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Entre la victoria simbólica y la derrota digna

El oficialismo logró acortar la distancia con Juntos por el Cambio, pero no tiene quórum propio ni en Diputados ni en el Senado. Se abrirá, acaso, una era de consensos o de alianzas, al tiempo que la derecha y la extrema derecha acumulan poder real y mediático.

El Frente de Todos salvó la ropa en las elecciones legislativas de este domingo 14 de noviembre. Como en todas las contiendas de medio término, el resultado en la provincia de Buenos Aires es la vara para organizar la lectura nacional de ganadores y perdedores. Y los números en territorio bonaerense arrojaron un empate técnico. Con el 98 por ciento de las mesas escrutadas, Juntos por el Cambio alcanzó el 39,8 por ciento de los votos y el Frente de Todos, el 38,5. Es una distancia exigua que puede modificarse en el escrutinio definitivo. 

La oposición hizo una suma de los votos logrados por el sello JxC y construyó un número que le da una victoria de ocho puntos a nivel país. Es una verdad a medias. ¿Cómo contar los casi 350 mil votos del Frente Cívico de Santiago del Estero? El FdT en esa provincia, en la que Cristina Fernández ha llegado a sacar por encima del 70 por ciento, no presentó boleta propia y sí hubo una del Frente Renovador. 

Lo que logró el oficialismo es un golpe de efecto entre las expectativas y la realidad. Un sector de la derecha política y mediática, demasiado engolosinado otra vez con el supuesto fin del peronismo, intentó instalar un escenario de debacle para el gobierno nacional en la elección de este domingo. Esta lectura quedó empañada por el empate bonaerense y la remontada en provincias como Chaco y Tierra del Fuego. El FdT no ganó la elección. Derrotó las expectativas de una caída que podría incluso complicar la gobernabilidad. Salvó la ropa, como se dice en el fútbol cuando se logra el gol en el último minuto que preserva el honor del equipo.

Hacia dentro de la coalición oficialista el resultado pone paños fríos. Con cifras similares a las PASO no se hubiera podido evitar un nuevo sacudón político que hiciera temblar los cimientos del FdT. El Frente todavía tiene que mostrarle a la sociedad que es capaz de torcer el rumbo del país en el sentido para el que fue votado: mejorar de la calidad de vida de la mayoría de la población.

La pandemia trabó todo. La política sanitaria se impuso sobre cualquier estrategia económica y social, que quedaron subsumidas en la batería de restricciones para mitigar los contagios, las internaciones, las muertes. El covid ya no está en el horizonte. Está volviéndose parte del pasado o de un presente endémico, como tantos otros virus que viven entre los humanos desde siempre. Quedan las secuelas: 116 mil fallecidos, y el impacto en la vida material y anímica.

Es tan difícil disociar el gobierno de Alberto Fernández de la era covid-19 que resulta complejo imaginar lo puede ocurrir en los próximos dos años. El Presidente dirigió un mensaje grabado en la Quinta de Olivos, antes de ir al bunker del FdT en Chacarita. Reafirmó la decisión de avanzar en la negociación con el Fondo sin renunciar “al proyecto de crecimiento económico con inclusión social”. Convocó, además, a marchar este miércoles por el Día del Militante a la Plaza de Mayo.

El discurso presidencial fue el intento de dar vuelta la página de la pandemia por completo. Una apuesta a relanzar la gestión con una idea subyacente: “Esto recién empieza”. ¿Será posible para la mayoría de la población virar la página? ¿Podrá el imaginario colectivo partir en dos el ciclo histórico del gobierno del FdT, como quien termina de leer la primera parte de una novela?

Son preguntas difíciles de responder porque el drama bíblico de la peste no tiene antecedentes que se puedan mirar, tocar, discutir. Una negociación con el Fondo tiene varios ejemplos recientes. De la pulseada dura que dio Néstor Kirchner al iniciar su mandato a los acuerdo realizados por Domingo Cavallo rematando el patrimonio público. Son recuerdos que están ahí, al alcance de la mano. Es posible verlos, analizarlos, debatirlos. La pandemia tuvo el signo trágico de lo inesperado sumado al misterio de lo desconocido.

La intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, festeja con el diputado Máximo Kirchner, el triunfo en las elecciones legislativas en ese distrito. El Frente de Todos logró acortar la diferencia en la provincia de Buenos Aires con los votos del conurbano. Foto: NA

PULSEADAS EN LA ARENA

Las relaciones de fuerza en el parlamento quedaron en una situación de empate, ahora en ambas cámaras. El FdT seguirá siendo la primera minoría en ambas, pero no tiene quórum propio en ninguna.

En Diputados tendrá un bloque de 118 (tenía 121) contra 116 de JxC. De las 127 bancas que se renovaban en la Cámara presidida por Sergio Massa, Juntos arriesgaba 60 y el peronismo 51. Los diputados a los que se les vence el mandato en diciembre fueron elegidos en las parlamentarias de 2017, que fue la mejor elección que ha tenido el macrismo hasta ahora, dejando de lado el balotaje presidencial de 2019. Que la oposición haya quedado con la misma cantidad de escaños siendo la fuerza que más arriesgaba es una victoria indiscutible.

En el Senado la situación era inversa. El FdT ponía en juego 15 bancas y retuvo nueve, mientras JxC pasará de 25 a 31. El peronismo sigue siendo primera minoría, pero ahora necesitará dos aliados para garantizar el quórum de 37.

En esta ecuación queda clara la victoria opositora a nivel nacional, mucho más que en el intento de construir un porcentaje forzado. Sin embargo, como se dijo antes, la derrota del oficialismo sobre las expectativas terminó teniendo un impacto simbólico más grande que las bancas en el parlamento. Son paradojas de una época en la que los climas pueden pesar más que los datos, y una jugada que les salió mal a quienes fogonearon la idea de una debacle peronista.

Los principales dirigentes de Juntos x el Cambio festejando el triunfo en Caba.

NUBES OSCURAS EN EL CIELO

No puede dejar de marcarse la consolidación de una coalición antiperonista que hace tres elecciones logra alrededor de 40 puntos nacionales, más allá de cualquier circunstancia. Fue así en 2017, único año en que el gobierno de Mauricio Macri pudo mostrar que la vida de la mayoría de la población no había empeorado.

Luego, en la primera vuelta de 2019, a pesar del tendal de pobreza, desempleo y endeudamiento generado por Macri, JxC se ubicó de nuevo cerca del 40 por ciento. Y lo mismo ocurrió este domingo 14 de noviembre de 2021. El antiperonismo ha consolidado ese bloque político, social, mediático, construido desde el antagonismo, no con avenidas del medio ni llamados al consenso.

El punto es que si a ese bloque se le suman los votos de la extrema derecha comienzan a aparecer nubarrones oscuros en el cielo semidespejado que dejaron los resultados del domingo.

Está por verse si el 17 por ciento de Javier Milei en la ciudad es la expresión de un emergente político sólido, que pueda perdurar, o una espuma coyuntural. No es posible evaluar ahora qué ocurrirá con la confluencia que generó Milei. Juntó al sector de la sociedad que reivindica la dictadura, que en otras ocasiones votó a figuras como Luis Patti, con ciudadanos enojados con la política, que sienten que no hubo cambios en su vida cotidiana del gobierno de Cambiemos al actual. ¿Puede durar esa fusión? ¿Hay una nueva extrema derecha con una base electoral mayor?

Es una fuerza a tener en cuenta. Los cinco diputados que tendrán Milei y José Luis Espert, más los 116 de Juntos por el Cambio, pueden dar un bloque de derecha de 121 bancas, a sólo ocho del quórum.

El oficialismo logró una victoria en el plano simbólico y una derrota digna en los números. Para imaginar un 2023 que le dé continuidad al proyecto del FdT hace falta mucho más.         

Escrito por
Demián Verduga
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