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Caras y Caretas

           

“Siempre la lucha de las mujeres es contra el Estado patriarcal”

06/03/2021; Ciudad de Buenos Aires: A pesar de tener una vasta producción, la teoría feminista sigue siendo mirada como subalterna dentro de la academia donde incluso para hablar de "dominación masculina" se cita a autores varones en lugar de mujeres, afirma la socióloga e investigadora de Conicet Karina Bidaseca, referente de estudios de género. Foto: Eliana Obregón/Télam/MCL

La socióloga y pensadora feminista descolonial analiza la situación de las mujeres en Irán bajo la doble presión del conflicto bélico y el control estatal. Propone una solidaridad desde los Sures que evite la “retórica salvacionista” de Occidente.

“Cuando hay patriarcados que están en guerra, se antepone una duplicación de esos patriarcados. Y allí se refuerzan todas las formas de opresión con niñas y mujeres.” La afirmación de la socióloga y pensadora feminista descolonial Karina Bidaseca interpela sin resquicios sobre la situación crítica de miles de mujeres, niñas y adolescentes desgarradas entre el conflicto bélico de Estados Unidos e Israel contra Irán, y el control institucional de un país donde la policía de la moral vigila a toda la población femenina: 40 millones, entre mujeres y niñas.

Desde el inicio del ataque, el 28 de febrero, cientos de mujeres y niñas fueron asesinadas en todo el Oriente Medio, y millones se vieron obligadas a huir de sus hogares, según informes de ONU Mujeres. Sin acceso a la salud ni asistencia humanitaria, mantienen unidas a sus familias bajo una presión inimaginable: llevan la carga mental, física y emocional de la supervivencia.

–¿Qué dispositivos de autodefensa pueden desplegar las mujeres islámicas frente al binarismo Occidente versus barbarie que plantea el poder hegemónico occidental?

–Tras largas décadas de autoritarismo estatal, no se puede separar la lucha de las mujeres de la lucha contra el aparato estatal patriarcal. De hecho, la policía de la moral sigue existiendo; no permite a las mujeres, que lograron muchos derechos conquistados, ejercer esas libertades, porque la dimensión del colonialismo también se reproduce vía orientalismos. Esto es, el reforzamiento de los fundamentalismos vía Occidente, que es una de mis tesis y que tiene que ver con hasta qué punto Oriente y Occidente se miran en ese espejo.

–¿Y qué imágenes refleja?

–Reproduce fundamentalismos de todo tipo, religiosos, estatales, patriarcales, y de esto se infiere una fuerte restricción de la circulación en el espacio público, lo que denomino “apartheid de género”, nacido precisamente a partir de las resistencias de las mujeres iraníes a esa circulación limitante. Ese concepto lo trabajé en mi libro Feminismos y orientalismo: apartheid de género y retórica salvacionista (El Mismo Mar, 2024). Habría que analizarlo en el sentido de cómo Occidente y Oriente se miran en un espejo y eso implica una fuerte restricción para las mujeres, su circulación y sus accesos a derechos.

CARTOGRAFÍA DE LAS RESISTENCIAS

Investigadora independiente del Conicet en la Universidad Nacional de San Martín (Unsam), Bidaseca también es docente en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA), donde se desempeña como profesora adjunta a cargo en la materia La Sociología y los Estudios Poscoloniales. Género, Etnia y Sujetos Subalternos. En sus cursos y conferencias internacionales sobre estudios de la subalternidad y poscoloniales, feminismo des y poscolonial, y epistemologías del sur, suele plantear que “la colonialidad es una herida abierta que se plasma en los cuerpos como una marca indisoluble”.

–Su mirada sobre las genealogías de las violencias sobre esos cuerpos arma una cartografía de las resistencias.

–Aquí podría agregar el movimiento Mujer, Vida, Libertad, en el contexto de las protestas multitudinarias de 2022 en Irán contra la discriminación institucionalizada hacia las mujeres, adolescentes y niñas, cuando las generaciones más jóvenes se negaron a colocarse el velo (hiyab). Ahí hay una interesante forma de ver: el Islam del Estado y el Islam del corazón, esa diferencia de cómo se construye y cómo siempre la lucha de las mujeres es contra el Estado patriarcal.

Las protestas de Mujer, Vida, Libertad estallaron con la muerte de Jina Mahsa Amini, una joven kurda de 22 años, detenida por la policía de la moral por presunta violación de las leyes del hiyab obligatorio. “A lo largo de décadas de autoritarismo estatal –enfatiza Bidaseca–, no se puede separar esa lucha de las mujeres de la lucha contra el aparato estatal patriarcal.”

–¿Mujeres y niñas continúan siendo los cuerpos-territorios de estas guerras?

–Sin duda. Cuando hay patriarcados en guerra, anteponen una duplicación de esos patriarcados locales, y allí se refuerzan las opresiones con niñas y mujeres. Debemos tener en cuenta que el momento decisivo fue el ataque en febrero, con misiles de la alianza Estados Unidos-Israel contra una escuela en Minab, al sur de Irán, donde murieron entre 165 y 180 niñas. Pero en 2023, en una agresión interna, más de 650 niñas fueron envenenadas con gas tóxico en una decena de escuelas en Irán. Aquel ataque patriarcal y no convencional evidenció que alguien quería que todas las escuelas de niñas se cerraran, lo que refuerza mis tesis sobre la escalada de violencias hacia las mujeres.

–¿En estos escenarios, los feminismos del Sur están en condiciones de escucha y acercamiento a las mujeres islámicas, sin caer en la trampa de las revictimizaciones?

–Claro que sí, debemos hacer esas alianzas tan necesarias, por todas las opresiones que está pariendo este nuevo orden global, en tanto y en cuanto hay muchas mujeres que han tenido que salir al exilio, y en tanto y en cuanto tengamos presente que esta forma de aniquilamiento, la guerra de la otredad, implica acuerparnos, un término tan nuestro del Abya Yala. En ese acuerparnos somos devenires mientras podamos informarnos, mientras no quedemos presas de las fake news o de la desinformación. Podemos solidarizarnos sin exotizar, sin orientalizar a esas mujeres, evitando caer en la “retórica salvacionista”, por medio de la cual las mujeres privilegiadas buscan salvar a esas mujeres del propio patriarcado de sus varones. No debemos confundir que, porque esas mujeres vivan en Oriente o usen velos, sean oprimidas. Y ahí sumo otro debate sobre resignificar el rol de las víctimas.

–¿Cómo deberían ser esas alianzas?

–De igual a igual. Juntas, juntes, escuchando esas voces sofocadas por el estatismo, el terrorismo o el imperialismo patriarcal. Necesitamos fundar en las agendas feministas de los Sures, una solidaridad con nuestras hermanas sin caer en su revictimización, ni en hacerse eco de prejuicios e ideas preconcebidas. Aportar por un paradigma de los derechos humanos que hoy está en declive, en desuso, pero al que no podemos resignar, aun cuando el nuevo orden global desoye casi todo lo que hemos conquistado tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, en términos de baterías internacionales de derechos. Tenemos que ser capaces de formar una humanidad que no se sustente en el aniquilamiento de la otredad, que nos haga humanos en el sentido, en el sentir, en el afecto y en la esperanza de que podemos escribir nuevas narrativas. De eso se tratan estos movimientos que intentan siempre ser pacifistas: que eviten las guerras, que cuestionen esas masacres y los genocidios, que cuestionen los feminicidios.

Escrito por
Roxana Sandá
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