de Carabanchel, donde estuvo alojado varios meses. Y un día lo sacamos en Radio Municipal a la mañana. Llamaban de todos los medios para ver cómo había salido al aire, fue el gran hito de producción de esa época.

–Llegaste a hacer periodismo político en radio sin haber pasado por la gráfica, que es el camino más tradicional. ¿Cómo disputaste ese lugar?

–Hasta 2007 trabajé como productora de radio, y toda la producción era encaminada hacia el periodismo político, pero con todas las dificultades que tenemos las mujeres al aire haciendo periodismo. Siempre había un freno. Yo era la que investigaba, la que generaba el contenido, pero siempre había un conductor varón que finalmente tomaba la palabra. Eran mediados de la década del 90. Recién en 2006 empiezo a hacer periodismo político en primera persona al aire en Radio Continental, y en 2007 arranco con Víctor Hugo, que fue mi salto ya a la comodidad de la columna de periodismo político específicamente.

–¿Cómo lo lograste?

–Diciendo muchas veces que no a otras propuestas. Me plantaba. Me pedían que hablara “como madre”. En Radio Continental hacía una columna con Víctor Hugo y la radio propuso un programa de judiciales. En esa época, Continental era dirigida por la gerencia del Grupo Prisa y había un gerente español que me valoraba en mi laburo. Entonces me propuso conducir junto a dos hombres y hacer investigaciones judiciales. Era una especie de multiplicidad de tareas, que siempre asumimos las mujeres. Armaba un combo, producía, investigaba, editaba y sacaban una investigación al aire en tres minutos con audio, testimonios, cierre y todo. Era la manera de que me aceptaran los temas. Entraba por los temas socioculturales, sociopolíticos, pero la vertiente siempre decantaba en la política. Cuando me ofrecieron esta co-conducción, uno de los conductores, que ha hecho un revisionismo de sí mismo, se opuso y me excluía de las reuniones. Entonces le dije que se lo dijera a la gerencia. Fue y pidió que yo hiciera “una columna más femenina”. Dije que no muchas veces. Y el gerente me bancó. Así que diciendo que no y peleándome logré mi lugar. Pero eso también me generó fama de peleadora o de tener malos modos. El modo es ponerte firme. Lo hice sin plena conciencia de lo que se estaba discutiendo, que en realidad era una cuestión de paridad de género.

–Y una vez al aire, ¿cómo disputaste el espacio?

–Creo que el encuentro con Víctor Hugo fue una posibilidad de enriquecimiento mutuo. Él también, históricamente, estaba rodeado de voces masculinas porque viene del fútbol. Culturalmente está formateado. Pero en 2007, Radio Continental cambia la programación, pone primera a la mañana a Magdalena Ruiz Guiñazú y después a Víctor Hugo, que vuelve al periodismo de actualidad, que no practicaba desde hacía años. Estamos hablando de un tiempo anterior a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Era un Víctor Hugo previo a su conversión en términos de conciencia política sobre el fenómeno de los medios. Bueno, a mí me propone Daniel López, y cuando me encuentro con Víctor Hugo tuve que tener de vuelta conciencia de que si no te ponés firme, si no buscás ganarte el lugar, el lugar no te lo van a dar. Entonces le explico a Víctor Hugo quién soy, de dónde vengo, qué quiero hacer y me pongo firme, porque él no me conocía. Pegamos buena onda, estábamos leyendo los dos el mismo libro, empezamos a hablar de Cuba. Nunca se había planteado que yo hiciera aire porque la propuesta era otra. Le dije que no le pedía una cantidad de tiempo pero que mi trabajo lo hacía al aire y en primera persona. La reacción de él fue increíble, porque me dijo “bueno, ok”. Me explica que su formato era breve, un modo de hacer radio, un formato orquesta que te da la palabra y vos tenés tu solo de violín, que dura minuto y medio. “Bueno, dame mi solo de violín, pero dejame estar al aire”, le contesté. Y fue como una bisagra en mi carrera periodística radial trabajar con Víctor Hugo. Fue un antes y un después.

–Durante los años macristas, cuando te sacaron del aire, ¿cómo fue que decidiste armar tu propio medio?

–La García es una plataforma que dirijo y en la que trabajamos con un equipo que siempre tuvo una nota radial. En paralelo a La García surge la Caput, que es una radio también alterativa de comunicación popular con quienes siempre fuimos como primos y que salía también por streaming digital. Empezamos a abrazar las nuevas tecnologías, que siempre fueron miradas con un poco de recelo por los algoritmos, por los círculos concéntricos de audiencia, por esa idea de que reproduce lo que el otro quiere escuchar. Teníamos que dar vuelta esas estructuras y hacer radio por streaming, y lo hicimos. Por ahí no vamos a penetrar otros segmentos de audiencia, muchas veces nos vamos a quedar encerrados en el algoritmo y otras veces saltaremos el cerco mediático, por eso el lema de La García era romper el cerco mediático.

–¿Cómo construyeron esa audiencia nueva en internet?

–Fue muy efectiva, lo logramos ampliamente. Hasta diciembre de 2015 conduje la primera mañana de Radio Nacional, y además sumamos a los escuchas de Víctor Hugo de Radio Continental también. Y se sumaban los seguidores de 6, 7, 8 de la Televisión Pública; nunca tuvimos problemas para captar público. En la plataforma tenemos alrededor de 600 mil seguidores activos, sin poner un mango en promocionarnos. Nunca invertimos en las redes, sino que siempre las inversiones fueron para comprar equipamiento. Nunca tuvimos déficit de audiencia así que eso estuvo muy bueno, y justamente se llama La García porque queríamos capitalizar la repercusión de mi trabajo y ponerlo al servicio de la comunicación popular. El estigma 6, 7, 8 en un punto nos jugó a favor, porque en el inicio tuvimos mucha repercusión. Nos reíamos con los chicos de La García porque decíamos que éramos los youtubers de 6, 7, 8. En un punto era cierto.

–¿Cómo fue la vuelta al primer amor ahora, en la segunda mañana de la 750?

–La radio es mi medio por definición. Pertenezco a la radio, la radio me define. Extrañé cada día el estudio de radio, los auriculares, el olor de la consola, de ese ecosistema, así que el programa de Víctor Hugo tiene toda una impronta que está muy asociada para mí con mi casa, fue como volver a casa.

–Mirando hacia adelante, ¿cómo analizás la actual composición de género en los medios? ¿Creés que la deconstrucción social llegó al periodismo o que todavía falta mucho?

–Yo creo que falta mucho. Nos tenemos que poner muy firmes en exigir la paridad de la diversidad, y no solamente lo binario, sino por supuesto teniendo en cuenta la diversidad. El hecho de que haya mujeres en los medios tampoco garantiza una mirada de género. La dificultad es por la igualdad y la conciencia de género. Ahora estamos con Víctor Hugo a la mañana co-conduciendo, es la primera vez. Víctor Hugo es mi amigo, mi padre, mi compañero. Entra en otra dimensión la relación que tenemos. Pero yo arranco el día diciendo “buen día Víctor Hugo, buen día compañere”, y al principio hacía ruido, ahora de a poco entra Víctor Hugo y exclama “los chiques, como dice Cynthia”. No es solamente que haya mujeres, sino que es la conciencia de género para que una sociedad pueda correrse de lo binario, del patriarcado. Es una disputa muy fuerte que estamos dando y además es la avanzada de los nuevos feminismos, que no nos dan margen para otra cosa. Tengo una hija de 15 años que me ayuda y me educa en género, así que también es una responsabilidad generacional.

Escrito por
Gimena Fuertes
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