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Caras y Caretas

           

El invasor y sus descendientes 

Un consorcio británico-israelí prevé iniciar en 2027 la explotación petrolera en aguas aledañas a las islas Malvinas, mientras el gobierno libertario relega los reclamos de soberanía.

Una empresa británica y su socia de capitales israelíes y estadounidenses prevén comenzar el año próximo (o a más tardar en 2028), la explotación de hidrocarburos en el megayacimiento Sea Lion, ubicado en la cuenca norte de la plataforma marítima de las usurpadas islas Malvinas.  

El gobierno argentino, en tanto, realiza protestas diplomáticas formales, aunque prefiere mantener buenas relaciones con Inglaterra. Más bien prioriza su alineamiento político con el bloque occidental que lidera Estados Unidos, mientras alienta la esperanza de que las próximas inversiones externas provengan también del Reino Unido. 

El saqueo en ciernes de la riqueza petrolera argentina es el último eslabón de una larga cadena de conflictos ocasionados históricamente por las prácticas colonialistas de la corona británica, con las consiguientes complicidades locales y rechazos simultáneos de grupos patrióticos. 

Antecedentes 

En agosto se cumplirán 220 años de la gesta popular que marcó el principal antecedente del destino de soberanía de la entonces colonia española y capital del Virreinato del Río de la Plata.  

William Carr Beresford.

El episodio desplegado en las calles de Santa María del Buen Ayre durante el invierno de 1806 es conocido como la Reconquista. Esto es, la acción de repulsa ante la incursión violenta de 1.600 soldados ingleses bajo el mando de William Carr Beresford. 

El joven general de la corona británica (37 años) había desembarcado dos meses antes en las costas del actual partido de Quilmes, al frente de una impresionante flota compuesta por una fragata de 32 cañones, seis corbetas de transporte y dos bergantines. 

El virrey español, Rafael de Sobremonte, tomó sus propios recaudos mientras la población se alistaba para dar batalla al invasor. La noche del 26 de junio, custodiado por tropas de caballería, luego de dar órdenes de no resistir, huyó hacia la lejana y más segura ciudad de Córdoba.  

Antes había despachado a Luján los caudales de la Real Hacienda, del Consulado, de Correos y Tabacos, y los de la Real Compañía de Filipinas, además de 9 mil onzas de oro propias. 

A las cinco de la tarde del día siguiente los ingleses entraron en la ciudad y Beresford, en uno de sus primeros actos de gobierno, decretó la “libertad de comercio” y dio garantías de continuidad en sus negocios a los sectores propietarios.  

Los caudales públicos que Sobremonte buscó preservar –a fin de cuentas, objetivo preciado para los invasores– fueron capturados pocas semanas después por una fuerza de tareas de treinta hombres conducida por el capitán Arbuthnot y los tenientes Graham y Murray, y de inmediato enviados a Londres. 

El modus operandi del Reino Unido fue desplegado en otras oportunidades y en variados puntos del planeta, ya fuera por superioridad militar como por defección de las fuerzas nativas. Causa histórica aún pendiente de resolución en esta materia es la del desatendido reclamo sobre la soberanía nacional en las islas Malvinas, usurpada por Inglaterra en 1833. 

Recursos 

Los denominados “kelpers” ocupantes del archipiélago refuerzan en la actualidad sus recursos gracias a las visitas promovidas por agencias de turismo, que ofrecen un destino “de impresionantes playas de arena blanca, mares de hermosos azules y brillantes aguamarinas, riscos rocosos y paisajes vírgenes”. 

“Imagínese … la naturaleza en estado puro, con animales y pájaros, tomando el sol, cantando, jugando, disfrutando de este entorno exquisito, elegido como hogar… un lugar tan apartado de los caminos trillados que lo tienes todo para ti… un silencio que solo se rompe por los sonidos de la vida silvestre, los océanos y sus propios pasos mientras explora estas increíbles islas en el océano Atlántico Sur”, tienta la Falkland Island Tourist Board. 

La oficina continúa en su sitio de internet: “Las islas Malvinas son uno de los últimos grandes destinos naturales donde su viaje se convierte en una aventura. Los vehículos 4×4 son nuestro medio de transporte, y nuestras pequeñas avionetas lo llevarán a islas repletas de pingüinos, albatros y petreles, que están ahí para que usted solo los descubra y disfrute”. 

Las expectativas en torno de los ingresos que puede proporcionar el turismo (añadidos a los relacionados con la pesca y la cría de ovejas) fueron superadas, desde hace poco tiempo, por la emergencia de otra fuente potencial de riquezas: la explotación de hidrocarburos del rico yacimiento mar adentro León Marino (Sea Lion, en inglés) descubierto en 2010. 

El proyecto encabezado por la compañía inglesa Rockhopper Exploration plc, que posee una participación del 35 por ciento en las licencias de la cuenca norte malvinense, junto a la israelí Navitas Petroleum and Development LP, ratificó recientemente su decisión de iniciar, cuanto antes sea posible, las correspondientes tareas de extracción. 

Sam Moody, director ejecutivo de la compañía británica, manifestó a fines de 2024 su complacencia, cuando el gobierno de las islas Malvinas prorrogó hasta fines de 2026, y amplió geográficamente, las licencias de producción de petróleo. 

Con ese fin Navitas puso en marcha a mediados de 2025 un plan de inversiones por 1.400 millones de dólares en el área off shore (costa afuera) a unos 240 kilómetros al norte de Puerto Argentino (que ellos denominan Stanley).

Ese sería el costo de la primera extracción. El desembolso total proyectado para las fases 1, 2 y 3 asciende a 2.100 millones. 

De todos modos, Navitas considera que la inversión financiera se compensará con los sólidos resultados que se esperan. 

La compañía planea el inicio de la producción hacia el cuarto trimestre de 2027, luego de los trabajos en 23 pozos iniciales con una profundidad cercana a los 460 metros. 

Sería el comienzo del saqueo, en una reserva que podría rendir hasta 500 millones de barriles en treinta años.  

El área malvinense se ubicaría así en el nivel de Guyana, la tercera nación extractora, por detrás de Brasil y Estados Unidos, entre los productores que no pertenecen al cartel de la OPEP. 

Potencial 

El desarrollo de Sea Lion incluyó como insumo un informe independiente referido a los recursos potenciales, realizado por Netherland Sewell & Associates Inc. (NSAI), consultora especializada con oficinas en Houston y Dallas, EE.UU. 

Según se informó, está prevista una instalación flotante con capacidad para producir, procesar y almacenar petróleo y gas en alta mar (Floating Production, Storage and Offloading, FPSO en la sigla inglesa), con una tasa de extracción máxima de hasta 55 mil barriles diarios. 

Ese volumen aumentará hasta 120 mil barriles por día una vez que se hayan completado las tres fases de desarrollo, precisó Rockhopper en una nota enviada a la Bolsa de Londres. 

Está prevista la creación de más de 2.100 puestos de trabajo en el Reino Unido durante la etapa de construcción de la plataforma y el buque flotante (750 empleos directos y 1.375 asociados). 

El relevamiento de NSAI confirmó un aumento de los recursos petroleros del 16 por ciento, al pasar de los 791 millones de barriles que se habían certificado en enero de 2024 a 917 millones, a los que deben añadirse los recursos de gas recuperables. 

Aún sin estudios que lo certifiquen de forma fehaciente, el diario inglés The Telegraph afirmó que “se cree que el campo contiene 1.700 millones de barriles de petróleo, un reservorio varias veces más grande que Rosebank, el mayor desarrollo planificado por el Reino Unido para el propio Mar del Norte, que se estima que contiene 300 millones de barriles”. 

De acuerdo con el estudio de NSAI, el punto de equilibrio de la producción es de aproximadamente 24 dólares por barril, lo cual arrojará un apreciable margen de ingresos tomando la cotización del petróleo Brent (del Mar del Norte) que ronda en estos días los 103 dólares por el conflicto bélico en Medio Oriente. 

FOTO: (ARCHIVO)/ NA.

Ganancias 

Rockhopper tiene una participación de explotación del 35 por ciento en Sea Lion y se beneficia de varios préstamos de Navitas en relación con el desarrollo que, según se prevé, transformará sustancialmente la economía del archipiélago. 

Navitas y Rockhopper descuentan buenas ganancias tras el hallazgo del tesoro cercano al grupo de islas (Soledad y Gran Malvina, las más extensas, y otras ochocientas más pequeñas) que 44 años atrás fueron escenario de 74 días de guerra en la que fallecieron 649 soldados argentinos y 255 británicos. 

El desarrollo de Sea Lion, se estimaba cuando el barril no pasaba de 65 dólares, podría generar más de 1.200 millones anuales durante el pico de la producción. A la vez, en el transcurso de la vida útil del yacimiento, el gobierno de las islas obtendría ingresos por 1.700 millones, según calculó entonces Rystad Energy, la consultora energética independiente más grande de Noruega.  

El gobierno británico de las islas, las compañías involucradas y los kelpers se ilusionan con la producción de ese enorme yacimiento cercano a las Malvinas, aún cuando la contrapartida de la prosperidad esperada sería cierto impacto medioambiental. 

De hecho, el laborismo, al que pertenece Keir Starmer, primer ministro del Reino Unido, había prometido prohibir nuevas exploraciones de crudo y gas en aguas británicas.  

Pero las Malvinas son un territorio de ultramar autónomo y, por lo tanto, deciden por sí mismas el futuro de “sus” recursos naturales, interpretaron en Londres, y de ese modo encendieron luces verdes al avance del proyecto.  

Navitas, por su parte, presentó una declaración de impacto ambiental de 1.591 páginas que se puso a consulta entre los cuatro mil habitantes (todos con ciudadanía británica) de las islas. 

Repudio 

Cuatro años atrás, el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino reiteraba su repudio a las actividades llevadas a cabo por Navitas en las islas Malvinas, sin los permisos de exploración y explotación necesarios. Ya en abril de 2022 se habían declarado “ilegales” las actuaciones de la compañía israelí y el gobierno nacional la inhabilitó por veinte años para desarrollar actividades en territorio argentino. 

Concluía entonces la Cancillería: “El Mercosur, el Grupo de los 77 más China (la mayor organización intergubernamental de países en desarrollo en las Naciones Unidas, que hoy agrupa a 131 países) y la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur (foro de vinculación entre Sudamérica y África que nuclea a 24 Estados ribereños) han reconocido el derecho de la República Argentina a tomar medidas judiciales, respetando plenamente el derecho internacional y las resoluciones pertinentes, contra las actividades no autorizadas de prospección y explotación de hidrocarburos en la zona en disputa”. 

Sin hacerse eco del reclamo, Rockhopper anunció en agosto del año pasado que había conseguido un financiamiento de 140 millones de dólares, a través de la colocación de acciones en el mercado financiero londinense para la primera fase operativa en León Marino, que entonces se estimaba para fines de 2026. 

Vale recordar que ya en 2011 la Argentina declaró la ilegalidad de la operación de empresas en la plataforma continental de las islas Malvinas sin el permiso de las autoridades locales. 

Posteriormente, entre 2012 y 2015, durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner, se dispusieron multas que funcionaron a modo de trabas para la explotación de los hidrocarburos en la cuenca Norte de Malvinas. 

También en 2015 la entonces jueza federal de Río Grande, Lilian Herráez, penalizó y libró embargos internacionales a Rockhopper por más de 150 millones de dólares, por violación a las leyes ambientales y al código aduanero. Adicionalmente, la magistrada ordenó el secuestro de estructuras móviles, plataformas sumergibles y semisumergibles, y otros bienes, sobre los cuales se debían enviar los respectivos exhortos. 

Con el cambio de gobierno en diciembre de ese año (inicio de la gestión de Mauricio Macri), la Cancillería no ejecutó el fallo judicial por tecnicismos dudosos. 

Casi tres  años después del fallo de Herráez, el Ministerio de Relaciones Exteriores remitió la documentación al juzgado, aduciendo que la sentencia contenía conceptualizaciones que en vez de fijar la posición de pertenencia argentina sobre las islas, la deslegitimaba.  

“La jueza no redactó las islas Malvinas argentinas o nuestras Malvinas” –refirieron las autoridades de la Subsecretaría Malvinas de la Cancillería macrista en julio de 2018–, solo puso “las islas Malvinas” o “Malvinas”. Por ese motivo devolvieron el expediente. 

En esos mismos días, la entonces canciller Susana Malcorra aseguraba al diario inglés The Guardian que el gobierno argentino  “está trabajando para iniciar un diálogo potencial” con Gran Bretaña para impulsar la explotación conjunta de petróleo en los alrededores de Malvinas. 

Nada de eso se concretó y menos de un decenio después comenzará la extracción de hidrocarburos en aguas territoriales argentinas. Con el agravante de que no será el único emprendimiento/robo, en ciernes.  

A comienzos de este año se conoció que Navitas firmó un convenio de participación con la canadiense JHI Associates, mediante el cual la compañía israelí asumió el control operativo de la licencia PL001, aledaña a León Marino.  

Se trata de una superficie de 1.126 kilómetros cuadrados en la cual, según las estimaciones técnicas, se distribuye un potencial exploratorio de 3.100 millones de barriles de petróleo.  

Riqueza también perteneciente al pueblo argentino. 

Escrito por
Daniel Víctor Sosa
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