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EL HÉROE COLECTIVO

La primera vocación de Héctor Oesterheld fue la geología. La conformación de las capas tectónicas de la Tierra lo fueron llevando a ocuparse e interesarse por las otras, las sociales, tan sólidas, tan potentes e indignantes por su histórica injusticia. Pero al muchacho le apasionaba también la literatura, y el escritor le fue ganando al geólogo. Comenzó a sentirse en su salsa en ese clima mágico de las redacciones que frecuentaba por su oficio de corrector. En 1943 logró que el suplemento de La Prensa le publicara su primer cuento, “Truila y Miltar”. Apasionado por el cine y la historieta, se fue volcando hacia la escritura de guiones y para 1951 ya colaboraba para la revista Cinemisterio, en la que publicó Alan y Crazy y poco después Ray Kitt, con dibujos del célebre Hugo Pratt. Abril era una editorial en permanente expansión que respondía a un público muy lector y ávido de novedades. Allí surgió Más Allá, una de las revistas pioneras en el género de ciencia ficción de Iberoamérica.

Los chicos, y no tan chicos, de comienzos de los 50 corrían a los kioscos a comprar Misterix, y allí Héctor publicó las aventuras de un audaz piloto, Bull Rocket, y uno de sus grandes éxitos, Sargento Kirk, nuevamente con dibujos de Hugo Pratt. El personaje que Oesterheld imaginó era un criollo ubicado en los escenarios transitados por Martín Fierro pero la editorial lo quiso estadounidense, más precisamente un hombre del Far West, tan en boga por entonces gracias a Hollywood. Pero Kirk no es un sargento cualquiera. Incorporado al 7º de Caballería, se siente muy acongojado por las matanzas que su regimiento viene perpetrando contra los comanches y decide, como Fierro, desertar y dedicarse en su rancho, El Cañón Perdido, a la cría de caballos en compañía del indio Maha, de la tribu tchatoga; el Corto, un ex ladrón especializado en equinos, y Forbes, un médico en recuperación de su adicción alcohólica que cura a los indios y a los desplazados de la sociedad.

En 1955, en tiempos de la “Fusiladora”, funda junto a su hermano la editorial Frontera, que lanzará dos grandes éxitos convertidos hoy en material de culto: Hora Cero y Frontera. El éxito fue rotundo y a los ya clásicos personajes de Héctor se sumó la historia del corresponsal Ernie Pike, cronista de la Segunda Guerra Mundial. Pratt se inspiró en los rasgos de Oesterheld para construir al personaje. Este nuevo éxito lo llevó a encarar otro proyecto, la revista Batallas Inolvidables.

La primera incursión en el género de ciencia ficción junto al notable dibujante Francisco Solano López fue Rolo, el marciano rojo. El dúo se preparaba para concretar la que sería la obra más célebre de nuestro homenajeado: El Eternauta, que aparecerá por primera vez en Hora Cero Semanal, en septiembre de 1957, y se publicará hasta 1959. Las referencias a la opresiva realidad argentina de Aramburu y Rojas, los escenarios porteños, la noción del héroe colectivo hicieron que esta historieta se destacara del resto y brillara con luz propia dentro de la obra de Oesterheld.

Problemas financieros lo obligaron a cerrar su editorial, y en 1962 debió volver a trabajar para Abril, donde publicó, con dibujos del maestro Alberto Breccia, la extraordinaria Mort Cinder, la historia del anticuario londinense Ezra, que mantiene un extraño vínculo con un viajero en el tiempo, protagonista de los grandes hechos de la historia.

El compromiso de Héctor fue acompañando aquellos años de cambio. En plena dictadura de Onganía, produjo historietas biográficas sobre Evita y el Che y lanzó, en el año del Cordobazo, una nueva versión de El Eternauta.

Militó en el peronismo y se sumó a Montoneros, participando en el proyecto editorial del diario de la organización, Noticias.

En plena dictadura, pudo terminar el guion de El Eternauta II. Poco tiempo después, fue secuestrado por un grupo de tareas en La Plata. Ya había sufrido el desgarrador secuestro de sus cuatro hijas, Diana, Beatriz, Estela y Marina. Se sabe que pasó por varios centros clandestinos de detención, entre ellos El Vesubio. Su obra sigue cada día más viva y nuevas generaciones se asoman a su magia. Vaya este número de Caras y Caretas en homenaje a uno de los grandes de la cultura argentina.

Escrito por
Felipe Pigna
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