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El plan Massa, una apuesta por la supervivencia

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Claves de la economía que viene en un escenario de cambio de expectativas. Urgencia por los dólares y pragmatismo para impulsar sectores con potencial generador de divisas.

Cuando el nuevo ministro de Economía, Sergio Massa, fue designado en su cargo el domingo 28 de julio, sabía de sobra que la compleja situación que atraviesa la economía argentina no da margen para el error.
En ese contexto, las primeras definiciones, desde el plano ejecutivo, el ámbito organizativo e incluso el gestual, apuntaron a dar muestras de tranquilidad, de control de la situación y de transitar un sendero previsible de ordenamiento de las principales variables macroeconómicas.

Esa entelequia llamada “el mercado” pidió señales de hacia dónde vamos, y Massa se las dio: se cumplirá con las metas prefijadas en el programa de Facilidades Extendidas con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Y no habrá pedido de prórroga ni se sumará en la historia económica argentina un nuevo waiver (perdón) por no cumplir.

También se buscará potenciar a los sectores productivos, pero especialmente a aquellas actividades exportadoras, con capacidad de generar los dólares que faltan en el Banco Central.

Allí sobresalen el sector energético, con Vaca Muerta a la cabeza; las cerealeras y exportadores agroindustriales; la minería, con todo su potencial de producción y exportación; y también la pesca y la economía del conocimiento, una industria sin chimeneas pero que genera billetes verdes.

A estos sectores apunta el Gobierno para que anticipen parte de la liquidación de divisas que normalmente harían en los próximos meses. Concretamente, Massa está negociando que comprometan unos 5.000 millones de dólares en los próximos sesenta días.

Hasta ahora la cadena de valor de la industria pesquera comprometió algo más de 300 millones de dólares, y se sabe que las empresas mineras van a acordar una cifra, aunque son está claro cuánto. Podría ser de entre 500 y 1.000 millones de dólares.

Queda el hueso más duro de roer, el complejo agroindustrial. El problema principal radica en que el campo no es un sector uniforme. Hay buen diálogo con cerealeras que han acopiado parte de la producción de granos y los exportadores, que vienen comprando y esperan el mejor momento en precios para vender, y entonces liquidar las divisas.

El diálogo con los productores, representados de alguna manera por la Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias (CEEA), es más complejo. Los productores dicen que ya no tienen grano de la cosecha 2021/22 en su poder, por lo tanto, cualquier medida o incentivo debería aplicarse desde la próxima campaña 2022/23.

Pero además dejaron trascender que sus reclamos al Gobierno van desde la baja o quita de retenciones, hasta la eliminación de cupos de exportación de trigo y maíz, la apertura total de las exportaciones de carne y, fundamentalmente, la mejora del tipo de cambio para exportar. Una agenda sectorial completa.
La brecha cambiaria generó que todos los sectores pidan hoy un dólar diferencial para favorecer sus ventas al exterior. Sería un virtual desdoblamiento cambiario, algo que el Gobierno se resiste a convalidar.

Habrá que ver cómo sigue la película, pero lo cierto es que el Gobierno deberá mostrar una extrema versatilidad, o “muñeca”, como le dicen en el barrio, para que los exportadores acerquen los dólares que apaguen la hoguera del Banco Central.

Mercados alterados

El concepto de mercado tiene, sin duda, una definición difusa y bordes lábiles, pero todos los argentinos reconocen su presencia e influencia tan pronto como suben los precios generalizados en la economía, en el medio de una aceleración inflacionaria.

También cuando se disparan las cotizaciones alternativas del dólar, en el contexto de una corrida cambiaria, como la que atravesó la Argentina entre comienzos de junio y fines de julio. Desde entonces, el tipo de cambio informal oscila en niveles muy elevados –entre 285 y 298 pesos por dólar– pero sin esos saltos que ponían los nervios de punta a los actores económicos y a la población en general.

En los últimos años, los argentinos se acostumbraron a que la cotización del dólar blue y los dólares financieros (MEP o Bolsa y Contado con liquidación) es, junto con la brecha cambiaria, el termómetro de una economía vulnerable.

Este es el escenario en el que Sergio Massa se sentó en la poltrona principal del Palacio de Hacienda. Pero desde ese momento parece haber cambiado algo en el humor social. No porque la inflación se haya estabilizado, la pobreza se esté reduciendo o crezca el empleo, pero sí es claro que hubo un cambio de expectativas. Y eso siempre es positivo.

Desde distintos sectores económicos, empresarios grandes, medianos y pequeños coinciden en que algunas de las primeras medidas adoptadas por el nuevo equipo económico están en la línea correcta, en especial aquellas orientadas a contener el gasto público, despejar el horizonte de la deuda en pesos o capturar dólares del comercio exterior.

Pero también admiten que “hay que darle tiempo” a Massa para que se vean los resultados de las medidas. De hecho, recién terminó de conformar su equipo de colaboradores con las designaciones en la Secretaría de Energía.

Esta es un área estratégica para estabilizar el frente cambiario, debido a que en el invierno se importan unos 2.000 millones de dólares en gas natural licuado (GNL). También para reducir el déficit fiscal por el volumen de subsidios que van a las tarifas residenciales de luz y gas.

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Sin cambio de menú

Massa ratificó que la Argentina trabajará para llegar este año a un déficit fiscal primario (antes del pago de deuda) de 2,5 por ciento del producto interno bruto (PIB), alcanzando el equilibrio presupuestario en 2025. El cronograma de baja gradual del déficit contempla una reducción a 1,9 por ciento en 2023 y a 0,9 al año siguiente, llegando al déficit cero en 2025.

Además, la emisión monetaria no deberá exceder el 1 por ciento del producto, reduciendo la asistencia del Banco Central al Tesoro, llevándolo a 0,6 por ciento del PIB en 2023 y a cero en 2024.

El otro aspecto clave del acuerdo de Facilidades Extendidas con el FMI prevé la meta de engrosar las reservas internacionales del Banco Central como mínimo en 4.800 millones de dólares a fin de año.

En este contexto, el ministro de Economía llegó la semana pasada con su flamante secretaria de Energía, Flavia Royón, a Neuquén para participar de la Argentina Oil & Gas Patagonia 2022, un evento que reunió a los principales jugadores de la industria petrolera y gasífera.

La ocasión les sirvió a los funcionarios para encontrarse cara a cara con los CEO de las principales compañías operadoras en Vaca Muerta, además de visitar el yacimiento Loma Campana (operado por YPF y la estadounidense Chevron) y presentar un paquete de incentivos a la producción de sale oil y gas.

Hay que recordar que la Argentina cuenta en Vaca Muerta con la segunda reserva no convencional de gas natural y la cuarta de petróleo, según estudios del Departamento de Energía de Estados Unidos.

El mensaje de Massa y las medidas de impulso a las exportaciones gasíferas y petroleras, más los avances en la construcción del gasoducto Presidente Néstor Kirchner, fueron muy bien recibidos por la industria. Ahora habrá que materializar el apoyo en nuevas inversiones, más producción y más exportaciones.

Escrito por
Carlos Boyadjian
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