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“EL ETERNAUTA ES LA PRIMERA Y MÁS EXTRAORDINARIA HISTORIETA POLÍTICA”

Enrique Breccia es una figura de enorme prestigio en el universo del arte gráfico global. Trabajó codo a codo con Oesterheld y es el responsable de El Sueñero, una creación emblemática signada por la épica peronista.

El apellido Breccia se escribe con mayúsculas en el universo del arte gráfico local y mundial. Padre e hijo, Alberto y Enrique, fueron dibujantes de guiones de Oesterheld en varias ocasiones: para ilustrar la vida del Che Guevara a tres meses de su asesinato en La Higuera, para el proyecto Borman lo vio así y para la nueva versión de El Eternauta en 1969. El “hijo” también participó sotto voce en la emblemática Mort Cinder.

Pero, además, Enrique Breccia es el responsable de obras icónicas del cómic político argentino. Su obra incluye clásicos como El cazador del tiempo y la novela gráfica Lovecraft para DC Comics, pero con El Sueñero (1985) alcanzó la utopía impensada: despertar la épica nacional y popular peronista después del decepcionante fracaso electoral del 83. Y eso en plena primavera alfonsinista y desde la revista Fierro, un medio paradigmático del radicalismo gobernante.

–¿Cómo se organizaron y cómo fue la experiencia de trabajar de forma conjunta con tu papá y con Oesterheld como guionista en Vida del Che?

–Héctor hizo dos guiones por separado, uno para mi viejo y otro para mí. La parte adjudicada a mi viejo describía el nacimiento, la niñez, Sierra Maestra, etcétera. Mi parte abarcaba desde la entrada del Che en territorio boliviano hasta su muerte, es decir todo lo contenido en El diario del Che en Bolivia, texto de por sí muy rico para ilustrar. Fue muy cómodo trabajar con Héctor. Lo que facilitó el trabajo fue que en la parte que me correspondía, Héctor no puso ningún tipo de referencias ni explicaciones. Eso hizo el trabajo muy cómodo.

–¿Hablaron alguna vez con Oesterheld de su parecer sobre tus ilustraciones?

–En general le gustó mi trabajo. Sin embargo, a Héctor no le gustaba cómo dibujé a los campesinos bolivianos. Decía que los había embrutecido. Me lo dijo muy enojado. Yo me lo tomé a broma, pero él estaba enojado.

–¿Fueron perseguidos por la autodenominada Revolución Argentina por la historieta del Che?

–No fuimos perseguidos ni Oesterheld, ni mi viejo, ni yo por esa obra. Se cuentan muchas cosas que no son ciertas. Tampoco es verdad que mi viejo enterrara ejemplares en el fondo de la casa. Son pavadas. Eso no tendría ningún sentido porque la obra ya estaba publicada. Lo único cierto es que los servicios de inteligencia de los militares quemaron los originales.

–¿El tiempo más prolongado que compartiste con Oesterheld fue a propósito de Borman lo vio así por la premura en los tiempos de la entrega?

–Sí, fueron cuatro días de semiconvivencia: jueves, viernes, sábado y domingo, en los cuáles fui al estudio de mi viejo. En realidad, nos encontrábamos solamente para cenar porque salteábamos el almuerzo. Héctor escribía en la cocina que quedaba en la planta baja, y mi viejo y yo, en el estudio que estaba en el primer piso, y cada tanto Héctor subía la escalera y nos iba dando pedacitos del guion. Se fue haciendo así, de a cachitos. Héctor era un hombre que hablaba realmente poco. Yo lo recuerdo con mucho afecto.

–¿Discutían sobre peronismo y política?

–Sí sí. Él estaba en la fase en que lo atraía Montoneros. Yo estaba en otro espacio, casi opuesto. Teníamos algunas diferencias, pero menores en realidad.

–¿Qué cambios se introdujeron en la versión del 69 de El Eternauta y qué opinás del resultado?

–Mi viejo quería hacer una historieta experimental desde el punto de vista gráfico, y yo me dedicaba a experimentar con alquitrán, que sacaba de la junta de la calle, tinta, Plasticola, entre otros materiales. Eso se aplicó a El Eternauta. Yo estaba convencido de que era un error, de que la parte experimental gráfica distraía al lector. Y creo que fue así. Porque aun con un dibujo más básico, desde el punto de vista gráfico, El Eternauta original versión Solano López es superior al que se hizo para la revista Gente.

–¿Qué factores explican la perdurabilidad de El Eternauta en el campo artístico y político?

El Eternauta es la primera y más extraordinaria historieta política y, sin duda, la obra cumbre del género. Héctor tuvo el talento de transformar la invasión extraterrestre de la primera etapa (1957) –con todos los ingredientes de la mejor ciencia ficción– en una invasión imperialista, localizando la trama en una Buenos Aires perfectamente reconocible, lo que agrega a la historia una verosimilitud estremecedora. El viajero del tiempo que llega al presente para contar al autor sus vivencias es un hallazgo genial, y la definitiva vuelta de tuerca que logra sumar a la aparición de sitios familiares el realismo cotidiano de una tragedia que no es posible eludir y que nos involucra a todos. La perdurabilidad de El Eternauta se debe a que la esencia ideológica de su historia es una llamada universal de advertencia y lucha contra cualquier amenaza invasora externa, que trasciende a las circunstancias, la geografía y el tiempo.

El Eternauta y El Sueñero son las dos grandes historietas políticas argentinas. ¿Qué semejanzas y diferencias encontrás entre ambas?

–La audacia de comparar ambas obras es tuya. Aclarado esto y salvando las debidas distancias, las semejanzas entre ambas son la invasión imperial al suelo patrio. El Eternauta con la ciudad como escenario y El Sueñero en un ámbito rural. La mía incorpora el humor, la ausencia de muerte física –porque la posibilidad de muerte espiritual está presente– y la referencia concreta al peronismo, su historia, doctrina, tradiciones y protagonistas, todo indisolublemente enlazado con la historia nacional para marcar con claridad nuestras raíces y la continuidad identitaria argentina: “El General”, custodio de las tradiciones y leyendas populares, antes era llamado “el Restaurador”. En El Sueñero, la penetración foránea es sobre todo cultural, y la lucha se libra en ese terreno (el rancho con el cartel de “Pampernik”, la sustitución de las formas de cultura nativa por otras extrañas, etcétera). Ambas historias tienen finales abiertos, ya que luego de la muerte del general Perón, la claudicación de las sucesivas dirigencias políticas incapaces de encarar la definitiva liberación nacional mantiene a la patria aún hoy en condición de semicolonia.

–¿Qué opinás de las reapropiaciones políticas de El Eternauta?

–Me parece ridícula la imagen de Kirchner caracterizado como el Eternauta. Cambiar la cara de Salvo por la de Kirchner no me parece una buena idea. Pero es cuestión de la militancia política que tomó esa decisión.

–¿Recordás cuando te enteraste de la desaparición de Héctor?

–(Breve silencio) Yo estaba en San Luis. Me llamó un compañero por teléfono y me lo dijo (se encoje tristemente de hombros). Eso fue en el 77, creo.

–¿Qué es lo que más destacás de la personalidad de Oesterheld?

–Rescato de Héctor su compromiso político. Rescato que se jugó la vida y la de su familia por sus ideas. Lo pagaron él y sus cuatro hijas. Eso lo valoro enormemente. Yo he leído muchas veces una afirmación que a mi entender está equivocada: que Héctor fue “chupado” por ser guionista de historietas, por haber guionado El Eternauta. Decir eso rebaja el sentido de su sacrificio. Los militares no eran idiotas. Eran de todo menos idiotas. No se dedicaban a secuestrar guionistas de historietas. Héctor fue secuestrado y desaparecido por ser un militante montonero.

Escrito por
Adrián Melo
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