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DIFERENTES ACERCAMIENTOS

La vida y las canciones de Gilda trascendieron su propia interpretación y fueron abordadas desde casi todas las expresiones artísticas.

Vida y pasión, sueño y canción. Gilda trascendió su espacio y su tiempo, perpetuando imagen y presencia. ¿Qué tuvo ella que el resto no? En esa incógnita descansa la consolidación de su figura como mito, y también las razones que llevaron a que su existencia fuera tomada por diferentes ramas del arte en estos veinticinco años.

Sin un orden predeterminado –más allá de la rama que agrupa títulos e ideas–, se puede comenzar a trazar el camino por el teatro. En 2015, la actriz Florencia Berthold se dio a la tarea de recrear la vida de la cantante sobre un escenario. La pieza, dirigida por Iván Espeche, tomó como base el libro Gilda. La abanderada de la bailanta, que tres años antes había escrito el periodista Alejandro Margulis. Para poder captar la esencia del personaje que tenía que interpretar, la protagonista llegó a presentarse en bares y boliches, puliendo los detalles de la composición merced a las reacciones del público. Aunque apretada en su duración por las limitaciones lógicas del formato, la puesta teatral consiguió su objetivo: captar el espíritu de Gilda y trasladarlo a un medio nuevo con renovado suceso.

Como también sucedió con Rodrigo, otro malogrado ídolo popular, donde más y mejor se les sacó provecho a los hechos biográficos en torno a la estrella fue en el formato documental. Durante mucho tiempo se calmó la ansiedad de los fans con compilados de presentaciones acompañados de testimonios aleatorios, hasta que la plataforma Pleyou desempolvó una entrevista que la cantante le había dado a su discográfica, Leader Music. Con la siempre atractiva y marketinera etiqueta de “documental inédito”, el trabajo aprovechó el coletazo del estreno de la película Gilda. No me arrepiento de este amor un par de meses antes para ofrecer este material que incluía un corte de la mismísima Gilda a modo de introducción: “Dicen que los sueños, sueños son. Pero yo creo que la magia existe, y por eso hicimos este video para todos ustedes. Con muchísimo cariño, con muchísimo respeto, y dándoles un mensaje de esperanza, sobre todo a los que están solitos. También quiero decirles que viendo nuestra historia, hay amores que son inmortales”.

Si el ejemplo anterior tenía mucho que ver con la aparición de la película de Gilda, el que viene también, pero por motivos muy diferentes. Cuando le propusieron a la talentosa directora Lorena Muñoz ponerse al frente de un ciclo de homenajes a grandes artistas populares, denominado Soy del pueblo, no dudó en que Gilda tenía que estar bien arriba en la lista.

El resultado –guionado por su colaboradora habitual, Tamara Viñes, y emitido por canal Encuentro– compila en media hora entrevistas, imágenes de archivo y una sensibilidad que atraviesa no sólo el corazón del fan, sino también de aquel que apenas la conocía. Este atractivo puntapié biográfico realizado en 2013 fue el germen para que, tres años después, la misma dupla creativa estrenara el largometraje definitivo sobre la cantante.

UNA VIDA DE NOVELA

Ante la necesidad de seguir acercándonos a esos lugares donde ficción y realidad se reúnen para retroalimentarse de modo virtuoso, es necesario retrotraerse al siglo pasado. A comienzos de 1999, Natalia Oreiro reconocía su fanatismo por Gilda desde la ficción Muñeca brava. En el capítulo 59, su personaje (Cholito) cantaba a capela un pasaje de “No me arrepiento de este amor” y luego viajaba hasta el santuario de Gilda a “cumplir un sueño”. El capítulo recorría el lugar, mientras mostraba a una Oreiro emocionada más allá de la ficción.

Si la pantalla chica (y la grande también un poco) se atribuye el lauro de eternizar la imagen de Gilda, fueron sus colegas músicos quienes se encargaron de hacer lo propio con sus canciones.

La lista de intérpretes que versionaron sus composiciones es tema de una nota aparte, sin embargo, hay algunos ejemplos que por su singularidad exceden la sola reivindicación. “Gilda, esta canción te la dedica Toti, tu gran amor, con todo su corazón, quien nunca nunca te olvidará”, dice Antonio Ríos en la introducción de “Lágrimas sobre el piano”, letra que evoca a modo de descripción la relación que tuvo con Juan Carlos “Toti” Giménez.

La versión de Attaque 77 de “No me arrepiento de este amor” demostró que el talento compositivo de Gilda excedía su género tropical. El tema forma parte del disco Otras canciones, que la banda editó en 1998, y desde ese momento se convirtió en un clásico de sus shows.

En clave íntima y set acústico, Leo García ofreció en 2012 un concierto en la Casa del Bicentenario en el que incluyó un tributo de siete canciones de la cantante. “Ella está esta noche con nosotros”, dijo a modo de sucinta presentación. Como bonus, ofreció un creativo rompecabezas musical basado en frases de Gilda.

Más cerca del espíritu original, y cuando todavía no había accedido al espaldarazo de popularidad que le dio su participación en los ciclos de Marcelo Tinelli, Ángela Leiva incluyó en su disco Inevitable una versión muy inspirada de “No es mi despedida”, que en calidad e interpretación supera a la original.

Finalmente, y como parte de los homenajes por el 25° aniversario de la desaparición de la estrella, Abel Pintos, Karina la Princesita e Ivonne Guzmán con la orquesta de cumbia La Delio Valdez reversionaron “Paisaje”, que si bien fue compuesta por Franco Simone en la década del 70, es una de las canciones más asociadas con la cantante.

Lo dicho. Intentar averiguar qué llevó a Gilda a convertirse en el mito que es puede dar horas y horas de análisis y razones vacuas. Tal vez sea mejor preguntarse por qué querer saber por qué. Al fin y al cabo, ¿importa?

Escrito por
Guillermo Courau
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