• Buscar

           

“Hacer siempre lo mismo es morir un poco cada día”

Todos los días son iguales: el mismo aburrimiento, el mismo padecimiento, el cuerpo que se automatiza. En su obra Como vaca mirando un tren, Natalia Villamil reflexiona sobre el universo femenino y las diferentes cárceles que propone el patriarcado.

El patriarcado tiene diversas caras, capas, máscaras. En Como vaca mirando un tren, la directora y dramaturga Natalia Villamil muestra a una mujer totalmente limitada, acotada por una vida sin brillo, repitiendo minuciosamente cada gesto, cada movimiento. Esa repetición va generando un vacío, al que su marido –violento, desagradable– le imprime sentido. Ese vacío a través del encuentro con su marido comienza a llenarse de odio. El odio genera fuerza, desafío: salir al campo, enfrentarse a todo, ser más fuerte que cualquier animal, más fuerte que el hombre, ser también otro animal.

A partir del encierro, la repetición, el automatismo, surge un odio liberador que genera una fuerza inimaginada, arrasadora, capaz de lograr lo que fuere.

El trabajo corporal de la obra es maravilloso, las palabras y los movimientos se vinculan de un modo que cada músculo de la protagonista está en consonancia con el texto.

Caras y Caretas estuvo en el reestreno de la obra y entrevistó a Natalia Villamil, autora y directora de la obra.

–¿Cómo surgió Como vaca mirando un tren?

–La escritura surgió en 2016. En mi cabeza rondaba una imagen de una mujer presa, que no tenía con quién hablar y que había matado a su marido. Luego de esta imagen, tan realista y terrenal, surgió la idea de poetizar la cosa, no pensarla como presa en una cárcel, pero sí tener en cuenta que se puede estar presa, fantaseando con matar al marido. A partir de allí aparece la idea de la naturaleza, de lo animal como acto reflejo que se condiciona con las costumbres. Estar acostumbrada a hacer siempre lo mismo es morir un poco cada día, sumado a la costumbre de la violencia. A partir de esa imagen es que surge la escritura. Llevar la escritura a la puesta en escena fue un tiempo después, surgió en pandemia, la idea de volver a remontar este unipersonal escrito hace tiempo me entusiasmaba. Revisitar esa imagen fue lo que me llevó a dirigir la obra, a llamar a Laura Nevole para que encarne este personaje.

–Hay un trabajo muy interesante con la corporalidad. Cuerpo y texto están en perfecta consonancia. ¿Cómo fue ese proceso?

–Laura es una actriz que trabaja mucho la fisicalidad, siempre apuesta al trabajo corporal para la composición del personaje. Cuando pensé en ella, se me aparecía una y otra vez la idea de trabajar lo animal, el despojo propio de la animalidad al servicio del instinto. Es por eso que llamamos a Carla Rímola para que pudiera jugar con esa plasticidad que ya trae Laura, como algo natural. Fue entonces inmediata la visión de trabajar lo gestual para determinado momento de la obra, lo más cercano a la realidad y confluir otro aspecto del personaje que tiene que ver con lo animal, con el instinto, con la muerte. Abordar las dos vertientes y transformarlas en una posible y única mujer.

Como vaca mirando un tren se presenta los domingos a las 19 en el Teatro del Pueblo.
Dramaturgia y dirección: Natalia Villamil
Intérprete: Laura Nevole
Música: Carlos Ledrag
Coreografía: Carla Rímola
Escenografía y vestuario: Rodrigo González Garillo
Iluminación: Ricardo Sica
Directora asistente: Felicitas Oliden

Escrito por
Daniela Lozano
Ver todos los artículos
Escrito por Daniela Lozano

A %d blogueros les gusta esto: