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Caras y Caretas

           

Toda Madre es política

Hebe de Bonafini fue un símbolo de la resistencia a la dictadura, pero también un faro de militancia durante todos los gobiernos democráticos que le siguieron.

“Madres, así no conseguimos nada. Nos mienten en todas partes, nos cierran todas las puertas. Tenemos que salir de este laberinto infernal que nos lleva a recorrer inútilmente despachos oficiales, cuarteles, iglesias y juzgados. Tenemos que ir directamente a la Plaza de Mayo y quedarnos allí hasta que nos den una respuesta”, dijo Azucena Villaflor de De Vincenti –según reconstruyó Ulises Gorini en su libro La rebelión de las Madres–. Con ese impulso la lucha de un pequeño grupo de madres que exigía saber qué había hecho la dictadura impuesta en 1976 con sus hijas e hijos desaparecidos se acercó a Casa Rosada.

Corría el año 1977. La historia ya es conocida: el sábado 30 de abril catorce mujeres estaban reunidas en esa plaza cuando un policía se acercó y les ordenó “circular”. Los dictadores no permitían reuniones en lugares públicos. Ellas (Azucena, Berta Braverman, Haydée García Buelas, María Adela Gard de Antokoletz, Julia Gard, María Mercedes Gard, Cándida Gard, Delicia González, Pepa Noia, Mirta Baravalle, Kety Neuhaus, Raquel Arcushin y dos mujeres más de las que no se conocen sus nombres) acataron. Comenzaron a caminar en círculo alrededor de la Pirámide de Mayo. A partir de entonces decidieron hacerlo una vez por semana, todos los jueves. En abril próximo, ese andar cumplirá 48 años sin pausa.

Días después de aquella primera marcha, se sumó Hebe de Bonafini. En febrero de 1977 había sido detenido-desaparecido su hijo Jorge. A través de la madre de un preso político se enteró de las reuniones en Plaza de Mayo y viajó desde La Plata para sumarse. Su primer contacto fue con Azucena.

Tés de señoras gordas

Poco antes de cumplir 90, Hebe recordó cómo se fue gestando la organización de las Madres de Plaza de Mayo: “Todo fue saliendo. No era nada programado, nada previsto. No había oficina donde reunirse. La reunión se hacía siempre los jueves en la plaza. Nos pasábamos datos, una carta acá, una carta allá. Y así fuimos haciendo las cosas. Por tres años no tuvimos dónde reunirnos: ni oficina ni casas. Una iglesia, un museo, el zoológico. Todos eran lugares públicos donde suponíamos que pasábamos desapercibidas”. Después comenzaron los “tés de señoras gordas”; así describió Hebe las reuniones en las casas. Ella puso la suya en La Plata.

En octubre de 1977 se realizó la tradicional peregrinación católica a Luján, única actividad masiva permitida por entonces por el gobierno dictador. Para identificarse, las Madres se pusieron sobre la cabeza los pañales de tela que habían usado con sus hijos de bebés. Así nació el símbolo del pañuelo blanco, emblema que se transformó en un símbolo eterno.

El 6 diciembre de ese año, cuando las Madres juntaban dinero y firmas para publicar una solicitada que difundiera lo que estaba pasando, fue detenido-desaparecido otro hijo de Hebe, Raúl. La decisión de alzar la voz se mantuvo. El texto se publicó en el diario La Nación el 10 de diciembre. El mismo día, una patota de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) secuestró a Azucena. Era el Día Internacional de los Derechos Humanos.

“Cuando secuestraron a las Madres todas las familias dijeron: ‘Dejen, las van a matar a todas, no van a aparecer’. Fue una batalla con nuestras propias familias porque el miedo es una cárcel, pero nunca pensamos en dejar”, contó Hebe pocos meses antes de su muerte, según citó la periodista Luciana Bertoia. En otra entrevista, aseguró que jamás sintió miedo: “Uno no piensa en uno. Eso es así para siempre”.

Dos sendas paralelas

En agosto de 1979, Hebe fue elegida como presidenta de las Madres. En los 80 y sobre todo tras la recuperación de la democracia comenzarían a crecer las diferencias entre dos grupos. Hebe entendía al espacio como una organización política, defendía la lucha como algo colectivo y la quita de los nombres en los pañuelos blancos. También estaba en contra de las exhumaciones de los cuerpos reclamada por el resto del movimiento de derechos humanos.

La lucha era compartida, pero las discrepancias crecieron. En 1986, luego de fuertes cruces en torno al rol de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) y al desempeño del gobierno de Raúl Alfonsín, un grupo se distanció y nació Madres de Plaza de Mayo Línea fundadora, con Nora Cortiñas y Taty Almeida al frente. Hebe continuó a la cabeza de la Asociación Madres de Plaza de Mayo.

Las dos líneas se afianzaron con sus distintas miradas. “Con todo –resumió Memoria Abierta– a lo largo de estos 40 años de lucha (hoy casi 50), las Madres intervinieron en diferentes situaciones de conflicto y vulneración de derechos, al tiempo que se constituyeron en uno de los principales referentes en materia de derechos humanos a escala nacional, regional e internacional. Y así, desde sus profundos dolores de madres, se consolidaron como un actor político de peso en la arena pública, ineludible y profundamente necesario para la lucha por la defensa y ampliación de derechos.”

La vigencia de Hebe

Su presencia atravesó y acompañó las luchas de cada etapa tras la recuperación de la democracia, siempre sosteniendo los reclamos por los que salieron a la calle desde aquella lejana primera reunión. Se pronunciaron contra el neoliberalismo y los indultos de los 90, pusieron el cuerpo en la crisis de 2001 –como quedó plasmado en fotos icónicas– y alzaron su voz ante cada avanzada negacionista, crecientes en los últimos años y hoy parte del discurso oficial.

“El Presidente es mi enemigo; lo eligió el pueblo, pero el pueblo también se equivoca”, dijo Hebe en una entrevista. Fue en abril de 2017 y se refería a Mauricio Macri. Pero sus palabras suenan con vigencia en tiempos de Javier Milei.

De hecho, desde el actual gobierno la titular de la Asociación Madres de Plaza de Mayo fue agredida incluso más de un año después de su muerte. La vicepresidenta y defensora de genocidas, Victoria Villarruel, le dedicó un tuit durante la masiva marcha en defensa de las universidades públicas y contra el desfinanciamiento libertario. “Hebe, lo que te perdiste”, escribió con provocación mientras daba su discurso Taty Almeida. Todo queda guardado en la memoria.

Escrito por
Luciana Rosende
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