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“Trump estimuló mucho el racismo”

La cantante y compositora Isabel de Sebastián está radicada en Nueva York y es una observadora atenta del tumultuoso camino a las elecciones presidenciales y la ascendente conflictividad social en EE.UU. En esta entrevista, también reflexiona sobre “Corazonada”, su último disco.

Su voz es increíble y Corazonada, su último disco, es maravilloso. ”Fui adolescente en la dictadura militar. Fui parte de la movida del rock argentino en los ’80, cuando el cielo era el límite. Empecé con Las Bay Biscuits, la primera banda de chicas de la Argentina, cantando y componiendo mis primeras canciones”, señala Isabel de Sebastián.

De Sebastián armó la banda Metrópoli, cuyo tema más recordado es “Héroes anónimos”, el cual cuenta con una versión de Catupecu Machu. También cantó como corista estable de Virus, fue parte de la banda de Luis Alberto Spinetta durante dos años y grabó en su disco Privé, y escribió la canción “En camino” junto a Gustavo Cerati y Charly Alberti.

Luego armó una banda, Isabel y los Milagros, con la que tocó un par de veces y grabó un disco que se mezclaría en Nueva York, pero nunca fue editado. Allí conoció a Bob Telson, autor de la música de la película Bagdad Café, y se quedó a vivir en Nueva York. Tuvieron dos hijos, también músicos. En Buenos Aires grabó un disco con Telson, Trip, y otro solista que lleva su nombre, con el que ganó el Premio Gardel a Mejor Álbum Pop en 2014. La distancia le dio otra perspectiva, pero también la necesidad de explorar el tango y las músicas latinoamericanas.

Hace escasos días De Sebastián lanzó el video de “Milonga del adiós”, una canción de su autoría perteneciente a Corazonada que tiene como invitado especial a Daniel Melingo. “Es una canción de despedida, una manera de rescatar lo sagrado del amor, aún cuando ya no esté”, destaca. El video fue filmado en Lisboa por Pavel Tavares.

–¿En qué contexto compusiste las canciones de Corazonada?

–Es un disco que fue creado en un momento de crisis, cuando en la Argentina se gestaba una deuda a cien años. El mensaje que necesitaba dar era el de “corazonar” frente a tanta desesperanza. Tiene un halo melancólico, pero también una gran vitalidad. Es un disco existencial como mirar la realidad a los ojos, crudamente, asumiendo que es difícil vivir, pero aún así, debemos salir a defender ante todo la alegría. Es un disco donde el vínculo es protagonista. Si habremos aprendido la importancia de los vínculos en estos meses… Son canciones de amor profundo, sea un amor que ya no está, el que recién acabamos de encontrar, o el amor a los que viven en la tierra a la cual pertenecemos. Musicalmente, une mis dos mundos: el argentino/latino y el anglo. Suena un poco a bolero del lejano oeste. Creo que es mi mejor disco. Lo hice junto con David Bensimon y Mauro Cambarieri, mi familia musical y grandes artistas.

–¿Cómo surgió la idea de convocar a Daniel Melingo para “Milonga del Adiós”?

–”Milonga del Adiós” es un tema que necesité escribir para despedirme de un largo amor. Llamé a Dani Melingo porque me pareció que su voz iba a ir muy bien con el aire dulce y melancólico de esta canción, que en realidad más que milonga es un bolero del lejano oeste. Dani siempre me llama para cantar, es un referente fundamental de mi generación, es alguien que, también habiendo venido del rock, habita distintos géneros musicales. Es una fuente de inspiración como artista. El video fue creado en Lisboa, una ciudad que me resulta deliciosamente mágica, simplemente saliendo a la calle con Pavel Tavares, un amigo de mi hijo, a ver qué salía, y prácticamente sin presupuesto.

–En 2016 el grito de Ni una menos cambió a la sociedad argentina. ¿Cómo fue tu experiencia como mujer en el rock de los ’80?

–Vengo del rock, que tuvo cosas muy interesantes desde su irreverencia y su libertad, pero también aspectos oscuros, como el endiosamiento de sus grandes figuras. En la segunda mitad del siglo XX los cantantes de rock o directores de cine famosos literalmente podían permitirse cualquier cosa. Este siglo corrige algunos de estos excesos. No fue fácil en los ’80 ser una mujer liderando una banda de rock, pero lo sufrí casi sin darme cuenta. Uno naturaliza todo. Las mujeres hemos recorrido un largo camino en los últimos años. Aún viviendo lejos, fui iniciadora junto a Celsa Mel Gowland de la Ley de Cupo Femenino, una ley antipática desde el punto de vista de la libertad para programar, pero absolutamente necesaria para poner sobre la mesa la realidad: el hecho de que las mujeres eran invisibles, más allá de su capacidad de convocatoria. Hoy en día, y gracias a este debate que se dio, los programadores registran a las mujeres mucho más que antes, a tal punto que raramente hay que convocar a esta ley. 

–¿Cómo se vive la pandemia en Estados Unidos?

–Vivo en Estados Unidos, aunque viajo seguido a mi país y de alguna manera, siempre estoy. Le escribo y le canto a los argentinos. Viví meses de pandemia en Brooklyn, de marzo a septiembre, y los dos primeros meses fueron una experiencia muy difícil. Ahora estoy en la Argentina. En nuestro país no se ha vivido el nerviosismo de tener varios cientos de muertos en camiones refrigeradores a unas cuadras de tu casa, o de no saber si habrá lugar o no para vos o un familiar en un hospital. Las cifras allí eran siderales y vertiginosas. El haberlo vivido me hace darme cuenta que en la Argentina las políticas de restricción evitaron un desastre. Permitieron que estuviéramos más preparados para un momento como el actual, cuando es inevitable abrir la economía, pero se sabe un poco más sobre cómo tratar al paciente y cómo cuidarse. Si la primera potencia mundial no estaba preparada, no puedo imaginar lo que se podría haber vivido en el país. Con el diario del lunes podremos juzgar las políticas y los comportamientos de las diferentes naciones. Es imposible compararlas, y todavía no sabemos qué pasará en los meses que vienen. Sigo muy de cerca el tema de la pandemia en Estados Unidos. Los contagios y la mortalidad están subiendo día a día, y se espera un invierno muy difícil. Se suma la guerra cultural sobre algo tan evidente y sencillo como el uso de un barbijo. Trump se equivocó en varias cosas durante la pandemia, pero quizás la más miserable y estúpida sea minimizar el uso del barbijo. En este momento la tensión electoral es la más grande que se haya vivido en el país, así que las noticias de un rebrote, que Trump niega hasta el día de hoy, sólo empeoran el humor social y, probablemente, le resten votos al presidente

–¿Qué impacto tienen los disturbios sociales por la situación de violencia racial en Estados Unidos?

–Hoy el problema racial domina la agenda, que ha tomado tal nivel de polarización que será muy difícil de manejar tanto para Trump como para Biden. Que el tema esté candente son buenas noticias, pero la contrapartida es que hay varias milicias de ultra-derecha armadas, y comienzan a armarse otros que les temen pero no piensan dejarse avasallar. En estas últimas semanas se han batido récords de venta de armas, a gente de todas las ideologías. Trump ha jugado la carta racial hasta el paroxismo, enervando a unos y otros con su retórica divisiva. Esto, junto a los ánimos pandémicos, es un cóctel letal. Trump no creó el racismo, claro, pero lo estimuló mucho, y consecuentemente ha generado también una reacción ante éste. Cómo se resuelve esto, es el gran enigma de los próximos años.

–¿Cómo ves las elecciones presidenciales de este martes en Estados Unidos?

–Es una situación compleja. Con una nueva jueza de la Corte Suprema nombrada a siete días de las elecciones, con miras a favorecer a Trump en el caso que se deba dirimir nuevamente sobre un resultado electoral (ya sucedió con Bush-Gore), la posibilidad de disturbios es muy alta. No sabemos qué trampas planea Trump para los dos meses que, según todo indica, serán de transición. Las chances de Trump de ganar son mínimas, pero no podemos subestimar su impunidad y su colosal ego. Las mujeres y los jóvenes son los que echarán a Trump del poder, y también la enorme fatiga que ha producido en la mayoría de la población su estilo descabelladamente hostil. Siento que el país está preparado para tiempos más aburridos, y Biden parece asegurarlos. Por ahora, todo es nerviosismo. 

–¿Cómo vive un artista estos momentos?

–Creo que es un momento en el que los artistas tenemos mucho para decir con nuestras obras, es un momento fecundo. A mí me gusta pensar, y escribir crónicas, pero siento que mi disco, por ejemplo, tiene más para expresar sobre lo que estamos viviendo, pero con poesía y música, formas que pueden llegar de otra manera, a través de los sentidos. Creo que las políticas deben fomentar la llegada de los artistas al público, ya que las vías están saturadas de noticias y “productos”, y ni hablar de la crisis de los que viven de los escenarios. Creo también que es tiempo de darse cuenta que postear pensamientos está bien pero que hay que hacer algo concreto por los que más necesitan. Es un gran momento para dar lo que cada uno pueda dar. Hay que exigir políticas eficientes, claro, pero no podemos esperar soluciones mágicas o instantáneas en un país que sufrió un naufragio y, al poco tiempo, una plaga de semejante magnitud. Cuánta más responsabilidad podamos tener, más rápido saldremos adelante.

Escrito por
Daniela Lozano
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