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Caras y Caretas

           

“Hay que hacer una alianza entre cacerolas y libros”

Claudia Albornoz.

Referente de La Poderosa, Claudia Albornoz conversó con Caras y Caretas sobre los padecimientos de los sectores populares y la necesidad de tender lazos para ofrecer resistencia al ajuste.

Hubo un hecho fundamental en la historia de Claudia “la Negra” Albornoz, sucedido incluso antes de su nacimiento. Fue la creación de un barrio santafesino, a finales del segundo gobierno peronista, que constaba de ocho chalets por manzana, al cual decidieron nombrar sin mayor creatividad “Barrio Chalet”. Allí nació ella en la década del 60, y allí nacería también su liderazgo como referente barrial, tras la gran inundación de 2003 que cubrió casi por completo las casas, luego de décadas de desidia gubernamental para generar una infraestructura que evitara el desastre. Claudia fue una de las vecinas que trabajó codo a codo para sortear el trauma, y al poco tiempo se sumó a la organización social La Poderosa, de la que hoy es su principal vocera, tanto en su barrio Chalet como en otro centenar de barrios populares, desde donde administran a lo largo de todo el país comedores populares, merenderos, espacios de apoyo escolar y casas de refugio de mujeres y disidencias frente a la violencia machista.

En diálogo con Caras y Caretas, Albornoz señala que La Poderosa continúa muy activa, hermanada con el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) de Juan Grabois, y llevando adelante las asambleas de los sábados para debatir acciones de inserción política, económica y social, junto a un fuerte trabajo de comunicación en redes sociales, un observatorio villero coordinado por un economista villero, y la ambiciosa proyección de impulsar la organización a nivel regional. Sin embargo, el primer año de gobierno de Javier Milei fue un duro golpe para su gente y la organización, pues si bien no eran grandes receptores de planes sociales –recibían unos 60 mil del millón doscientos mil que se entregaban–, hoy cuentan con un 30 por ciento menos en cantidad, mientras que los que continúan recibiéndolos perdieron un fuerte poder adquisitivo, al punto que no cobran más de 78 mil pesos mensuales, lo que sumado al hecho de que ya no se exige una contraprestación laboral, llevó a muchos beneficiarios a dejar su labor en La Poderosa para realizar otras changas que les permitan recuperar el poder adquisitivo que perdieron los planes.

Así, La Poderosa debió cerrar el último año cuarenta de los 150 centros que atendían, como consecuencia de la total quita de envío de alimentos por parte del gobierno, como así también discontinuar la impresión de su célebre revista de papel, La Garganta Poderosa, cuya portada incluía todo tipo de celebridades locales y mundiales, debido a los altos costos de impresión. Pese a ello, Albornoz sostiene que lograron convenios con municipios y provincias, acuerdos con donantes privados y agencias internacionales, y generación de fondos propios con rifas o huertas, para reemplazar parte de la ayuda que recibían de Nación. Así pudieron mantener parte de la estructura de la organización, incluyendo los sueldos de los 35 cooperativistas redactores y diseñadores, volcados ahora por entero a internet, donde La Poderosa también supo insertarse de forma pionera en paralelo a los libertarios, bajo el lema de enamorar más a las juventudes que están todo el día detrás de un teléfono y con las redes.

Como referente territorial, Albornoz es la indicada para narrar la actualidad de los barrios populares, sobre los que señala: “Una cosa que se puede ver es el avance del narco, yo visité Bogotá y ya veo parecidos. Porque empieza a haber pocas salidas en los barrios populares, aquí generalmente los hombres trabajan en la construcción y en changas, que bajaron enormemente, y las mujeres en servicio doméstico, cobrando 1.800 pesos la hora, con un boleto de dos mil pesos para viajar. Y eso hace que nos dejen en manos de transas, porque si bien el narcomenudeo no te hace rico, tal vez te permite tener un aire acondicionado o un auto. Y los narcos están queriendo hablar con nosotros para asistir a los comedores, lógicamente jamás los aceptamos, pero otros comedores sí lo hacen, por lo menos en Rosario, aunque no en todos lados, ya que por ejemplo en provincia de Buenos Aires el gobierno reemplazó los alimentos que Nación quitó”. Y añade: “La violencia también avanza, con cada vez más policías, pero sin que baje la delincuencia, porque además hay complicidad policial, así que la situación es cada vez más parecida a la de otros países de la región”.

Este panorama, agrega Albornoz, se complementa con la nula atención del gobierno: “No tenemos diálogo con el gobierno nacional, que además nos estigmatiza. Por eso creemos que nuestra comunicación y visibilización es muy importante, la idea de deconstruir el imaginario que forman los medios hegemónicos, sobre todo en relación a una clase media que tiene mucho miedo de caer en la pobreza y fantasea mucho con lo que somos. Entonces tenemos que demostrar que no somos vagos, que solemos de hecho ser trabajadores de triple jornada, que es en nuestras casas, en lo comunitario y en el mercado”. En este sentido, señala que muchas personas que viven en los barrios populares “tienen hasta cinco trabajos para sobrevivir, lo cual dificulta lo colectivo, que era algo muy enraizado en los barrios populares, la idea de cuidarnos entre nosotros, pero eso se está rompiendo frente a lo que propone Milei, que es un ‘don pirulero’, sálvese quien pueda, y solo”. Y agrega: “La meritocracia acá no existe porque se sale de diez pasos atrás, y son las condiciones de un país las que generan que crezcamos o nos caigamos en pedazos, como hoy nos pasa”.

–¿Pudieron anticiparse a lo que iba a suceder en las elecciones de 2023?

–Sonaba mucho Milei en los jóvenes, frente a la ausencia del Estado en ese momento, y que casi no teníamos ningún tipo de respuesta de parte de un gobierno que se decía nacional y popular. Nosotros hacíamos grandes esfuerzos para que entendieran nuestro trabajo, pero las respuestas eran a cuentagotas. Desde el Ministerio de Desarrollo Social, Victoria Tolosa Paz te denigraba, se planteaba que había que sacar planes, y nos dejaba en un lugar de mucha impotencia, mientras en el Ministerio de las Mujeres tampoco había mayor respuesta, y esto se tornó insoportable. En el medio, de todas formas, hubo cosas buenas y puntuales que hoy ya no están, como la Subsecretaría Integración Socio Urbana gestionada por Fernanda Miño, que se hizo con la plata del Impuesto a la Riqueza, y nos permitió a los vecinos trabajar en las obras de mejoras en los barrios. Eso fue impecable, hubo barrios con cambios impresionantes, y permitía además dar trabajo.  

–Llama mucho la atención la falta de protestas callejeras, ¿a qué cree que obedece?

–Hay varias cuestiones, la movilización por los comedores vemos que no genera empatía en gran parte de la clase media, que repite el discurso de Milei y los grandes medios. Sin embargo, sí tuvo impacto lo de la universidad, lo que nos da la pauta de que hay que hacer una alianza entre cacerolas y libros, porque además para nosotros la educación es fundamental. El otro tema es el aparato represor de la ministra Patricia Bullrich, porque el ajuste entra con represión, y es por eso que les pegan a los jubilados y a todo el mundo. Y eso implica miedo, además del cansancio de gente que trabaja en cinco lugares y no quiere ir a que le peguen. Por último, el mismo hecho de que las movilizaciones sean menos masivas desincentiva y deja con menor defensa a la gente, pero creo que es cuestión de esperar, porque esto va a explotar en algún momento.

–¿De todos los gobiernos que vivió durante su militancia a partir de 2003, rescata a alguno?

–Néstor y Cristina tuvieron ideas maravillosas, como la Asignación Universal por Hijo hecha por ley, que hace tan difícil sacarla, pero tuvieron también entornos que lamentablemente ensuciaron esas ideas, por ejemplo asesores de legisladores que ponen trabas en el camino en lugar de ayudar a que se realicen las cosas. Lo demás tuvo que enfrentarse con mucha mayor lucha.

–Como feminista, ¿cómo ve el pasado y presente de este movimiento?

–Yo me defino feminista villera, que es diferente a ser feminista. Durante mucho tiempo nuestra voz no se escuchó, el movimiento feminista tiene muchas intelectuales que nunca entendieron esta realidad, y el hecho de que las primeras debemos ser las que tenemos hambre. Pero la ley del aborto trajo una comunión, pudimos hablarnos y salimos juntas a conseguir esa ley, que evitó muchas muertes. Y en esta integración, por ejemplo, el año pasado marcharon las cocineras al frente de todo el movimiento, por lo que creo que estamos integradas mediante pactos que nos dan más fuerza. Sabemos también que los libertarios nos apuntan y esto es otro motivo para juntarnos, aunque sea desde el espanto.

–El caos de la inundación de 2003 los llevó a organizarse y salir adelante. ¿Este presente socioeconómico permitirá lo mismo?

–En efecto, la inundación de 2003 permitió organizarse, y en este nuevo caos estamos aprendiendo a acomodarnos, primero con el diagnóstico sobre la vieja política que nos trajo a esto, y luego con nuevas vinculaciones y diálogos para intentar sobrevivir. Creo de hecho que el poder popular va triunfar, que este gobierno se va a caer, que por ejemplo la estafa de las criptomenedas está despertando a varios, y de hecho vemos que muchos de sus votantes de los sectores populares están aprendiendo, al ver lo descartables que somos para un proyecto que nos está explotando cada vez más, con el objetivo de que los ricos sean más ricos a costa de los pobres. Eso creo que lo aprendimos, y tenemos la esperanza que se quiebre el discurso y el personaje, pero hay que esperar con organización.

Escrito por
Julián Blejmar
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