• Buscar

Caras y Caretas

           

Crónicas desde el exilio

Ilustración: Martín Fleischer

La distancia forzada atravesó la vida y la obra de Osvaldo Soriano. Entre Bélgica y París, la imaginación fue refugio y forma de resistencia.

El célebre historiador y periodista Osvaldo Bayer narró alguna vez una historia protagonizada por Osvaldo Soriano y los patos de un lago de Bruselas. Cuenta que, en ese país, Soriano solo pudo conseguir un trabajo: contador de patos. Cada día debía informar a la municipalidad cuántos patos y cisnes había en el lago. Pero como la cantidad permanecía siempre exacta, el escritor temía que su empleo perdiera sentido y lo despidieran. Entonces negoció con un joven estudiante peruano para que se llevara cada tarde un par de patos. Consiguió así que su rol de contador tuviera sentido para la gestión belga. Y logró además tener un menú para compartir cenas con su amigo. Eso sí: los patos asados resultaban un poco duros.

“Lo que nunca supe –diría Bayer en una entrevista– es si la historia era cierta o es una prueba más del poder de la imaginación de Osvaldo”. Los patos existían: estaban en el lago frente a la casa de la calle Palmerston, en Bruselas, adonde Soriano pasó la primera etapa de su exilio, tras las amenazas de la Triple A en 1975 y el golpe de Estado de 1976. Si el resto ocurrió o fue una invención sorianesca, queda en el misterio. Pero la anécdota tal vez permita condensar los siete años de exilio de Osvaldo Soriano: reúne la extrañeza de esos tiempos, los datos pintorescos tomados del entorno con mirada de cronista, la imaginación entrelazada con todo lo anterior y la necesidad de impregnar con tono risueño una época oscura de distancia obligada.

NOSTALGIA TENAZ

En 1975, bajo el gobierno de Isabel Martínez y la inminencia del golpe, Soriano acababa de terminar la novela No habrá más penas ni olvido, sobre la puja entre sectores del peronismo. Para entonces ya había pasado como periodista por las redacciones de Primera Plana, La Opinión, Noticias y El Cronista Comercial. La censura y la persecución política le pisaban los talones. “Él decide irse a Bruselas porque tenía un amigo allá que se había radicado. El Gordo estaba entre los que sostenían que acá no se iba a poder estar”, contó alguna vez el dramaturgo Roberto “Tito” Cossa.

Viajó por primera vez antes del 24 de marzo, regresó a la Argentina unos meses después y volvió a partir. “Que yo sepa –dijo su par Mempo Giardinelli– Osvaldo nunca estuvo feliz en el exilio. Se acomodó como nos acomodamos todos, pero no era un viaje turístico: viajábamos por miedo, salíamos porque teníamos miedo. Entonces había siempre esa especie de nostalgia tenaz por el país, ese interés desesperado que todos teníamos”.

Tras una primera etapa en Bélgica, un paso por Estrasburgo y unos días en Essen con Bayer, el exilio continuó en París, desde 1978. A mediados de ese año se mudó con su compañera, la joven francesa Catherine Brucher, a quien había conocido en Bruselas. Compartían el hábito de dormir de día y trabajar de noche: ella como enfermera, él como escritor. Para entonces, él ya estaba corrigiendo una novela icónica de los años de exilio.

CUARTELES DE INVIERNO

“Busco un título desesperadamente y no hay nada que hacer. Estoy pensando en La última pelea, pero me parece banal y descriptivo; Rochita hace acordar demasiado a Rocky, el boxeador del film; Serenata de otoño, demasiado romanticón; Tango de otoño no me dice mucho; Estos días, entre nosotros me gusta más, pero no sé qué carajo quiere decir aparte de eso mismo; y por fin Cuarteles de invierno, que haría referencia a lo obvio y además a la decadencia y final de Rocha, el boxeador. Decime qué te parecen y si se te ocurre algo”, le escribió Soriano a Cossa en 1978, según plasmó Ángel Berlanga en su biografía sobre el escritor.

Para su colega Ricardo Piglia, Cuarteles de invierno podría considerarse la mejor novela escrita desde el exilio sobre la dictadura, aunque no se centre explícitamente en el tema. “Porque no es un libro con una denuncia directa, ni cuyo contenido explícito esté ligado a las atrocidades y a los horrores que conocemos. Es una metáfora concentrada en el enfrentamiento de ese boxeador que se ve obligado a luchar, en una pelea decisiva, con el hombre que había elegido el Ejército. Hay mucha gente que narra bien la historia, pero son muy pocos los capaces de construir en una historia sencilla un sentido suplementario. A mi juicio, ese es el gran mérito de la obra de Soriano”, definió.

El exilio de Soriano fue también plataforma para la denuncia. Entre noviembre de 1979 y julio de 1980 se publicó Sin Censura, periódico escrito por periodistas e intelectuales que escapaban de la persecución política y buscaban quebrar el cerco informativo de las dictaduras latinoamericanas. Fueron solo cinco números, pero por el peso de sus plumas la publicación dejó una marca importante en el periodismo regional. Además de Soriano escribieron Julio Cortázar, Hipólito Solari Yrigoyen, Carlos Gabetta, Oscar Martínez Zemborain y Gino Lofredo, miembros del comité de dirección, así como Matilde Herrera, coordinadora de redacción.

“Con Soriano y Cortázar nos veíamos los tres muy a menudo; de vez en cuando también participaba Hipólito (Solari Yrigoyen). Éramos los cuatro que vivíamos en París y creo que la idea salió de uno de esos encuentros”, contó Gabetta a la revista Haroldo. “No era un periódico para ser leído en el extranjero, sino para que entrara en los países que estaban bajo dictaduras. En Europa lo leían quienes lo compraban. Venían tres mil ejemplares a la Argentina, mil a Uruguay, mil a Bolivia, mil a Paraguay, dos mil a Chile; también iban a México. Todos países donde había censura”, recordó. En América Latina circulaban de forma gratuita y había un sistema de distribución complejo para que pudieran llegar a destino.

Ya con la dictadura en retirada tras la Guerra de Malvinas, Soriano viajó a su país en marzo de 1983 para participar de la Feria del Libro. Retornó definitivamente en 1984, bajo el gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Ese año se publicaron en el país seis ediciones de Cuarteles de invierno. Y tanto por escribir.

Escrito por
Luciana Rosende
Ver todos los artículos
Escrito por Luciana Rosende

Descubre más desde Caras y Caretas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo