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Caras y Caretas

           

“Cada vez que Occidente interviene en Medio Oriente, se fortalecen los sectores más conservadores”

Teresa Bo es periodista y corresponsal de la cadena Al Jazeera. En esta entrevista cuenta su visión sobre el conflicto en Medio Oriente después de haber estado dos veces en Irán.

Cuando se piensa en la esencia del periodismo, aparece la imagen de un cronista que busca estar en el terreno donde se producen los acontecimientos, incluso arriesgando su vida. De Rodolfo Walsh a John Reed, se trata del narrador que lo último que quiere es estar sentado detrás de un escritorio o dar lecciones de moral frente a una cámara de televisión. Teresa Bo pertenece a esa raza de periodistas. Busca historias y trata de contar “la historia” mientras las balas y los misiles llueven a su alrededor. Es corresponsal de la cadena catarí Al Jazeera. Realizó coberturas durante los conflictos bélicos en Irak, Afganistán, Gaza, Ucrania, entre otros lugares. Visitó Irán en dos oportunidades. Ahora está en Buenos Aires y atiende la video llamada de Caras y Caretas para hablar de los hilos históricos y presentes del nuevo conflicto en Medio Oriente que tiene al mundo en vilo.

–Cuando llegás a Irán, ¿percibís que estás frente a un país que no es solo un país sino una civilización?

–Sí, no solo por el nivel de historia que tiene el país, monumentos, museos, arquitectura. Es algo que está muy metido en la visión que tienen los iraníes sobre sí mismos: que ellos no son uno más. Siempre se consideraron diferentes. Yo fui hace muchos años. Últimamente está muy golpeado por sanciones económicas, pero en mi recuerdo estaba lleno de cafés modernos, personas jugando al tenis. Occidente tiene esta percepción de que todas las mujeres andan con un velo y nada más, aunque sí es cierto que es obligatorio. Hay una población que más allá de vivir bajo un régimen teocrático muy severo va buscando otras salidas.

“Es difícil medir los niveles de apoyo en un país como Irán. Todo está muy manejado por el gobierno. De hecho, ahora, Estados Unidos e Israel se metieron en una guerra pensando que la población se iba a levantar contra el gobierno y eso no ocurrió.”

–¿Qué tanto respaldo popular tuvo en todas estas décadas la Revolución Islámica que gobierna desde 1979?

–Es difícil medir los niveles de apoyo en un país como Irán. Todo está muy manejado por el gobierno. De hecho, ahora, Estados Unidos e Israel se metieron en una guerra pensando que la población se iba a levantar contra el gobierno y eso no ocurrió. Esto no es solo porque el gobierno tenga un apoyo popular importante sino también porque la gente tiene miedo. Hay sectores de la población que apoyan al gobierno y ahora con la guerra lo respaldan aún más. Y no solo porque estén siendo atacados por Estados Unidos sino también por Israel. Se hicieron estos ataques, pero las estructuras de poder dentro de Irán están intactas. Mataron a Alí Jamenei, pero asumió el hijo. Y con los otros funcionarios asesinados pasó algo similar. Hubo reemplazo y el control de la calle sigue en manos del gobierno.

–¿Qué diferencias culturales hay en distintas regiones o zonas de Irán?

–Incluso dentro de Teherán se ven esas diferencias. En los barrios de clase media y clase media alta se utiliza menos el velo, a las mujeres las educan de otra manera, hay acceso a literatura de todo el mundo. Eso siempre me llamó la atención y no es una excepción en Medio Oriente. Ocurre en varios países. Las zonas más pobres, que en general son amplias, son las más conservadoras y tienen menos exposición a la cultura occidental. Las clases medias altas, que son las que han viajado, son mucho más pro occidentales.

–¿Cómo ves la situación en este momento?

–Hubo muchas protestas en diciembre y enero pasados. La situación es compleja. Hay un deterioro económico muy grande. Lo que sí fue novedoso de las protestas previas a la guerra fue que comenzaron en la zona de los bajtiaríes (una de las etnias más antiguas de Irán) y en esa misma región fue donde se gestó la Revolución Islámica. Es decir que el hecho de que haya habido protestas allí puede ser un signo diferente. Las protestas empezaron por la situación económica. Eso hizo pensar que el apoyo al gobierno se estaba resquebrando. Habría que ver cuántos de esos que salieron a protestar lo harían de nuevo mientras su país está siendo atacado por fuerzas extranjeras. Lo que sí sabemos es que la población no salió a protestar desde que comenzaron los ataques, en parte por miedo y también por otros motivos. La Guardia Revolucionaria está más fuerte que nunca. El ejército regular está en la calle.

–¿Cuando vos lo conociste, era un país muy militarizado?

–No tanto como ahora o como se fue volviendo. Era una teocracia, eso sí. Había mezquitas por todas partes. Se escuchaban los rezos cinco veces al día. En algunas zonas las mujeres estaban muy veladas. Hay algunos análisis que sostienen que con estos ataques el gobierno pasó de ser una teocracia a una dictadura. De todos modos, nunca hubo tolerancia hacia la disidencia, pero eso ahora está peor. El asesinato de Jamenei llevó a que la Guardia Revolucionaria tomara más el control.

–¿El rechazo histórico al Estado de Israel es un fenómeno social, político, o ambos?

–Eso comenzó con la Revolución Islámica. El ayatolá Jomeini –antecesor de Jamenei– tuvo desde el principio la posición de que Israel no tenía derecho a existir como nación. Es algo que se volvió mutuo. Irán representa una amenaza para Israel y viceversa. Es algo que está metido en sectores amplios de la población. No hay que olvidarse de que, a partir de la revolución, hubo una diáspora iraní muy grande. En esos sectores hay otras visiones. Pero obviamente que los ataques de Israel fortalecen el sentimiento de rechazo. Porque uno de los primeros ataques que hubo en esta nueva guerra fue contra una escuela. Mataron a más de 170 personas, en su mayoría niñas, con la excusa de que era un centro de la Guardia Revolucionaria. Obviamente son cosas que hacen que muchas personas, que pueden querer que cambie el gobierno, al mismo tiempo no quieran que su país sea atacado. Además, otra de las consecuencias de los ataques es que ascendieron sectores más extremistas dentro de los distintos estamentos en el Estado, en especial los de seguridad.

–¿Cómo son históricamente los vínculos con Hezbolá, en Líbano, y ahora con los hutíes en Yemen?

–Con todos los sectores chiitas de Medio Oriente Irán mantiene una relación. El actual jefe de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi, tenía una relación muy cercana con Hezbolá. Es un poco lo que señalé antes, desde que empezó la guerra el régimen se radicalizó. Irán está debilitado. Está mucho más aislado que antes y países que podían ser considerados mediadores, como Qatar, se pusieron en contra porque fueron atacados por Irán.

–Vos conocés bastante Washington también. ¿Qué lectura hacés de lo que se debate ahí?

–En Estados Unidos, ya desde la época de Barack Obama, había sectores que planteaban que a Irán no había que atacarlo sino contenerlo. Y que cualquier cambio que se intente de afuera iba a terminar mal. Es algo que demuestra la historia de Irán. El golpe de 1953 contra el presidente Mohammad Mosaddegh, orquestado por la CIA y los ingleses porque había nacionalizado el petróleo, derrocó a un presidente que era culturalmente más occidental. Repusieron al sha, que decidió anular el uso del velo en las mujeres. Y eso, que se suponía que iba a ser popular, fue lo que encendió el principio de la Revolución Islámica. Cada vez que Occidente se mete a decir cómo se tiene que vivir en Medio Oriente se fortalecen los sectores más conservadores.

Escrito por
Demián Verduga
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