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LA RADIO PÚBLICA, DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES

Los medios del Estado suelen tener, paradójicamente, “mala prensa”. Sin embargo, son fundamentales a la hora de construir ciudadanía y de ir adonde no llega el negocio comercial.

¿Dónde se escuchará el pedido de una familia de puesteros aislada por la nieve? ¿Dónde médicos y científicos explicarán –sin ser empujados por el reloj– cómo actuar ante la fiebre y la tos? ¿En qué micrófono se explicará una y otra vez la gestión de un subsidio, un impuesto o el pago previsional? La respuesta es en la radio pública. En un escenario de rezagos de la destrucción de lo público y de la vulneración de derechos, la radio argentina cumple cien años. No es fácil el rol que le toca a nuestra querida radiodifusión en tiempos acelerados, de pandemia y de mentiras repetidas cual letanía destinada a los dioses. El aporte de la radio, significativo en la construcción del sentido, mediante su lenguaje específico –más allá de los aspectos instrumental y técnico–, está conformado por elecciones inteligentes, responsables y creativas.

Al calor de debates académicos, políticos y sociales más la tecnología, surgió una multiplicidad de emisoras, de baja y media potencia, locales, sin correlatos físicos, formatos que se independizan de grillas y acompañan una vida de movimiento continuo, de multipantallas, de aplicaciones y de plataformas desde las que es posible crear programaciones propias, disponibles para el mundo entero, sólo impulsadas por el deseo y la disposición de quien se disponga a tomar la palabra.

Las desigualdades sociales quedaron expuestas su crudeza y extensión por la pandemia. Lo mismo ocurrió con los discursos y las ofertas de la radio. La radio pública, en todos sus estamentos –nacional, provincial, municipal, incluso la de gestión universitaria–, está en las mejores condiciones para satisfacer demandas antiguas y nuevas. Estas emisoras cuya rentabilidad se ubica en el ámbito de lo social –y por eso son tan cuestionadas– se caracterizan por la calidad de su servicio. Con una relación estrecha e imbricada en las necesidades y pulsiones de la comunidad donde se mueve, es su caja de resonancia, su micrófono y su pantalla que la muestra, interpela y busca respuestas. Esta radio se emociona con los que sufren, llora con ellos y baila con sus fiestas. Abraza y es abrazada.

PLURALISMO

La radio pública es información y también relatos de la vida cotidiana, es arte y ciencia, técnica y memoria. Es debate y consenso. Si coincidimos que entre sus propósitos está el de informar con rigurosidad, no obtura su periodismo en agendas y voces oficialistas u opositoras, blanco o negro. Esta radio apela a un arcoíris audaz, que se anima a negar preceptos vacuos como “las dos campanas”. Este periodismo, en la radio pública, convoca a la mayor variedad de voces de la diversidad cotidiana económica, política y cultural. Todes son las voces de la radio pública.

Además tiene la posibilidad de construir a partir de un diálogo ciudadano una agenda diferente a la que circula en el ecosistema mediático. Sus producciones sostienen un conjunto de valores que refieren a la construcción de ciudadanía y la defensa irrestricta de la democracia y de los derechos humanos. Considera y ejerce la comunicación como un derecho humano básico.

Dio muestras de su aporte en la innovación estética y tecnológica. Por eso, puede recuperar la experimentación con el sonido y fomentar la creación de nuevos relatos y formatos novedosos. Puede lograrlo ya que posee recursos humanos de alto nivel profesional. La radio, y sobre todo la de gestión pública, está en condiciones de continuar el desafío de aportar innovaciones que indaguen en la comunicación del futuro con base en el sonido.

A pesar de las sentencias acerca de su desaparición por el surgimiento de nuevos medios y tecnologías, la radio comparte el tiempo de les usuaries con otras opciones. La rapidez, la instantaneidad, en complementariedad con las redes sociales y las mensajerías espontáneas, son atributos que los distintos públicos reconocen. Se acude a la radio, como a las redes, buscando respuesta a interrogantes concretos y también para disfrutar la compañía de una voz, de un artista, de una narración; para reírse y emocionarse.

La radio se encuentra respondiendo a otro desafío: el de habitar un nuevo espacio, digital, ya no como extensión de su existencia analógica.

¿Podrá la radio crear contenidos que dialoguen en forma sincera y bella con las distintas plataformas formas digitales? Lo hizo en otras oportunidades desde la radio pública con relatos, experiencias y posibilidades lúdicas que en la actualidad son ideales para cada espacio digital. Justamente por su enfoque de tipo social, tendiente a desarrollar ciudadanía, es que la radio pública puede estimular la puesta en común de producciones respetuosas de cada lenguaje específico de comunicación. Además, articular su existencia local inmersa en un capitalismo global y una cultura mundializada.

La radio pública permite resignificar el presente a partir de visitar el pasado en clave de memoria. Intuir en sonidos el futuro construyendo una memoria colectiva desde la voz, los efectos sonoros y el silencio. Reafirmar en forma dinámica pilares de identidad, de diversidad, de respeto. En los últimos años, la radio pública y los medios públicos en general son objeto de campañas de desprestigio, de cercenamiento de los derechos de sus trabajadores y de menosprecio de sus contenidos. El antídoto, si es que puede pensarse en un instrumento de ese tipo, es el de mantenerse en todo momento y circunstancia apegada a la comunidad. Es sólo allí donde su mensaje se completa, adquiere una lectura nueva que sostendrá a la radio en el rol perfecto de ser un bien social, ciudadano y democrático.

Me refiero a una radio cuya razón de ser es su identificación plena y profunda con quienes la nutren, la interpelan, la engrandecen y la defienden.

Escrito por
Susana Pelayes
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