• Buscar

Caras y Caretas

           

Nosotros y las redes del caos

Giuliano da Empoli

El mago del Kremlin, de Giuliano da Empoli, remite a Nosotros, clásico distópico del ruso Yegveni Zamiatin. El poder de las redes, el poder real y la ficción.

“De pronto volví a ver todas las cosas igual que las había visto esta mañana en la factoría. Tuve la sensación de que cuanto me rodeaba lo veía por primera vez: las avenidas rectas como una regla, el reflejo del cristal en el pavimento de la calle, los grandes cubos rectilíneos de las viviendas transparentes, la armonía cuadrada de las huestes en sus pelotones, marchando al compás (…) Y en el instante siguiente… un salto a través de los siglos, desde el más al menos. Me acordé de determinado cuadro en el museo (se trataba de una asociación de contrastes): una calle del siglo XX, una policroma confusión de hombres, engranajes, animales, pasquines, árboles, colores y pájaros… ¡Y aquello había existido realmente! Me pareció tan inverosímil y absurdo, que no pude dominarme, y prorrumpí en una sonora carcajada.” D 503 es quien escribe en primera persona. D 503 es el personaje y el narrador de Nosotros, la novela que el escritor ruso Yegveni Zamiatin escribió en 1920. Un muro verde rodea el mundo del Bienhechor, nombre de algo que bien podría parecerse a una inteligencia artificial. D 503 le escribe a la humanidad del pasado. Como si quisiera advertirle sobre ese futuro irreversible. Donde solo hay una vida para producir de forma eficiente, y un momento de sol y otro de sexo, como premios. Migajas. Entre ese pasado y un futuro distópico, habitamos y leemos un mensaje que resuena irremediable. Una dictadura tecnológica. Un espacio de transición que nos sucede ahora, cuando la novela ya no es un texto prohibido y aparece como sombra en la reciente El mago del Kremlin de Giuliano da Empoli.

En ese mundo de la ciencia y de la línea recta, millones de hombres y mujeres salen a caminar en orden por las calles después del almuerzo. Es un “paseo de compensación”, mientras suena en los altoparlantes el “himno del estado único”. El “nosotros” ha disuelto definitivamente el yo. Solo números como nombres. Y líneas rectas. Ciencia pura. Sol y aires purificados. Solo se divisan algunas manchas extrañas más allá del muro verde que nadie se atreve a cruzar, por miedo a esa omnipresencia que se parece demasiado a una gran inteligencia artificial.

Certera, Nosotros inspiró otras narrativas distópicas, como Un mundo feliz de Aldous Huxley o 1984 de George Orwell. Recién en 1988 dejó de ser un libro prohibido en Rusia. En 1931, tras una mediación de Máximo Gorki, Joseph Stalin le concedió a Zamiatin, su autor, la posibilidad de exiliarse en París.

Lo real como ficción

“Hay docenas de relojes de fichaje a lo largo de la entrada para controlar la asistencia a intervalos regulares. Cada segundo de trabajo se monitorea y contabiliza. Los trabajadores (a los que se llama ‘asociados’) tienen que marcar tarjeta en cuanto llegan. Las escasas salas de descanso, iluminadas con tubos fluorescentes, también cuentan con estos relojes, con más letreros para señalar que todas las entradas y salidas de las habitaciones se monitorean. Al igual que se registran los paquetes al llegar al centro, también se registra y monitorea a los trabajadores para que alcancen la mayor eficiencia: durante sus turnos solo pueden estar quince minutos sin trabajar, con una pausa de media hora para comer, no remunerada.” El párrafo anterior puede leerse en la página 91 de la versión en español de Atlas de inteligencia artificial de Kate Crawford. Describe una jornada de trabajo en Amazon, el mayor empleador privado de los Estados Unidos, cuyo dueño, Jeff Bezos, es la segunda persona más rica del planeta, con más de 230 mil millones de dólares.

Yegveni Zamiatin.

Un siglo después, la profecía de Zamiatin parece cumplirse mientras su nombre regresa en las páginas de El mago del Kremlin. Giuliano da Empoli, su autor, sitúa a su personaje en Moscú. Va en busca de esa especie de bufón que, según cuenta la historia real, fue el encargado de dotar de palabra, significado y épica a los gobiernos de Vladimir Putin, el Zar. El primer contacto entre los personajes será a través de Twitter. Y Nosotros será la señal, el puente que permitirá el encuentro entre el narrador y el Rasputín caído en desgracia.

Vadim Alexeievich Baranov es el nombre de ficción de Vladislav Yúrievich Surkov, exasesor estrella de Putin. En 2019, Da Empoli se había asomado a la vida de este personaje a través del ensayo Los ingenieros del caos, donde detalla las herramientas tecnológicas y simbólicas que se usan para direccionar y vaciar las discusiones sobre la realidad a través de las redes sociales. Las mismas que permitieron los ascensos de las extremas derechas globales al poder. El mago del Kremlin remita, en definitiva, al ingeniero del caos de Putin.

“Entre nuestros muros transparentes cual tejido de aire brillante, vivimos a la vista de todos, siempre inundados de luz. No tenemos nada que ocultarnos los unos a los otros.” La cita es de Da Empoli en El mago del Kremlin. La escribió Zamiatin en su Nosotros. ¿No es acaso la frase una descripción exacta y premonitoria del mundo de las redes sociales?

Detrás del muro

Más que como una novela, El mago del Kremlin puede leerse como una crónica bien informada de la política rusa de los últimos veinticinco años. Ahí están Boris Yeltsin, debatiéndose en sus últimos días en el poder; Boris Berezovsky, el zar de los multimedios que entroniza en el poder al gris espía que es Putin. Y hasta el momento en que el propio Putin intimida a Ángela Merkel dejando entrar en escena a Konni, su perra labradora retriever durante una entrevista diplomática. (Otros perros llegaron a la política décadas después).

Pero, mientras la narración de Zamiatin enuncia un “nosotros”, que recubre una masa de identidades perdidas tras los dictados de la ciencia y la tecnología, El mago del Kremlin desliza un “vosotros” permanente, con el que Vadim Alexeivich Baranov se dirige a su interlocutor occidental. El “nosotros” y “vosotros” aparecen como contraste de dos modos de entender el capitalismo y de hacer negocios, en donde la política es una herramienta de mediación y la manipulación de las masas a través de las redes sociales la herramienta para lograr cada objetivo. De un lado Rusia, del otro Occidente. Los mismos fines. Las mismas lógicas.

Incluso emerge de la narración el exlíder del grupo Wagner, Yevgueni Prigozhin, que al momento de la publicación de El mago del Kremlin aún vivía. En la escena conversan junto al protagonista en una mansión en la Isla de los Trabajadores, sobre del delta del Neva, en San Petersburgo. Hablan de los juegos de azar. Y de la idea de forzar la caída de Occidente usando las  redes sociales. “A los occidentales ya no les interesa la política. Si queremos atraer su atención, tenemos que hablar de todo salvo de política (…) Lo que necesitamos son chicas que den consejos de belleza, apasionados de los videojuegos, astrólogos, gente de ese estilo, ¿comprendes? (…) Ya no hay línea que seguir, Yevgueni, tan solo alambres de hierro. ¿Qué haces tú cuando quieres cortar un alambre? Primero, lo retuerces en un sentido, luego en otro. Eso es lo que vamos a hacer, Yevgueni. A medida que vayáis creando vuestra red de internet, os daréis cuenta de que hay asuntos que atrapan a la gente más que otros. No sé cuáles. Los sabremos a medida que cliqueemos, Yevgueni. Puede que unos estén contra las vacunas, otros contra los cazadores o contra los ecologistas, o contra los negros o contra los blancos. Qué más da. La clave es que cada quien tenga algo que lo apasione y alguien a quien odiar.”

El gran protector

“¡Gran Protector! Qué idea tan absurda la de desear el dolor… Todo el mundo sabe que los dolores son magnitudes negativas y que disminuyen la suma de los factores positivos. De los factores positivos que integran el valor ‘felicidad’; de ello se deduce… Nada, absolutamente nada se deduce de ello. Nada más que un vacío, desolación… Es de noche”, escribió Zamiatin hace un siglo.

Da Empoli: “Los ingenieros del caos comprendieron antes que otros que la rabia constituía una fuente colosal de energía, y que podía explotarse para lograr cualquier objetivo, siempre y cuando se entendieran los mecanismos y se dominara la tecnología (…) Lo importante es alimentar la rabia con contenidos ‘calientes’ que susciten emociones”. Contesta Zamiatin desde ese pasado convertido en futuro distópico: “Sois perfectos, sois como máquinas, y el camino de la felicidad perfecta queda expedito. Acudid a los auditorios para dejaros operar. Viva la gran Operación y viva el Estado único. ¡Viva el Protector!”.

Entre el Nosotros de Zamiatin y el “vosotros” de Vadim Alexeievich Baranov apenas median las redes sociales. En la novela de Zamiatin, la gran operación consiste en una especie de lobotomía colectiva que permitirá a las masas de números anónimos dejar de pensar (o encontrar la felicidad). Los ingenieros del caos diseñan algoritmos: “¿Qué harán cuando vean que apoyamos igualmente a sus adversarios, a los patriotas de la Segunda Enmienda que quieren llevar su fusil automático hasta en el water, a los veganos que beberían cicuta antes que un vaso de leche, a los jóvenes que quieren salvar el mundo de la catástrofe ecológica?”, dice el líder del grupo Wagner en la novela de Da Empoli.

La materia luchando, primitiva, contra la antimateria. No parece casual el nombre que Da Empoli da a su personaje central: Vadim Alexeilevich, repite a lo largo de la narración. Es el nombre de pila de un antiguo científico ruso. Su apellido: Kazim. Tras la Segunda Guerra Mundial investigó las implicancias de la materia y de la antimateria. Se preguntaba por qué una había prevalecido sobre la otra, después del Big Bang. Como en una guerra de significados antagónicos, la materia aniquila a la antimateria. La discusión de por qué triunfó una y no otra aún sigue abierta. Mientras tanto, en el mundo de la materia, las asimetrías avanzan entre el “nosotros” y el “vosotros”. Odios. “¿Qué te parece dejar de crear ficciones y empezar a crear la realidad?”, le propone el zar televisivo ruso Boris Berezovsky al mago del Kremlin, al principio de la novela. Ficción y realidad. Materia y antimateria. Dualidades que siempre responden a un enemigo incierto: ellos.

El final de Nosotros dispuesto por Zamiatin es un espacio incierto sin futuro, felicidad o significados. Una línea recta, un número. El paroxismo de la ciencia. Inteligencia artificial: “Nosotros hemos conseguido levantar en el Prospekt 40 un muro provisional de alta tensión. Tengo la esperanza de que la victoria será nuestra. Incluso estoy convencido de nuestra victoria. ¡La razón ha de vencer!”.

“Mientras los robots llevan a cabo su coordinado ballet algorítmico detrás del alambrado, los trabajadores están lejos de compartir esa serenidad. La ansiedad por alcanzar la ‘tasa de cumplimiento’ (el número de ítems que empaquetan y seleccionan dentro de un tiempo asignado) claramente le está pasando la cuenta.” (La que escribe es Kate Crawford en su Atlas de inteligencia artificial). “Muchos de los trabajadores con los que me encuentro tienen puesto algún tipo de vendaje. Veo rodilleras, coderas, muñequeras. Cuando hago la observación de que me parece que mucha gente tiene algún tipo de lesión, el trabajador de Amazon me muestra, a lo largo de toda la fábrica, una serie de máquinas expendedoras, esparcidas a intervalos regulares, abastecidas con analgésicos ‘para el que los necesite’.”

“Zamiatin era un oráculo, no se dirigía únicamente a Stalin: señalaba a todos los dictadores venideros, de los oligarcas de Silicon Valley a los mandarines del partido único chino. Su libro era el arma definitiva contra el hormiguero digital que empezaba a extenderse por el planeta y mi deber consistía en desenterrarlo y encauzarlo en la buena dirección. El verdadero problema estribaba en que los medios a mi alcance no estaban precisamente en condiciones de hacer tambalearse a Mark Zuckerberg ni a Xi Jinping”, se consuela el personaje de Da Empoli.

Escrito por
Roy Rodríguez Nazer
Ver todos los artículos
Escrito por Roy Rodríguez Nazer

Descubre más desde Caras y Caretas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo