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Caras y Caretas

           

Empiezo por el final

La figura del Indio Solari excede por mucho el ámbito del rock. Transmitió de una manera dolorosamente lúcida su concepción del mundo con sus contradictorios blancos y negros. A fuerza de pogos, “los más grandes del mundo”, logró que abuelos, hijos y nietos de forma inequívoca se pararan muy juntos, desafiando a los poderosos. Y con una sensibilidad artística que tiene pocas comparaciones se transformó en ese líder misterioso que condujo a una masa multiforme en la búsqueda constante de libertad individual y colectiva. Será por siempre un referente cultural. A lo largo de décadas atravesó generaciones despertando debates, muchas interpretaciones y adhesiones apasionadas. Poco le importaron la fama y la exposición en los medios. Sus canciones son herramientas que ayudan a pensar la realidad y cuestionar casi todas las certezas, impulsando a mirar desde un lugar más sabio las batallas de los que pelean todos los días por la dignidad del sustento.

Sus comienzos vienen unidos a la historia del Suterh y de Grupo Octubre. Nuestro Centro de Formación Profesional N° 28 Ministro José María Freire, del que estamos muy orgullosos, está ubicado en Venezuela 336. Y fue en el sótano de ese espacio que el 30 de diciembre de 1978 se presentó el Indio. El lugar era el Teatro de la Cortada y más tarde, en 1980, ese famoso subsuelo se transformó en el Parakultural. Allí se presentó decenas de veces el Indio Solari con su banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Y fue este Parakultural uno de los espacios clave del circuito under porteño, donde la banda consolidó su mística. En el Parakultural de Venezuela, el Indio daría su primera nota para televisión, donde sostuvo: “Yo he estado mucho tiempo en el tipo de actividades que hago con mi grupo de rock que se considera ‘subterráneo’ cuando en realidad se trata de una producción independiente… He estado mucho tiempo en lugares como este, en sótanos, y acá uno se da cuenta por qué es útil proteger el estado de ánimo de la gente…. Yo le diría a la señora que puede estar viendo esto que cuide su estado de ánimo porque las ratas se ríen de nosotros. La vida para mí no es una cosa que se debe proteger entre algodones…. El algodón está haciendo daño a esa vida…. Parte del vivir es el riesgo de vivir. La vida es decidir estar vivo, es decidir no estar tan solo como que la muerte aparezca como una pulsión de mayor importancia”.

En su nota sobre la obra lírica del Indio, incluida en esta edición de Caras y Caretas, el periodista y escritor Juan Carrá sostiene: “Sin duda que una zona de la poética ricotera es abrir la puerta, dar lugar a lo marginado, el delito como hecho social, el delincuente como uno más en una sociedad que se descompone, el poder como máquina de generar sentidos que nos apartan de la realidad efectiva para dejarnos obnubilados por el consumo y las poses”.

Desde el misterio personal y con sus canciones cargadas de mensajes supo comunicarse con esa masa multietaria que lo siguió al recóndito lugar que propusiera. Por más remoto que fuese. Con lluvia y barro o con un sol que partiera las cabezas. Un caso único. Eterno. Como las lágrimas de todos esos seguidores que saben que “la misa ricotera” no se puede explicar con palabras. Es una forma de vida que te puede gustar o no. Lo que sí es seguro es que, al igual que al Indio, no te importa.

Escrito por
Víctor Santa María
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