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Caras y Caretas

           

“Vilas se hizo un lugar en la élite a base de triunfos y personalidad”

Eduardo Puppo es periodista, historiador e investigador del tenis argentino, y uno de los protagonistas del documental de Netflix que, sobre su trabajo, busca hacerle justicia a Vilas en el ranking de la ATP.

Es periodista, historiador, investigador especializado en tenis. Eduardo Puppo nació en 1957 en San Isidro. Podría decirse con certeza que se trata de un pionero. En 1980, con 23 años, lanzó la primera publicación en el país especializada en tenis. Se llamaba Tie-Break, un nombre inspirado en el método de desempate utilizado en el tenis cuando un set queda 6 a 6.

Es uno de los protagonistas del documental de Netflix Vilas. Serás lo que debas ser o no serás nada, centrado en la investigación que el periodista ha hecho desde 2007 para que la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) reconozca que Guillermo Vilas fue el número uno del mundo en 1977. El reclamo se basa en que luego se modificó la forma de calificar el ranking y que la ATP reconoció, sobre esa base, que la australiana Evonne Goolagong había sido número 1 durante dos semanas en 1976, desplazando a la histórica Chris Evert.

Puppo trabajó como periodista en diecisiete países. Realizó más de cien coberturas internacionales, con más de sesenta torneos del circuito Grand Slam y ochenta etapas de la Copa Davis. Hace más de una década lanzó un libro totalizador: Historia del tenis en la Argentina. Son tres tomos en coautoría con el periodista Roberto Andersen.

En esta entrevista con Caras y Caretas, el periodista, a quien muchos definen como el biógrafo de Vilas, repasa el legado del hombre que puso al tenis argentino en la cima del mundo.

–¿Cuál es la principal huella que dejó Vilas?

–De acuerdo con todo lo que sucedió después de sus irrupciones, la primera en 1974, cuando ganó el Masters en Melbourne; la segunda, en 1977, cuando arrasó en el circuito, considero que su marca principal es la forma en que cambió un deporte en un país. El tenis se convirtió en una atracción más para las personas que seguían el deporte. Se comenzó a hablar de tenis los lunes en las oficinas junto con el fútbol o el automovilismo. También provocó una revolución industrial con los elementos de tenis: canchas, periodistas, revistas, aficionados, afiliados a la Asociación de Tenis.

–¿Puede decirse, entonces, que hizo del tenis un deporte más popular?

–Claro. Aquellos golpes tan fuertes desde lo deportivo, que se tradujeron en una atracción mediática, desembocaron sin duda en un vuelco masivo hacia el tenis. Si bien no era fácil ni barato acceder a todo lo que implicaba jugar al tenis, poco a poco la industria nacional se adaptó y comenzó a fabricar desde raquetas hasta indumentaria específica. Esto logró acercar más a quienes no tenían un poder adquisitivo alto. Ojo, el tenis siempre tuvo seguidores en el país, la central del Buenos Aires Lawn Tennis se llenaba y quedaba gente afuera en las Copa Davis. Venían a jugar los mejores del mundo. Vilas lo llevó a un escalón más alto de popularidad, ayudado por sus triunfos constantes y con el tenis ya profesionalizado.

–¿Cómo era el tenis, a nivel internacional, en la época en que a Vilas le tocó lo que podría llegar a la cima?

–Sus mejores años en el circuito coincidieron con grandes rivales. Estaban en su plenitud Jimmy Connors, Björn Borg, John McEnroe, Vitas Gerulaitis, Adriano Panatta, Manuel Orantes y tantos otros. Por eso tal vez –y como pasa en todas las épocas– no ganó más de lo que ganó. Siempre hay tapones difíciles de superar y a él le tocaron monstruos que comenzaban a resaltar las estadísticas, con los primeros récords de torneos grandes ganados, los majors, que, como es lógico, fueron superados por las siguientes generaciones. En ese momento, en los años 70 y 80, Vilas se hizo un lugar en la élite a base de triunfos y personalidad.

–¿Qué diferencias había con el tenis de hoy?

–Considero que cada época debe ser evaluada en su contexto, sin comparaciones que no llevarían a nada. Como me dijo Vilas para la biografía: “No se puede comparar un tenista de 1900 con uno de 2000. Hay cien años de evolución. Si me ponen contra el Federer de 2005 y yo con todo lo mejor mío de 1977, pierdo 6-1 y 6-2”. Creo que eso resume un poco el tema. Para mí cada época está marcada por sus dominadores y son, en conjunto, los mejores de todos los tiempos.

–¿Se puede hablar de una “escuela Vilas” en los tenistas argentinos que vinieron después?

–No existió como tal, pero sí se puede decir que su estilo marcó un rumbo, el de los efectos, el del juego de fondo, la defensa, el passing-shot, la entrega, los entrenamientos interminables. Él consiguió imponer su estilo de una manera brutal, contundente. En un momento dominó el circuito de canchas lentas. Logró 53 victorias consecutivas en 1977, algo que es difícil que se supere. Es un récord vigente. Muchos tenistas que lo siguieron generacionalmente siempre invocaron que se inspiraron en Vilas y, por caso, en su revés. Por eso los tenistas argentinos siempre tuvieron un revés muy bueno, más allá que la evolución llevó a que sea pegado a dos manos.

–¿Qué lugar ocupa Vilas en la historia del tenis internacional?

    –Como ya dije, hay que ubicarlo cerca del Big-Three de su momento: ganó menos torneos del Grand Slam que ellos, pero estuvo junto a ellos peleándoles títulos y ganándoles. Es uno de los grandes de su época, sin ninguna duda.

    Escrito por
    Demián Verduga
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