Rápidos, precisos y estéticos. Joyas, gemas o diamantes textuales y podríamos seguir con la calificación de Textos cautivos de Jorge Luis Borges (1899-1986), que parece un pensil ornamentado de ensayos bien cuidados, escandalosamente bellos y que demuestran cómo debería ser la crítica literaria, sutil e implacable.

A 127 años del nacimiento de Borges, va esta reseña y análisis a modo de homenaje. Textos cautivos (1986) es una compilación crítica de la ensayística del escritor argentino sobre las colaboraciones que realizó en la revista El Hogar entre 1936 y 1939 publicada por primera vez hace cuarenta años por Tusquets, una bella edición crítica cuidada por Enrique Sacerio-Garí y Emir Rodríguez Monegal. , por parte de la editorial Tusquets. En 1998, la editó Alianza, con reimpresiones posteriores.
Un libro único que parece un jardín cuidado y delicado que tiene su propio cosmos. El orden no interesa porque el lector o lectora tiene opción de leer estos ensayos borgeanos de forma salteada y por qué no crear un laberinto para perderse en un dulce instante memorable.
La antología está dividida en tres partes: Ensayos, Biografías sintéticas y Reseñas.
Ensayos
Este primer acápite cuenta con trece ensayos breves en donde destacan: “Los escritores argentinos y Buenos Aires”, “Cuando la ficción vive en la ficción”, “Kipling y su biografía”, “Presencia de Miguel Unamuno” y “La máquina de pensar de Raimundo Lulio”.
La operación de Borges en este género fue novedosa y vanguardista; es un comentario u opinión que tiene varias formas de narrar esta categoría textual como una anécdota, manifiesto, clase, fábula y las referencias calculadas y precisas. El autor modifica este registro por historia extenso como es el ensayo, lo comprime y lo vuelve exacto.
Por ejemplo, en “Cuando la ficción vive en la ficción”, narra como si fuera un profesor charlando con su clase: “Debo mi primera noción del infinito a una gran lata de bizcochos que dio misterio y vértigo a mi niñez. En el costado de ese objeto anormal había una escena japonesa; no recuerdo los niños o guerreros que la formaban, pero sí que en un ángulo de esa imagen la misma lata de bizcochos reaparecían con la misma figura, y en ella la misma figura, y así (a lo menos, en potencia) infinitamente”.
También cuando analiza, revisa o explica un concepto y utiliza referencias exactas, como en el ensayo “Los escritores argentinos y Buenos Aires”: “Borrajeo estas notas en Adrogué, sin libros de consulta; el curioso lector puede interrogar los eruditos índices de la Historia de la literatura argentina del eminente santiagueño Ricardo Rojas y acumular ejemplos adicionales. Por lo pronto Sarmiento, Alberdi, el deán Funes, Juan Crisóstomo Lafinur, Hilario Ascasubi, Gervasio Méndez, Olegario Andrade, Marcos Sastre, Fernández Espiro. Esta enumeración no es un panegírico de la inútil generosidad de Buenos Aires, desconocida y maltratada por los ingratos”.
Biografías sintéticas
En la segunda parte puede considerarse que Borges refunda un género literario, las minibiografías, tal vez, por su admirado Marcel Schwob (1867-1905) y su maravillosa Vidas imaginarias (1896), que incluye elatos ficcionales de personajes reales.
El escritor argentino construye unas minibiografías de autores que admira y de otros tantos como Virginia Woolf, Evelyn Waugh y Edna Ferber. Estas reseñas de vidas cortas tienen una particularidad: el ensayista siempre tiene un inicio o arranque original acompañado por la fecha de su natalicio o el origen del personaje.
Por ejemplo, de Alfred Döblin: “Casi todos los escritores alemanes son de formación académica. Son hombres que han llegado. Son hombres que han llegado a la literatura por el camino de la misma literatura, o de la teología y la metafísica, Alfred Döblin, no. Nació en 1878, ejerció durante años la medicina en los barrios obreros de Berlín y publicó la primera de sus novelas en 1915”.
De Edna Ferber: “Las diversas novelas de Edna Ferber componen una especie de mitología o de cariños epopeya de los Estados Unidos de América. Cada una de ella abarca una región distinta y una época distinta. Sus héroes no son irónicos y la felicidad no suele ignorarlos, al fin de sus trabajos, lo cual es un escándalo en nuestro tiempo y rompe una de las convenciones realistas. Edna Ferber nació en la ciudad de Kalamazoo (estado de Michigan), en el mes de agosto de 1897”.
Otra variable de este método sintético biográfico de Borges es reseñar brevemente la obra importante del autor o autora lo más precisamente posible como un cirujano cuando opera en el cuerpo de su paciente.
De Virginia Woolf: “En Orlando (1928) también hay la preocupación del tiempo. El héroe de esa novela originalísima –sin duda la más intensa de Virginia Woolf y una de las más singulares y desesperantes de nuestra época– vive trescientos años y es, a ratos, un símbolo de Inglaterra y de su poesía en particular. La magia, la amargura y la felicidad colaboran en ese libro. Es, además, un libro musical, no solamente por las virtudes eufónicas de su prosa, sino por la estructura misma de su composición, hecha de un número limitado de temas que regresan y combinan”.
De Franz Kafka: “Las otras dos –El proceso (1925), El castillo (1926)– tienen un mecanismo del todo igual al de las paradojas interminables del elata Zenón. El héroe de la primera, progresivamente abrumado por un insensato proceso, no logra averiguar el delito de que lo acusan, ni siquiera enfrentarse en el invisible tribunal que debe juzgarlo; este sin juicio acaba por degollarlo. K, el héroe de la segunda, es un agrimensor llamado a un castillo, que no logra jamás penetrar en él y que muere sin ser reconocido por las autoridades que lo gobiernan. No me parece casual que ambas novelas falten los capítulos intermedios: también en la paradoja de Zenón faltan los puntos infinitos que deben recorrer Aquiles y la tortuga”.
Reseñas
En este último capítulo se encuentran compiladas reseñas críticas de libros que el autor leyó. Esta sección de Textos cautivos destaca la capacidad de síntesis breve prolija e implacable que tiene el crítico y escritor argentino, como en el caso de “L’Encyclopédie Française”, una reseña de la Enciclopedia Francesa en tres párrafos: uno largo, uno corto y una sentencia. En el primero trata directamente sobre cómo los tomos fueron publicados y la osadía de los autores por transformar la lengua. Borges destaca: “Otra ‘innovación’ más feliz: las hojas de esta Encyclopédie (como las de cierta Cyclopedia de Nueva York) se pueden desprender y reemplazar, periódicamente, por otras nuevas, que los suscriptores recibirán. La presentación material de los tomos es excelente”.

Otra variable de este acápite es que algunas veces, cuando el autor critica la obra, categoriza la condición del lector. Por ejemplo, en la reseña “Murder Off Miami, por Dennis Wheathley, J. G. Links, etcétera”: “La idea es ingeniosa y puede introducir muchas variantes en el género policial. Me atrevo a profetizar algunas en orden cronológico. Primera etapa: dos retratados se parecen y el lector debió comprender que eran padre e hijo. Segunda etapa: dos retratados se parecen para que el lector sospeche que son padre e hijo, y luego no lo son. Tercera etapa: dos retratados se parecen tanto, que el lector suspicaz resuelve que no pueden ser padre e hijo y después lo son”.
Otra marca en la crítica en Borges en estas reseñas es analizar los procedimientos y el estilo del autor o autora, como en el caso de “El último libro de Joyce”: “Finnegans Wake es una concatenación de retruécanos en un inglés onírico y que es difícil no calificar de frustrados e incompetentes. No creo exagerar. Ameise en alemán vale por hormiga; amazing, en inglés, por pasmoso; James Joyce, en Work in Progress, acuña el adjetivo ‘ameising’ para significar el asombro que provoca una hormiga. He aquí otro ejemplo, acaso un poco menos lúgubre. Banister en inglés vale por balaustrada; star por estrella: Joyce funde esas palabras en una sola –la palabra ‘banistar’– que combina las dos imágenes. Jules Laforgue y Lewis Carrol han practicado con mejor fortuna ese juego”.
Textos cautivos es una especie de jardín delicado crítico literario en donde el orden y la finura de la edición sirve a los lectores y a las lectoras suspicaces para un paseo inolvidable.
