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Caras y Caretas

           

“Los empresarios solo miran hacia afuera y se olvidan del mercado interno” 

Foto: Francisco Kovacic

En su nuevo trabajo, Alejandro Bercovich propone una mirada profunda y descarnada sobre el empresariado argentino en tiempos de financiarización global a manos de una derecha voraz y violenta.

El nuevo libro de Alejandro Bercovich, El país que quieren los dueños –que, editado por Planeta, va por su séptima edición–, busca explicar por qué los históricos dueños del poder en la Argentina decidieron apostar por el estrafalario experimento liberal encabezado por Javier Milei, incluso cuando esa apuesta chocó contra sus propios intereses. “La renta rápida reemplazó a la ganancia”, sostiene el periodista y economista en el capítulo “La gran renuncia”, en el que analiza los motivos por los que los capitalistas argentos corren tras el dinero sin más proyecto que la ganancia y, casi siempre, la depredación en un país en crisis permanente. 

Pero al mismo tiempo la lectura es un crudo testimonio de los orígenes y evolución de una clase dirigente que se trampea a sí misma entre el discurso y los hechos. La carencia de un proyecto propio de Estado y de sociedad, a diferencia de Brasil, y el rol de Uruguay en las nuevas formas de evasión utilizadas por las grandes corporaciones argentinas en los últimos veinte años aparecen descriptas en el libro, integrado por seis ensayos. Cecilia Rikap analiza el fenómeno de los nuevos ricos tecno; Lara Bersten desmenuza con análisis las promesas del yacimiento Vaca Muerta; Juan Odisio revisa la historia de los liberales no tan liberales argentinos; Gustavo García Zanotti explica al Uruguay como cuna de las empresas cáscara de los evasores argentinos, y Augusto Tartufoli, con fino humor, dibuja un colorido lienzo de los ricos argentinos del siglo XXI. Todos invitados por Bercovich.

–¿Estamos ante una radiografía del nuevo ciclo de poder en la Argentina? 

–No sé si del nuevo, pero sí del realmente existente. Lo que buscamos con los demás ensayistas de El país que quieren los dueños es justamente, desde distintos focos, tratar de responder esa pregunta, ¿qué país quieren los dueños? Y hasta qué punto Milei les ofreció algo que calzaba con esos deseos atávicos que a la vez coincidía con un clima de época muy, muy favorable también a la concentración del ingreso que más funcional les resulta a ellos. En ese coro, en ese foco múltiple, lo que intentamos es incluir la mayor cantidad de elementos para que el lector pueda colegir si estamos ante el principio de una hegemonía estable o si es una apuesta que tiene que ver con el momento, una apuesta desesperada, pero unánime a la vez. Porque lo que me motivó a escribir el libro, a juntar a esta gente y a disparar esta discusión, es que la apuesta por Milei fue unánime por parte de los dueños. Y eso en la mayoría de los casos se sostiene, aun pese al daño que esa misma política les infligió a ellos. 

–Los dueños del poder y el salto tecnológico del siglo XXI, ¿van por la eliminación del Estado? 

–Sí. Y es algo realmente interesante esto. Porque es el Estado el que históricamente les sirvió a ellos para la acumulación. El Estado, como lo ve siempre, históricamente, el análisis materialista histórico, con la contradicción más la crítica hecha en América latina, fue el Estado que Marx y Engels describen en el Manifiesto comunista, cuando dicen que es el comité ejecutivo de los asuntos de la burguesía en su conjunto. El gran capital ha usufructuado ese Estado, lo ha usado para dirimir sus diferencias, se ha apoyado en él, lo ha utilizado para negociaciones comerciales y, sin embargo, en algún punto, en el último cuarto de siglo la élite argentina empezó a ver al Estado como un rival y decidió que había que achicarlo de golpe. 

–¿Cuál es tu hipótesis de lo que puede venir para la sociedad y para las clases dominantes con este Estado rebanado? 

–Es el gran límite que veo en este proceso para que esta clase dominante se constituya en dirigente y construya en torno de sí una hegemonía duradera. Estamos ante una clase dominante que no reparte nada. Es una acumulación puramente depredatoria. El problema de este reseteo que propone Milei y que compraron los dueños del país es que solo miran hacia afuera y todos olvidan la importancia del mercado interno. 

Foto: Francisco Kovacic

–¿Cómo llegaron los empresarios en la Argentina a aceptar este capitalismo depredatorio de Milei? 

–Hay una secuencia que debería haber terminado en otro lado, pero nos trajo a Milei. La salida de la convertibilidad, que habían creado el menemismo y Cavallo, generó tensiones entre los poderosos, el gran capital y la clase política, que terminó en el estallido de 2001 y la frase “que se vayan todos”, que incluía a los empresarios también. Frente a ese abismo, el poder económico cerró filas y aceptó la reconstrucción del Estado planteada por Néstor Kirchner bajo la frase “quiero un país normal”. Pero una vez que se reconstruyó parte de esa normalidad con una autoridad y empezó el crecimiento, volvió la puja por el excedente. ¿Quién se queda con eso? 

–El gran capital financiero, en este nuevo siglo… 

–Sí, claro, pero bajo una nueva forma, bajo un velo que pretende distorsionar y simular. El desacuerdo que interrumpió el ciclo de crecimiento entre 2003 y 2015 fue sobre cuál debería ser el tamaño del Estado. Pero el punto siempre es quién se queda con ese excedente: el gran capital o los trabajadores. Y ahí surge otra pregunta sobre la gobernabilidad: ¿hasta qué punto la democracia puede incidir sobre el rumbo productivo de la sociedad, del país, y su patrón de acumulación? Eso está en serio riesgo hoy.  

–¿Hay en la Argentina algún candidato o proyecto que tenga en cuenta el largo plazo? Proyectos como el desarrollismo de Arturo Frondizi, el industrialismo de Juan Perón o incluso a menor escala el proyecto de Hipólito Yrigoyen de una sociedad menos conflictiva. ¿Esta época no permite los plazos más largos? 

–Creo que más que la época el problema de no poder pensar en el largo plazo es un problema de Occidente, un problema del capitalismo contemporáneo. Me tocó hace poco conocer China y, más allá de que la perspectiva histórica para todo Oriente y en particular para China es distinta que la que tenemos nosotros, ellos piensan en dinastías lo que nosotros pensamos en décadas. El problema de la no planificación es un problema muy inherente a la lógica capitalista en esta época. Pero lo que me parece que sí está haciendo crisis nuevamente es la combinación de democracia y capitalismo que se creyó eterna en la década de 1990, pero que ahora engendró a todos estos monstruos tanto en el sur como en el norte.  

Escrito por
Fabián Kovacic
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